La expansión urbana, la destrucción de ecosistemas, la iluminación artificial y el cambio climático amenazan las rutas que millones de aves recorren cada año entre sus zonas de reproducción y alimentación. En el Día Mundial de las Aves Migratorias, celebrado el 10 de octubre en 2026, organismos internacionales destacaron la importancia de proteger los hábitats y fortalecer la cooperación científica para conservar estas especies.

Las migraciones de aves constituyen uno de los fenómenos naturales más importantes para comprender la conexión entre los ecosistemas del planeta. Cada año, millones de ejemplares atraviesan continentes, mares, montañas y desiertos para encontrar alimento, reproducirse o refugiarse de condiciones ambientales adversas. Sin embargo, sus desplazamientos dependen de una red de hábitats que se encuentra cada vez más presionada por las actividades humanas.

La urbanización, la expansión de la infraestructura, la contaminación y las modificaciones del clima están alterando las condiciones de los territorios que las aves utilizan durante sus recorridos. La pérdida de humedales, bosques, manglares y otros espacios naturales reduce los lugares disponibles para descansar y alimentarse, mientras que la fragmentación del paisaje puede interrumpir la conexión entre áreas indispensables para completar sus ciclos migratorios.

En este contexto, el Día Mundial de las Aves Migratorias, conmemorado dos veces al año para coincidir con diferentes periodos de migración en los hemisferios norte y sur, busca impulsar acciones de conservación y sensibilizar a la población sobre la importancia de proteger a estas especies. La jornada de octubre de 2026 se celebró el sábado 10, bajo el lema internacional “Cada ave cuenta: ¡tus observaciones importan!”, centrado en el papel de la ciencia comunitaria para vigilar las poblaciones y orientar las medidas de protección.

Una alerta científica sobre el deterioro de las especies migratorias

Los datos internacionales muestran que la conservación de las especies migratorias enfrenta desafíos crecientes. El informe provisional sobre el estado de las especies migratorias en el mundo, publicado en 2026 por la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres, señala que el 49 por ciento de las especies incluidas en sus registros presenta poblaciones en descenso y que el 24 por ciento está amenazado de extinción.

Estas cifras abarcan especies migratorias de distintos grupos animales, no exclusivamente aves, pero permiten dimensionar la presión que sufren los organismos que dependen de desplazamientos entre regiones. El informe identifica la pérdida y fragmentación de hábitats, junto con la explotación insostenible, entre las principales amenazas para su supervivencia.

La situación resulta especialmente preocupante porque las especies migratorias dependen de varios territorios a lo largo de su recorrido. La destrucción de un sitio de reproducción, la degradación de una zona de alimentación o la desaparición de un lugar de descanso puede afectar a poblaciones que recorren miles de kilómetros y atraviesan distintas jurisdicciones nacionales.

La conservación, por tanto, no puede limitarse a proteger un solo punto del trayecto. Requiere identificar los espacios esenciales para cada especie, mantener la conectividad ecológica y coordinar acciones entre los países por los que pasan las rutas migratorias.

La expansión urbana fragmenta los corredores naturales

El crecimiento de las ciudades y la construcción de carreteras, edificios, instalaciones energéticas y otras infraestructuras transforman los paisajes que las aves utilizan para desplazarse. Cuando los espacios naturales quedan separados por zonas urbanizadas o superficies modificadas, algunas especies pierden acceso a sitios de alimentación, descanso y reproducción.

Esta fragmentación puede aumentar la distancia entre los recursos disponibles y obligar a las aves a gastar más energía durante sus desplazamientos. También puede reducir la calidad de los lugares donde se detienen para recuperar fuerzas antes de continuar sus viajes.

Los humedales y las zonas costeras tienen especial importancia para numerosas especies acuáticas y playeras. La desaparición de estos ambientes, provocada por el desarrollo urbano, la contaminación o la transformación del suelo, reduce la disponibilidad de alimento y refugio en momentos decisivos de la migración.

