John Dalton nació el 6 de septiembre de 1766 y cambió para siempre la manera de comprender la materia. Sus estudios sobre los gases y los átomos dieron forma a una teoría que, aunque después fue corregida y ampliada, se convirtió en uno de los pilares sobre los que se construyó la química moderna.

Hace 260 años, en Eaglesfield, cerca de Cockermouth, en Cumberland, Inglaterra, nació John Dalton. Procedente de una modesta familia cuáquera y con una formación académica limitada, desarrolló desde muy joven una extraordinaria curiosidad científica. La Royal Society registra que comenzó a enseñar cuando apenas tenía 12 años y que mantuvo durante 57 años un diario de observaciones meteorológicas. Aquella disciplina para mirar, registrar y comparar fenómenos terminaría siendo fundamental en su carrera.

Dalton no fue únicamente químico. También trabajó en física y meteorología, campos que durante el siglo XVIII y comienzos del XIX todavía estaban estrechamente relacionados. Sus investigaciones sobre la atmósfera, la absorción del vapor de agua y el comportamiento de los gases lo llevaron hacia una pregunta mucho más profunda: ¿de qué está hecha realmente la materia?

Su respuesta comenzó a tomar forma a principios del siglo XIX. En 1803 presentó su teoría atómica y posteriormente la desarrolló en su obra publicada en 1808. Dalton propuso que la materia estaba formada por átomos, unidades que consideraba indivisibles e indestructibles, y que los átomos de cada elemento poseían características y masas determinadas. También sostuvo que los compuestos se formaban mediante combinaciones de esos átomos en proporciones definidas.

La idea no apareció en un vacío intelectual. La noción de átomo tenía antecedentes en la filosofía antigua, pero Dalton consiguió convertirla en una explicación vinculada con resultados cuantitativos de la química. Como señala la Royal Society, sus investigaciones ayudaron a establecer los fundamentos de la química moderna. En particular, su trabajo sobre las proporciones en que los elementos se combinan permitió avanzar hacia una explicación coherente de la composición de las sustancias.

Uno de sus aportes más importantes fue la llamada ley de las proporciones múltiples. Cuando dos elementos pueden formar más de un compuesto, las cantidades de uno que se combinan con una cantidad fija del otro guardan relaciones sencillas entre sí. Dicho de una manera cotidiana, era como descubrir que los mismos bloques de construcción podían reunirse siguiendo diferentes patrones, pero no de cualquier manera. Había reglas detrás de aquella aparente diversidad.

Dalton, sin embargo, también se equivocó. Y precisamente ahí reside una de las lecciones más valiosas de su historia. Sus conocimientos de la época no le permitieron determinar correctamente todas las proporciones atómicas. Por ejemplo, consideró que el agua estaba formada por un átomo de hidrógeno y uno de oxígeno, cuando hoy sabemos que su fórmula es H₂O. Chemistry World explica que estos problemas fueron posteriormente aclarados mediante los trabajos de científicos como Amedeo Avogadro y Stanislao Cannizzaro.

La teoría de Dalton no quedó invalidada por esas equivocaciones. Al contrario, fue refinada. Con el tiempo, los científicos descubrieron que los átomos podían dividirse en partículas subatómicas y que los elementos tenían estructuras mucho más complejas de lo que Dalton imaginó. Aun así, la idea esencial de que los elementos están constituidos por átomos y que las sustancias resultan de sus combinaciones permanece integrada en la química actual.

Su legado científico tuvo otra vertiente sorprendente. Dalton padecía una alteración de la percepción de los colores y decidió estudiarla en sí mismo. En 1794 presentó ante la Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester la primera descripción registrada de la condición que posteriormente sería conocida como daltonismo. La Royal Society señala que, tras su muerte, se examinó su tejido ocular y que un análisis de ADN realizado en 1995 permitió determinar que padecía una forma de daltonismo rojo-verde conocida como deuteranopía.

Hay algo particularmente revelador en ese episodio. Dalton no trató su propia experiencia como una simple rareza personal. La convirtió en una pregunta científica. Observó una diferencia, buscó una explicación y trató de someterla al análisis. Esa misma actitud aparece en sus estudios de los gases y en el desarrollo de su teoría atómica: observar primero, buscar patrones después y construir una explicación que pueda ser puesta a prueba.

La Royal Society reconoció sus contribuciones en 1826, cuando recibió la Royal Medal, uno de los principales reconocimientos científicos británicos. Dalton murió en Manchester el 27 de julio de 1844, pero su nombre permaneció ligado a una transformación decisiva. Cada fórmula química escrita hoy, cada reacción estudiada y cada explicación sobre cómo se combinan los elementos conserva, de alguna manera, la huella de aquel maestro de origen humilde que decidió mirar la materia con otros ojos.