Ubicada en el podio de TasteAtlas, su éxito contrasta con las críticas de especialistas que cuestionan su técnica y su definición

Notipress.- En apariencia, pocas recetas podrían competir con pasteles que dependen de hornos, masas precisas y técnicas desarrolladas durante generaciones. Sin embargo, la chocotorta argentina convirtió esa lógica en una paradoja después de alcanzar el segundo lugar entre los mejores pasteles de chocolate de TasteAtlas.

Su receta combina galletas de chocolate humedecidas con capas de dulce de leche y queso crema, sin necesidad de horneado. Esa sencillez explica buena parte de su popularidad doméstica, pero también alimenta una discusión que va más allá del gusto personal.

Un podio mundial para una receta sin horno

TasteAtlas colocó a la chocotorta detrás del kladdkaka sueco y por delante de la torta caprese italiana en su clasificación. También superó al pastel de chocolate fundido estadounidense y al bolo de brigadeiro brasileño, completando una lista dominada por preparaciones muy diferentes.

El contraste resulta llamativo porque la chocotorta no necesita bizcocho, cocción ni técnicas tradicionales de pastelería para adquirir su forma. Las galletas se humedecen en leche, café u otras bebidas y después se alternan con la mezcla cremosa hasta formar varias capas.

Su origen también está asociado a una historia poco solemne, vinculada con una campaña destinada a promocionar galletas de chocolate. Con el tiempo, aquella preparación sencilla pasó a ocupar cumpleaños, reuniones familiares y mesas cotidianas hasta convertirse en un clásico argentino.

Fuera de Argentina todavía es menos habitual encontrarla en restaurantes, aunque el ranking volvió a exponerla ante públicos de otros países. Ese recorrido ayuda a explicar por qué una receta doméstica puede competir, al menos en valoración popular, con postres de tradición más antigua.

Cuando el éxito no convence a los pasteleros

La discusión aparece cuando el reconocimiento de los comensales se enfrenta con criterios técnicos utilizados dentro de la pastelería profesional. Osvaldo Gross, uno de los pasteleros argentinos más reconocidos, cuestionó directamente su clasificación y sostuvo: “Llamarle torta a la Chocotorta me parecía una afrenta”.

Gross explicó que, desde su perspectiva docente, una torta debería involucrar técnicas para justificar su incorporación dentro de una formación pastelera. Para él, el armado de galletas y dulce de leche puede resultar agradable, pero no alcanza para convertir la preparación en una torta.

La influencer gastronómica Paulina Cocina también cuestionó el lugar simbólico alcanzado por este postre dentro de la gastronomía argentina. Durante una entrevista afirmó que le “da vergüenza” que sea considerada un emblema, pero reconoció la enorme popularidad que conserva.

Otras voces, en cambio, defienden precisamente lo que los críticos señalan como una debilidad: su sencillez, accesibilidad y facilidad de preparación. La controversia termina desplazando la pregunta desde el sabor hacia una definición más amplia sobre qué elementos convierten realmente una preparación en torta.

Mientras especialistas discuten técnica, cocción y tradición, los comensales ya colocaron a la chocotorta entre sus favoritas dentro del ranking. Esa contradicción explica parte de su atractivo: una receta creada sin grandes procedimientos terminó obligando a discutir qué pesa más, la técnica o la aceptación popular.