Los peregrinos que visiten la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, a partir del próximo 15 de octubre, tendrán la especial oportunidad de contemplar de cerca la venerada reliquia que la tradición identifica con los fragmentos del pesebre donde reposó el Niño Jesús en Belén.
Según informó en un comunicado la Basílica de Santa María la Mayor, durante varias semanas, la Sagrada Cuna, que normalmente se conserva en la monumental Capilla de la Confesión, bajo el altar papal, será trasladada a uno de los altares laterales de la nave derecha, permitiendo a los visitantes acercarse a admirar este tesoro del cristianismo en un contexto más íntimo y recogido.
La ubicación temporal también tendrá un significado simbólico especial, ya que la Sagrada Cuna quedará situada frente a la célebre Anunciación pintada por el italiano Pompeo Girolamo Batoni, estableciendo un itinerario visual y espiritual que une el anuncio del ángel a María con el misterio de la Encarnación y el nacimiento de Jesús.
El traslado, según explicaron desde la basílica, se enmarca en los trabajos de restauración de la histórica hornacina y del relicario que normalmente custodian estos venerados fragmentos de madera. Se va a instalar una nueva vitrina dotada de avanzados sistemas de conservación, seguridad y control climático.
Un nuevo cielo de Belén
Los trabajos de restauración incluirán además la creación de un nuevo fondo azul realizado con esmaltes y teselas doradas que evocará el cielo de la noche de la Natividad. La disposición de las estrellas reproducirá la configuración celeste reconstruida para Belén, estableciendo un puente simbólico entre el lugar donde nació Jesús y la basílica romana que ha custodiado durante siglos la memoria de ese acontecimiento.
La Capilla de la Confesión permanecerá cerrada al público durante las obras. El 24 de diciembre, la Sagrada Cuna será trasladada solemnemente al altar papal para las celebraciones de Navidad y, tras la Epifanía, regresará a su ubicación habitual, donde la esperarán la nueva vitrina y el renovado fondo.
Las obras estarán supervisadas por la Dirección de Museos y Bienes Culturales de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano y serán ejecutadas por la firma italiana Progetto Arte Poli, especializada en arte sacro.
Cinco fragmentos vinculados al nacimiento de Cristo
La Sagrada Cuna está formada por cinco pequeños fragmentos de madera custodiados en un valioso relicario de cristal diseñado por el célebre arquitecto neoclásico Giuseppe Valadier, quien concibió una estructura con forma de cuna para custodiar los sagrados fragmentos, y donado por la duquesa Pignatelli en 1797.
Décadas después, entre 1861 y 1864, el Papa Pío IX encargó al arquitecto Virginio Vespignani la construcción de la Capilla de la Confesión, un espacio semisubterráneo situado frente al altar papal y decorado con cerca de setenta variedades de mármoles policromos procedentes en gran parte de excavaciones realizadas en Roma y Ostia.
Según diversos estudios, cuatro de estos fragmentos son de madera de sicómoro procedente de Palestina y podrían remontarse a unos 2.000 años de antigüedad. Conservan además unas muescas que habrían permitido ensamblarlos formando una estructura en X, similar a los soportes utilizados en la antigüedad para sostener cunas o pesebres de barro. El quinto fragmento, en cambio, podría proceder de una antigua representación de la Natividad desaparecida durante el saqueo de Roma de 1527.
El relicario actual es el cuarto destinado a custodiar estas preciadas reliquias, ya que los tres anteriores fueron robados. Considerada una joya del arte sacro romano, la obra adopta la forma de una cuna de cristal sostenida por cuatro figuras doradas y coronada por una imagen del Niño Jesús en actitud de bendecir.
Una reliquia llegada de Tierra Santa
La veneración de la Sagrada Cuna está documentada ya en los primeros siglos del cristianismo en la Basílica de la Natividad de Belén. Entre los testimonios más antiguos figura el de San Jerónimo, el traductor de la Biblia, quien vivió gran parte de su vida junto a la gruta donde, según la tradición, nació Jesús.
Aunque no existen documentos definitivos que certifiquen su traslado a Roma, una antigua tradición sostiene que la reliquia llegó a la Ciudad Eterna durante el pontificado de Teodoro I (642-649), hijo de un obispo de Jerusalén. Según esta hipótesis, el patriarca de Jerusalén, San Sofronio, la habría enviado a Roma para preservarla ante la expansión musulmana en Tierra Santa.
La elección de Santa María la Mayor para custodiarla tampoco fue casual. La basílica fue construida por el Papa Sixto III tras el Concilio de Éfeso (431), que proclamó el dogma de la maternidad divina de María. Desde sus orígenes albergó una reproducción de la gruta de Belén, donde probablemente se conservó inicialmente la reliquia.
Desde el siglo XII abundan los testimonios de la profunda devoción suscitada por la Sagrada Cuna. Incluso el poeta italiano Francesco Petrarca recordaba que los peregrinos que llegaban a Roma podían venerar los restos de la “Cunabula Salvatoris”, es decir, la cuna del Salvador.
La importancia de esta reliquia quedó también de manifiesto en 2019, cuando el Papa Francisco decidió enviar uno de sus fragmentos a Belén. Desde entonces se conserva en la iglesia franciscana de Santa Catalina, junto a la Basílica de la Natividad, como símbolo del vínculo espiritual entre Roma y el lugar donde nació Cristo.
ACI PRENSA

