La sequía golpea al campo del Soconusco y deja a miles de productores al límite

Dos años de lluvias insuficientes y una canícula prolongada han puesto contra las cuerdas a productores del Soconusco, quienes reportan pérdidas en decenas de miles de hectáreas y reclaman apoyos extraordinarios para volver a sembrar.

El campo del Soconusco atraviesa una de sus etapas más difíciles de los últimos años. Productores de la frontera sur de Chiapas aseguran que la falta de lluvias y las altas temperaturas han provocado pérdidas severas en cultivos y potreros, al grado de dejar a miles de familias sin recursos para iniciar una nueva siembra.

De acuerdo con un reporte de la Agencia EFE, organizaciones campesinas estiman que unas 45 mil hectáreas de cultivos y tierras ganaderas resultaron afectadas en los municipios de Suchiate, Tapachula, Mazatán, Tuxtla Chico, Metapa y Frontera Hidalgo. Los productores calculan que alrededor de 10 mil campesinos enfrentan una situación financiera crítica.

Las afectaciones abarcan aproximadamente 15 mil hectáreas de maíz, 4 mil de soya, 15 mil de plátano, 3 mil de caña de azúcar y otras 8 mil hectáreas destinadas a potreros para ganado, según las organizaciones consultadas por EFE.

El golpe más duro se ha concentrado en el maíz. Raúl Arroyo Alvarado, presidente de la Unión de Ejidos Emiliano Zapata de Tapachula, explicó que algunos productores han intentado sembrar dos veces y han perdido ambas cosechas. El costo aproximado de establecer una hectárea de maíz ronda los 12 mil pesos, por lo que repetir el proceso sin obtener ingresos puede convertirse rápidamente en una deuda difícil de cubrir.

La situación también ha comenzado a afectar el patrimonio de las familias. José Manuel Ovalle Sosa, dirigente de la Unión de Ejidos David Rey González, aseguró que algunos campesinos han tenido que vender partes de sus parcelas para conseguir recursos y volver a invertir en el campo.

Ese tipo de decisiones revela la profundidad de la crisis. Para una familia rural, vender una fracción de la tierra no equivale simplemente a desprenderse de un activo: puede significar reducir la superficie con la que contará en el futuro para producir alimentos y generar ingresos.

Las condiciones climáticas han agravado el problema. Autoridades regionales de Protección Civil reportaron que los niveles de algunos ríos del Soconusco se encuentran entre 10 % y 20 % de lo habitual, mientras las temperaturas han superado los 40 grados durante la actual canícula.

La Comisión Nacional del Agua explica que la canícula, conocida también como sequía de medio verano, se caracteriza por una disminución temporal de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas durante la temporada de lluvias. Su presencia no significa necesariamente que toda una región se encuentre en sequía, pero cuando se combina con un déficit prolongado de precipitaciones puede aumentar considerablemente la presión sobre los cultivos.

Los datos oficiales muestran que el problema hídrico ya forma parte de la agenda agropecuaria de Chiapas. La Secretaría del Campo estatal informó el 11 de agosto que el Gobierno de Chiapas y la Federación acordaron coordinar recursos y programas para impulsar la producción comercial de maíz y atender los efectos de la crisis hídrica en distintas regiones del estado.

El acuerdo contempla combinar apoyos en fertilizantes, semillas, insumos y herramientas. Los equipos técnicos trabajan todavía en definir los paquetes productivos que se aplicarán de acuerdo con las condiciones de cada zona. La Secretaría del Campo también informó previamente que el Gobierno estatal cuenta con un seguro agropecuario destinado a proteger a agricultores y ganaderos frente a pérdidas ocasionadas por fenómenos como la sequía.

La respuesta institucional, sin embargo, todavía no satisface a las organizaciones campesinas de la frontera sur. Los productores solicitan una declaratoria de desastre que les permita acceder a mecanismos extraordinarios de apoyo y contar con recursos suficientes para recuperar parte de lo perdido.

La petición ocurre mientras el Gobierno federal mantiene programas dirigidos al fortalecimiento de la producción de maíz. En junio, Alimentación para el Bienestar informó que más de 108 mil productores de Chiapas participarían en acciones vinculadas con la conservación del maíz nativo, dentro del plan nacional El Maíz es la Raíz.

Además, la Conagua informó en junio que trabaja en la tecnificación de 2 mil 500 hectáreas agrícolas de Chiapas, mediante una inversión estimada de 140 millones de pesos. El objetivo es mejorar la infraestructura de riego y el aprovechamiento del agua, una tarea que adquiere mayor relevancia cuando los periodos de escasez se vuelven más frecuentes o prolongados.

Los productores, no obstante, enfrentan una dificultad inmediata: necesitan recursos para volver a sembrar antes de que llegue la siguiente ventana agrícola. No basta con esperar a que las lluvias regresen si las familias ya agotaron sus ahorros, contrajeron deudas o tuvieron que vender parte de sus tierras para financiar los ciclos anteriores.

La dimensión de la emergencia también debe observarse con cautela. La información de los productores sobre las hectáreas afectadas y las pérdidas económicas refleja una situación denunciada por las organizaciones campesinas, mientras que el Gobierno estatal reconoce la existencia de una crisis hídrica y prepara apoyos. Sin embargo, no existe todavía una declaratoria oficial de desastre que confirme en los términos solicitados por los agricultores la magnitud de los daños.

El propio Monitor de Sequía de México, administrado por la Conagua, utiliza categorías específicas para determinar la intensidad y distribución de este fenómeno y se actualiza de manera quincenal. Por ello, la evaluación oficial de los daños requiere distinguir entre las condiciones meteorológicas generales y las pérdidas efectivamente registradas en cada cultivo y municipio.

La verdad es que el problema no termina cuando comienza a llover. Después de dos ciclos afectados, recuperar una parcela exige semillas, fertilizantes, mano de obra, maquinaria y, sobre todo, capital. Para una familia que ya gastó dos veces en una cosecha que no pudo levantar, el siguiente ciclo puede ser sencillamente inalcanzable sin respaldo público o acceso a financiamiento.

La crisis del Soconusco plantea así una pregunta que va más allá de esta temporada agrícola: cómo preparar al campo chiapaneco para enfrentar periodos de escasez de agua que pueden volver a presentarse. La tecnificación del riego, los seguros agropecuarios, el acceso a crédito y una mejor gestión del agua pueden ser parte de la respuesta, pero requieren continuidad y llegar efectivamente a quienes producen.

Mientras tanto, los campesinos mantienen la presión sobre las autoridades. Algunos ya han advertido que podrían realizar movilizaciones si no reciben una respuesta. En Tapachula y los municipios vecinos, la preocupación es concreta: no se trata únicamente de perder una cosecha, sino de no contar con los recursos necesarios para volver a intentarlo.

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