La calidad del empleo en América Latina alcanza un récord, pero persiste la informalidad

La calidad del empleo en América Latina y el Caribe alcanzó en 2024 su nivel más alto desde que existen registros comparables y superó por primera vez los niveles anteriores a la pandemia. Sin embargo, el 69% de los trabajadores continúa en la informalidad y cerca de la mitad de la población en edad laboral enfrenta condiciones de pobreza asociadas al empleo, según el Índice de Mejores Trabajos 2026 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Los mercados laborales de América Latina y el Caribe registraron avances en la calidad del empleo, impulsados principalmente por la mejora de los ingresos. No obstante, los progresos siguen siendo insuficientes para garantizar que una mayor proporción de trabajadores acceda a puestos formales, salarios adecuados y protección social.

Estas conclusiones forman parte de la edición 2026 del Índice de Mejores Trabajos, elaborado por el Observatorio Laboral del BID, que analiza la evolución de los mercados laborales de 17 países de la región con información correspondiente al periodo de 2010 a 2024.

De acuerdo con el informe, el indicador regional aumentó de 54.9 puntos en 2010 a 58 puntos en 2024, en una escala de 0 a 100. El avance estuvo relacionado principalmente con la mejora del componente de ingresos, que mide si los salarios permiten a los hogares superar el umbral de pobreza.

Este indicador pasó de poco más de 40 puntos al inicio del periodo a superar los 50 puntos en 2024. En contraste, el componente relacionado con la cantidad de empleo permaneció relativamente estable y se situó en 75.4 puntos.

La informalidad limita la calidad del empleo

A pesar del máximo histórico, el componente de calidad laboral alcanzó apenas 40.6 puntos sobre 100. El BID estima que el 69% de los trabajadores de la región se encuentra en la informalidad, mientras que aproximadamente la mitad de la población en edad de trabajar continúa enfrentando pobreza laboral.

Oliver Azuara, especialista en mercados laborales del BID, señaló que la región ha conseguido avances en la generación de puestos de trabajo y en algunos indicadores de calidad, pero todavía enfrenta dificultades para transformar las condiciones laborales. El reto, explicó, consiste en lograr que los empleos permitan superar la pobreza y ofrezcan mejores condiciones de protección social.

El Índice de Mejores Trabajos combina dos dimensiones: cantidad y calidad. La primera considera la participación de la población en el mercado laboral y el acceso a la ocupación. La segunda evalúa la formalidad de los puestos y si los ingresos son suficientes para que los hogares superen la pobreza.

Una puntuación de 100 representaría un escenario en el que toda la población en edad de trabajar estuviera ocupada en empleos formales con ingresos suficientes. El indicador se calcula a partir de encuestas de hogares y cuenta con una serie comparable desde 2010.

Las diferencias en la calidad laboral se amplían

El informe advierte que las diferencias entre países en cuanto a la cantidad de empleo se han reducido, pero las brechas relacionadas con la calidad laboral se han ampliado. Esto significa que crear nuevas plazas de trabajo no basta para mejorar las condiciones de vida si los puestos carecen de estabilidad, formalidad, remuneraciones adecuadas o acceso a la seguridad social.

Ante este panorama, el BID identifica cinco prioridades para elevar la calidad del empleo: reducir la informalidad, ampliar la cobertura de la protección social y las pensiones, extender las buenas prácticas laborales desarrolladas en la región, fortalecer las habilidades de los trabajadores en coordinación con el sector privado y aprovechar la inteligencia artificial para impulsar la productividad.

La institución considera que estas medidas pueden contribuir a transformar los empleos existentes y facilitar el acceso a mejores oportunidades laborales, más allá del crecimiento del número de personas ocupadas.

Los jóvenes enfrentan mayores obstáculos

Las oportunidades laborales tampoco se distribuyen de manera uniforme entre los grupos de población. En 2024, la diferencia entre jóvenes y adultos alcanzó 13.6 puntos en el indicador de calidad del empleo y 6.3 puntos en el de cantidad.

La desventaja en calidad se presentó en todos los países incluidos en el estudio. Según el BID, los jóvenes suelen incorporarse al mercado laboral mediante ocupaciones menos formales, con menores ingresos y acceso limitado a mecanismos de protección social.

Estos resultados muestran que el acceso a un empleo no garantiza condiciones laborales adecuadas, especialmente para quienes comienzan su trayectoria profesional. La transición hacia puestos formales y mejor remunerados continúa siendo uno de los desafíos de los mercados laborales de la región.

Persisten diferencias entre hombres y mujeres

El análisis también identifica desigualdades de género. Los hombres mantienen mayores niveles de participación laboral y ocupación que las mujeres, aunque el informe señala que las principales diferencias se concentran en el acceso al mercado de trabajo.

Esto indica que una parte importante de la brecha se relaciona con las posibilidades de incorporarse a una actividad remunerada, más que con las condiciones del empleo una vez que las mujeres consiguen ingresar al mercado laboral.

Los resultados del índice muestran que América Latina y el Caribe ha mejorado algunos indicadores laborales, pero todavía necesita avanzar en formalización, protección social, ingresos y acceso equitativo a las oportunidades. Para el BID, el desafío central es convertir el crecimiento del empleo en mejores condiciones de trabajo para una mayor proporción de la población.