El Día Nacional del Locutor encuentra a la radio mexicana ante un nuevo desafío: las voces generadas por inteligencia artificial pueden imitar timbres humanos con creciente precisión, pero todavía dejan abierta una pregunta esencial sobre confianza, criterio y responsabilidad al comunicar.

Una voz puede anunciar una noticia, acompañar un trayecto cotidiano o convertirse, con el paso de los años, en parte de la memoria de una generación. En México, cada 14 de septiembre se celebra el Día del Locutor, una fecha establecida en 1957 para reconocer a quienes hacen de la voz una herramienta profesional de comunicación. Casi siete décadas después, aquella celebración ocurre en un escenario que sus primeros protagonistas difícilmente habrían imaginado: una máquina puede producir en segundos una voz que parece humana.

La conmemoración tiene sus raíces en la organización profesional de la radiodifusión mexicana. La Lotería Nacional ha documentado que la Asociación Nacional de Locutores de México fue fundada en 1951 por Luis M. Farías y que Francisco Neri Cano institucionalizó en 1957 el 14 de septiembre como Día del Locutor. Desde entonces, la fecha ha servido para reconocer una profesión estrechamente ligada a la historia de la radio, la información y el entretenimiento en el país.

La radio, además, no es únicamente una sucesión de palabras. Una locución eficaz depende de pausas, énfasis, velocidad, respiración e inflexiones que ayudan a transmitir intención. Hay una diferencia entre leer una frase y comprender qué significa para quien la escucha. En una noticia delicada, por ejemplo, una pausa puede evitar que un dato grave suene como espectáculo; en una entrevista, una pregunta bien modulada puede abrir espacio para que una persona se explique.

La inteligencia artificial está entrando precisamente en ese territorio. Los sistemas de síntesis y clonación vocal pueden reproducir características de una voz a partir de muestras de audio y generar nuevas intervenciones que el hablante original nunca pronunció. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos ha advertido que esta tecnología ofrece usos legítimos, incluso para ayudar a personas que han perdido la capacidad de hablar, pero también puede utilizarse para fraude, suplantación y apropiación indebida de voces profesionales.

Para la radio, la tecnología no tiene por qué significar necesariamente sustitución. La UNESCO sostiene que la inteligencia artificial puede asumir tareas repetitivas y apoyar la producción de contenidos, mientras los equipos humanos concentran más tiempo en informar, verificar y crear. Pero la misma organización insiste en que la utilización de audio generativo, incluida la clonación de voz, requiere políticas claras, transparencia, respeto a la privacidad y supervisión humana.

Ahí aparece la cuestión más delicada para el periodismo. Una voz sintética puede leer correctamente un texto y, sin embargo, no tener ninguna relación con la realidad que ese texto describe. Puede pronunciar una declaración falsa con el mismo aplomo con que leería una noticia verdadera. La tecnología no distingue por sí sola entre información comprobada y manipulación. Esa tarea sigue dependiendo del trabajo periodístico.

La amenaza no es hipotética. La UNESCO ha advertido que las voces sintéticas y otros contenidos generados mediante inteligencia artificial están ampliando el problema de los deepfakes y de la desinformación. Una encuesta internacional citada por el organismo encontró que el 58 % de los participantes tenía dificultades para distinguir entre noticias verdaderas y falsas en internet. Cuando el oído deja de ser suficiente para reconocer una voz auténtica, la identificación de la fuente adquiere todavía mayor importancia.

Por eso, la ética profesional adquiere un nuevo significado. Si una emisora utiliza una voz generada o modificada mediante inteligencia artificial, la audiencia debería saberlo. La UNESCO considera la transparencia una exigencia ética para el uso de voces sintéticas en radio: informar cuándo se emplea inteligencia artificial permite que el oyente pueda valorar el contenido con conocimiento de causa.

También está en juego la identidad. Una voz no es simplemente una cadena de frecuencias. Puede representar años de trabajo, reconocimiento profesional y una relación de confianza con el público. La UNESCO ha advertido que las tecnologías de voz deben respetar la dignidad humana, el consentimiento y la supervisión, porque la voz forma parte de la identidad de una persona.

Esto no significa idealizar el pasado. La radio siempre ha incorporado tecnología: micrófonos, consolas, edición digital, automatización y transmisión por internet. La inteligencia artificial es otro capítulo de esa evolución. El verdadero desafío consiste en decidir qué tareas puede asumir una máquina sin convertir la comunicación en un proceso opaco.

En este Día Nacional del Locutor, quizá el mayor valor de la voz humana no esté en ser imposible de imitar. Está en aquello que una imitación no puede garantizar por sí sola: criterio para preguntar, responsabilidad para verificar, empatía para escuchar y ética para decidir qué merece llegar al público.

La tecnología puede aprender a sonar como nosotros. La responsabilidad de hablar con verdad, todavía, nos corresponde.