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La política no debe ser para improvisados…

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La política no debe ser para improvisados.

Lamentablemente se confunden los términos “nuevo cuadro” con el “improvisado”.

Un cuadro político es el resultado de una preparación política integral. El improvisado se caracteriza por no tener ni idea de qué se trata el quehacer político.

El improvisado carece de convicciones y presume de falsos ideales. 

Es lamentable que la mayoría de los partidos políticos hayan dejado de formar cuadros.

Por esa razón, el chapulineo de políticos ha sido un fenómeno ofensivo a rabiar. En cualquier partido, que llegue un improvisado y se monte en la fama de la marca no causa nada de gracia.

Y los que pierden son los ciudadanos.

Se puede ser “desconocido” pero no improvisado. Porque la fama pública no es lo mismo que el prestigio.

Cuando un político luce su prestigio, causa admiración al hablar, al exponer sus ideas, sus proyectos y su visión de Estado.

Un improvisado “cantinflea”, ríe como tonto, y termina su mensaje comunmente, con la frase más ordinaria del mundo “juntos vamos a salir adelante”.

México y Yucatán necesita de políticos que sean profesionales en su labor, hombres y mujeres cuya trayectoria de vida pública sea honesta, que no mientan, no roben y no traicionen. Que sepan cautivar, emocionar, no por sus gritos, sino por la profundidad de sus ideas.

Se necesitan políticos que seduzcan por la fuerza de sus convicciones, por la firmeza de su dignidad y por la solidez de sus conocimientos sobre los problemas que aquejan a la población.

Porque un político que no sabe resolver problemas carece de liderazgo y sirve para nada. De esos, hemos tenido muchos.

Me viene a la mente un político muy limitado. Un verdadero improvisado, un verdadero inútil para la causa ciudadana.

La fama no da votos, la fama solo crea falsas expectativas. Porque un improvisado no tiene paciencia, no tiene humildad, no tiene empatía, es egoísta, es narcisista, mitómano y a veces hasta misógino.

Está lleno de complejos que le significan una limitante tan aguda y grave, que vive para reaccionar a lo que los demás piensan de él y de su aspecto. No trabaja para el pueblo, sino para su lucimiento personal.

El improvisado no ejerce liderazgo alguno. Porque su inexperiencia lo nulifica. Ante la crisis se ahoga, se desespera, se angustia y se sumerge en la impotencia de no saber qué decir, cómo decirlo, qué argumentar.

La política es un arte, que se domina con el paso del tiempo. Aprendiendo a leer entre líneas, a contener los impulsos, a sonreír cuando todo va mal, a respetar las reglas, a respetar los derechos de los demás, a construir ambientes de éxito basados en la alegría de convivir, escuchar y tomar en cuenta la opinión de los demás. El político profesional hace acuerdos y los cumple a carta cabal. El político profesional predica con el ejemplo y luce su congruencia mañana, tarde y noche. El político profesional tiene oficio, ese que le ayuda a enfriarse cuando “caliente” está y debe tomar una decisión trascendental.

El político debe ser profesional en todo lo que hace, porque todos los días, a toda hora, debe estar tomando decisiones. Y tomar buenas decisiones, requiere de temple, de sabiduría, de conocimiento. Por eso, primero debe analizar, asumiendo que debe empezar desde el escenario catastrófico hasta llegar al óptimo. Nunca se canta victoria antes de luchar.

Analiza, reflexiona y decide, en ese orden. El político profesional pregunta, escudriña, investiga, invierte en su preparación.

No debe asumir que lo sabe todo, que lo entiende todo y que lo controla todo, porque todo en política es incierto, nada en política es “seguro”.

Un improvisado no es apto para gobernar nada, ni siquiera para ser jefe de grupo de su salón de clase.

El país y en especial Yucatán, necesita ser gobernado por gente con ética, profesional y congruencia en su trayectoria de vida pública. Un improvisado no valora lo que tiene porque nada le costó. Su visión nada tiene que ver con el servicio al pueblo, su compromiso no es con la gente, sino con sus intereses y su ego personal. Cuando un político aparece en escena, cambia toda la perspectiva; lo que haga, lo marcará para toda su vida pública.

Alguien que brinca de un lado para otro sin respetar los derechos de los demás, no es merecedor de respeto alguno. Es alguien que no merece la confianza de los ciudadanos.

En estas elecciones, cuidemos de no votar por improvisados. Si somos inteligentes y nos preciamos de conocer un poco de política, no permitamos que se burlen de nosotros: el pueblo bueno y sabio.

Así como se le dice no a los Chapulines, digamos no a los improvisados. Que finalmente terminan siendo lo mismo, un gran peligro para todo el territorio nacional.

Firmes y Dignos.

Alejandro López Munguía.