La infraestructura también representa riesgos directos. Las aves pueden chocar contra ventanas y fachadas de vidrio, especialmente cuando las superficies reflejan el cielo o la vegetación circundante. Las líneas eléctricas y otras estructuras pueden provocar colisiones o electrocuciones en determinadas especies.

Ante estos problemas, las estrategias de conservación incluyen proteger áreas naturales estratégicas, restaurar humedales y bosques, planificar el crecimiento urbano con criterios ecológicos y adaptar las construcciones para disminuir los accidentes que afectan a las aves.

La contaminación lumínica desorienta a las aves nocturnas

Una proporción importante de las aves migratorias realiza sus desplazamientos durante la noche. En esas condiciones, la orientación depende de distintas señales naturales, entre ellas las referencias celestes y los campos de luz del entorno. La iluminación artificial intensa puede alterar ese comportamiento y atraer a las aves hacia zonas urbanas.

Cuando se concentran alrededor de edificios iluminados, las aves pueden desorientarse, modificar sus trayectorias y aumentar el riesgo de colisión con ventanas y otras estructuras. La exposición a la luz artificial también puede alterar sus ritmos biológicos y afectar el momento en que inician o concluyen sus desplazamientos estacionales.

El problema ha sido documentado en ciudades de distintas regiones. En Chicago, Estados Unidos, cerca de mil aves migratorias murieron en 2023 tras chocar contra un edificio durante un episodio de migración nocturna. El caso evidenció cómo una combinación de condiciones migratorias e iluminación artificial puede provocar mortalidad masiva en un periodo breve.

Entre las medidas para reducir estos riesgos se encuentran apagar las luces innecesarias durante la noche, disminuir la iluminación de fachadas y edificios altos en temporadas migratorias, utilizar luminarias orientadas hacia el suelo y evitar la emisión de luz hacia el cielo. Algunos programas de ciudades amigables con las aves también promueven campañas para que empresas, edificios públicos y habitantes reduzcan la iluminación durante las horas críticas.

Estas acciones pueden beneficiar a las aves sin exigir la suspensión de toda la iluminación urbana. La clave consiste en utilizar la luz de manera eficiente y reducir su intensidad y duración cuando no es necesaria.

El cambio climático modifica los tiempos de migración

El cambio climático añade otra presión a las rutas migratorias. El aumento de las temperaturas, las alteraciones en las lluvias, las sequías y los cambios en la disponibilidad de alimento pueden modificar las condiciones que las aves encuentran en sus zonas de reproducción, descanso e invernada.

Algunas especies ajustan las fechas de sus desplazamientos en respuesta a las variaciones ambientales. Sin embargo, esos cambios no siempre coinciden con los ciclos de los insectos, la floración de las plantas o la disponibilidad de otros recursos de los que dependen para alimentarse. Cuando se produce un desfase, las aves pueden llegar a un sitio cuando la oferta alimentaria es insuficiente para sostenerlas o para alimentar a sus crías.

El calentamiento global también puede modificar la distribución de los ecosistemas y las condiciones de los lugares que históricamente han funcionado como puntos de descanso. En regiones costeras, el aumento del nivel del mar y los cambios en la dinámica de los humedales pueden reducir las superficies disponibles para las aves acuáticas.

Los especialistas consideran necesario combinar la protección de hábitats con sistemas de seguimiento científico capaces de detectar cambios en las rutas, los calendarios migratorios y las tendencias poblacionales. Esta información permite ajustar las estrategias de conservación conforme cambian las condiciones ambientales.

Corredores biológicos y cooperación internacional

Las rutas migratorias, conocidas también como corredores o vías migratorias, conectan zonas de reproducción, alimentación, descanso e invernada. Su conservación exige identificar los lugares esenciales para las aves y garantizar que mantengan las condiciones necesarias para su supervivencia.

La Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres, un tratado ambiental de las Naciones Unidas, promueve la cooperación entre países para proteger especies que atraviesan fronteras. Sus trabajos incluyen la identificación de áreas prioritarias, el seguimiento de las poblaciones y la coordinación de medidas para reducir las amenazas a lo largo de los recorridos.

