Este 20 de septiembre, el World Gynecologic Oncology Day pone el foco en cinco tipos de cáncer ginecológico y recuerda una diferencia fundamental: mientras el cáncer cervicouterino dispone de estrategias de prevención y tamizaje eficaces, para ovario y endometrio la vigilancia depende en buena medida de reconocer síntomas y factores de riesgo.

El cáncer ginecológico no es una sola enfermedad. Bajo este término se agrupan tumores que afectan el cuello uterino, ovarios, endometrio, vulva y vagina, cada uno con factores de riesgo, síntomas y posibilidades de detección diferentes. El World Gynecologic Oncology Day, que se conmemora cada 20 de septiembre desde 2019, busca precisamente aumentar el conocimiento sobre estas enfermedades y reducir el silencio que todavía rodea a muchos de sus síntomas.

La fecha está verificada por la organización World GO Day y por publicaciones científicas que documentan el origen de esta campaña internacional. En 2026 se celebra su octava edición. El movimiento fue impulsado por la European Society of Gynaecological Oncology y la European Network of Gynaecological Cancer Advocacy Groups, con una agenda que incluye los cánceres de ovario, útero o endometrio, cuello uterino, vulva y vagina.

Entre ellos, el cáncer cervicouterino tiene una característica particularmente importante: puede prevenirse en buena medida. La Organización Mundial de la Salud señala que la infección persistente por determinados tipos de virus del papiloma humano de alto riesgo es la causa principal de este cáncer y que la vacunación, el tamizaje y el tratamiento de las lesiones precancerosas forman parte de las herramientas para avanzar hacia su eliminación como problema de salud pública.

La tecnología de detección también ha cambiado. La OMS considera actualmente que las pruebas de ADN del VPH son el método primario preferido para el tamizaje del cáncer cervicouterino dentro de los programas de prevención. Las pruebas moleculares pueden realizarse mediante técnicas de amplificación de ácidos nucleicos, incluida la PCR, y algunas estrategias permiten identificar específicamente genotipos como VPH 16 y 18, además de otros grupos de alto riesgo.

En México, la Secretaría de Salud mantiene algoritmos diferenciados por edad. La información oficial actualizada señala que entre los 25 y 34 años se utiliza la citología cervical y que, entre los 35 y 64 años, se emplea la detección molecular del VPH mediante PCR en tiempo real, acompañada de citología en base líquida refleja. La misma dependencia informó que durante 2024 realizó más de 700 mil pruebas de detección de VPH en las 32 entidades federativas dentro de su programa dirigido a población sin derechohabiencia del IMSS o ISSSTE.

Eso no significa que el Papanicolaou haya perdido utilidad. La citología continúa siendo una herramienta para identificar alteraciones celulares y puede formar parte del seguimiento de mujeres con determinados resultados de VPH. Lo importante es comprender que no son pruebas intercambiables en todos los escenarios y que el esquema apropiado depende de la edad, los antecedentes y las recomendaciones del sistema de salud.

La situación cambia radicalmente cuando se habla de cáncer de ovario. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos advierte que actualmente no existe una prueba de detección rutinaria que haya demostrado reducir la mortalidad por esta enfermedad en mujeres de riesgo promedio. La ecografía transvaginal y el marcador CA-125 han sido estudiados, pero su utilización como tamizaje puede producir resultados falsos positivos o negativos y no ha demostrado el beneficio esperado en supervivencia.

Por eso adquieren importancia síntomas que pueden parecer cotidianos. El cáncer de ovario puede manifestarse con inflamación o aumento persistente del abdomen, molestias o presión pélvica, dificultad para comer o sensación de llenarse rápidamente y cambios urinarios o intestinales. Ninguno de estos signos significa por sí mismo que exista cáncer, pero su persistencia merece valoración médica.

El cáncer de endometrio presenta otra particularidad. A diferencia del ovario, suele producir síntomas relativamente temprano y con frecuencia se detecta en etapas iniciales. El Instituto Nacional del Cáncer señala que el sangrado vaginal anormal, especialmente después de la menopausia, es una manifestación importante. Tampoco existe una prueba de tamizaje rutinaria para mujeres asintomáticas de riesgo promedio.

La prevención, entonces, no consiste en hacerse indiscriminadamente todos los estudios disponibles. Consiste en utilizar la prueba adecuada para cada enfermedad y situación clínica. También implica vacunarse contra el VPH cuando corresponda, acudir al tamizaje cervical indicado y no normalizar sangrados, dolores o cambios persistentes que antes no estaban presentes.

La verdadera fuerza de una conmemoración como el World GO Day está justamente ahí. No se trata de sembrar miedo, sino de reducir la distancia entre una señal de alarma y una consulta médica. En oncología, ese tiempo puede ser decisivo. Y cuando una enfermedad sí puede prevenirse o detectarse antes de avanzar, ignorar las herramientas disponibles deja de ser una simple cuestión de desconocimiento: puede convertirse en una oportunidad perdida.