El informe provisional publicado en 2026 identificó 9,372 áreas clave para la biodiversidad importantes para las especies incluidas en la Convención. También advirtió que una parte considerable de estos espacios todavía no está cubierta por áreas protegidas o conservadas, lo que evidencia la necesidad de ampliar las medidas de protección.

En el continente americano, las rutas migratorias conectan ecosistemas de Canadá, Estados Unidos, México, Centroamérica, el Caribe y Sudamérica. Muchas aves dependen de una sucesión de sitios de descanso y alimentación, por lo que la pérdida de un área crítica puede repercutir en poblaciones que pasan solo una parte del año en cada país.

La cooperación internacional permite compartir información, armonizar criterios de seguimiento y coordinar medidas de conservación. También facilita la identificación de sitios prioritarios para restaurar hábitats y establecer redes ecológicas que mantengan la conectividad entre territorios.

La ciencia ciudadana fortalece el seguimiento de las aves

El lema de la campaña de 2026 destaca el valor de las observaciones realizadas por ciudadanos, estudiantes, naturalistas y organizaciones comunitarias. La ciencia ciudadana consiste en recopilar datos mediante la participación de personas que colaboran con proyectos científicos, bajo métodos que permiten registrar y analizar la información.

Las observaciones de aves pueden ayudar a identificar las especies presentes en una región, registrar sus fechas de llegada y salida, detectar variaciones en su distribución y reconocer sitios importantes para la migración. Cuando los datos se recopilan de manera sistemática y se verifican con criterios científicos, contribuyen a construir series de información útiles para evaluar cambios a largo plazo.

En 2026, la campaña internacional también destacó el sexagésimo aniversario del Censo Internacional de Aves Acuáticas, una iniciativa de seguimiento basada en la participación de voluntarios que aporta información sobre las poblaciones y la conservación de los humedales.

Las plataformas de observación y los atlas de rutas migratorias permiten integrar registros procedentes de distintas regiones. Esta información puede ayudar a los investigadores y a las autoridades a identificar zonas de importancia ecológica y establecer prioridades de conservación con base en evidencia.

La participación ciudadana no sustituye el trabajo de los especialistas ni la responsabilidad de los gobiernos, pero puede ampliar la cobertura de los registros y mejorar el conocimiento sobre las especies. Para que los datos sean útiles, resulta fundamental registrar las observaciones con precisión, respetar los protocolos de cada proyecto y evitar perturbar a las aves durante su reproducción o descanso.

Conservar las rutas también exige transformar las ciudades

La protección de las aves migratorias depende de decisiones que van desde la política ambiental internacional hasta las prácticas cotidianas en las comunidades. La restauración de ecosistemas, la creación de áreas protegidas, la reducción de pesticidas dañinos, el control de la contaminación y la planificación de infraestructura pueden disminuir las presiones sobre las poblaciones.

En las ciudades, las medidas incluyen diseñar edificios que reduzcan las colisiones, apagar la iluminación ornamental durante las noches de mayor migración, conservar árboles y espacios verdes con especies nativas y proteger los humedales urbanos. Estas acciones deben acompañarse de programas de educación ambiental y de mecanismos para evaluar sus resultados.

La colaboración entre científicos, autoridades, organizaciones civiles, empresas y comunidades es necesaria porque las rutas migratorias atraviesan territorios con condiciones y necesidades distintas. La conservación efectiva exige continuidad, recursos y evaluación periódica, además de compromisos que se mantengan más allá de una jornada conmemorativa.

El Día Mundial de las Aves Migratorias recuerda que estos desplazamientos conectan ecosistemas distantes y que la supervivencia de muchas especies depende de la calidad de los hábitats situados a lo largo de sus recorridos. Proteger esos espacios, reducir la contaminación lumínica y fortalecer el seguimiento científico son pasos esenciales para conservar un fenómeno natural que no reconoce fronteras políticas.