Las energías renovables transforman la seguridad energética mundial, pero las redes eléctricas siguen siendo el gran desafío

La expansión de las energías renovables está modificando la manera en que los países entienden la seguridad energética, al reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados y ampliar las posibilidades de generación eléctrica. Sin embargo, la falta de infraestructura, el crecimiento de la demanda y los avances insuficientes en eficiencia energética amenazan con retrasar la transición. La Agencia Internacional de Energías Renovables propone elevar al 35% la participación de la electricidad en el consumo final de energía para 2035 y acelerar la modernización de las redes eléctricas.

La seguridad energética cambia ante las tensiones geopolíticas

Las tensiones y los conflictos en Oriente Medio han vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad de los mercados energéticos internacionales frente a las interrupciones del suministro de petróleo y gas. Las alteraciones en la producción o el transporte de estos combustibles pueden provocar aumentos de precios y repercutir en la economía de numerosos países.

Francesco La Camera, director general de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), sostiene que esta situación está ampliando el concepto de seguridad energética. Tradicionalmente, la atención se concentraba en garantizar las reservas y el acceso a los combustibles fósiles. Ahora, los gobiernos también buscan diversificar sus fuentes de energía y reducir su exposición a las tensiones internacionales.

Las energías solar, eólica, hidráulica y otras fuentes renovables ofrecen alternativas que pueden aprovecharse en distintas regiones y a diferentes escalas. Su desarrollo permite que los países produzcan una mayor proporción de la energía que consumen, aunque el nivel de autonomía alcanzado depende de sus recursos naturales, su infraestructura y su capacidad tecnológica.

Según La Camera, las economías que han diversificado su matriz energética pueden reducir su vulnerabilidad ante las alteraciones de los mercados de combustibles. España, por ejemplo, ha ampliado su generación renovable, mientras que Noruega destaca por la electrificación de una parte importante de su transporte.

La expansión renovable avanza a escala mundial

La transición energética ha ganado impulso gracias a la expansión de la capacidad solar y eólica y a la reducción de sus costos. De acuerdo con cifras de IRENA, durante 2024 las fuentes renovables representaron aproximadamente el 92% de la nueva capacidad eléctrica instalada en el mundo, una señal del cambio que experimenta la estructura de generación.

China desempeña un papel central en este proceso debido a la magnitud de sus inversiones en energía solar, eólica y otras tecnologías limpias. El artículo de Noticias ONU señala que, a finales de julio de 2026, la capacidad solar instalada en el país superó por primera vez su capacidad basada en carbón.

Este cambio refleja la velocidad con la que se está ampliando la infraestructura solar, aunque la capacidad instalada no equivale necesariamente a la cantidad de electricidad efectivamente generada. La producción depende de las condiciones meteorológicas, la disponibilidad de las instalaciones y la capacidad de las redes para transportar la energía hasta los centros de consumo.

Para La Camera, el debate internacional ya no se limita a determinar si las energías renovables formarán parte del sistema energético del futuro. La cuestión central es la rapidez con la que podrán desplegarse y la capacidad de los países para integrar estas fuentes en sus economías.

Del petróleo y el gas a los electrones y el hidrógeno verde

La transformación energética también está cambiando la manera de producir, transportar y consumir energía. La Camera utiliza los términos «electrones» y «moléculas» para explicar dos componentes del nuevo sistema: la electricidad, acompañada de tecnologías de almacenamiento, y combustibles como el hidrógeno verde producido con electricidad renovable.

La electricidad puede sustituir directamente a los combustibles fósiles en numerosos usos, como los vehículos, los sistemas de calefacción y determinados procesos industriales. En otros sectores, las tecnologías basadas en hidrógeno renovable podrían contribuir a reducir las emisiones cuando la electrificación directa resulte más difícil.

La competitividad de las economías dependerá, en parte, de su capacidad para disponer de electricidad limpia a precios competitivos y desarrollar soluciones de almacenamiento y distribución. Estos factores pueden influir en los costos de producción, la ubicación de nuevas industrias y la capacidad de los países para atraer inversiones.

La expansión de la energía solar y eólica también ha impulsado el desarrollo de sistemas que combinan generación renovable con baterías y otras tecnologías de flexibilidad. Estas soluciones pueden ayudar a mantener el suministro cuando disminuye la producción solar o eólica, aunque su eficacia depende del diseño del sistema, de la capacidad de almacenamiento y de las necesidades de consumo.

La electrificación se convierte en una prioridad

Uno de los principales objetivos planteados por IRENA es aumentar la participación de la electricidad en el consumo final de energía. La propuesta conocida como «35 para 35» busca que la electricidad represente el 35% del consumo final mundial para 2035.

La iniciativa parte de la necesidad de extender la electrificación más allá de la generación eléctrica. El transporte, los edificios y la industria deberán incorporar tecnologías que permitan sustituir progresivamente el uso directo de combustibles fósiles por electricidad, siempre que existan alternativas técnicas y económicas viables.

La Camera ha advertido que el crecimiento de la demanda energética mundial ha superado algunas previsiones, mientras que las mejoras en eficiencia energética no han avanzado al ritmo esperado. Esta combinación podría ampliar la diferencia entre la energía disponible y la requerida para satisfacer las necesidades de hogares, empresas e industrias.

Por ello, el despliegue de nuevas centrales renovables debe acompañarse de medidas para reducir el desperdicio energético, mejorar el rendimiento de los equipos y modernizar las redes. Triplicar la capacidad renovable instalada para 2030, uno de los objetivos internacionales de la transición energética, podría resultar insuficiente si no se avanza también en electrificación, eficiencia e infraestructura.

Las redes eléctricas son el principal cuello de botella

La expansión de las energías renovables exige redes capaces de integrar una generación cada vez más distribuida y variable. A diferencia de los sistemas tradicionales, en los que una parte importante de la electricidad procede de centrales convencionales, las instalaciones solares y eólicas pueden encontrarse en numerosos puntos geográficos y presentar variaciones en su producción.

Para responder a estas condiciones, se necesitan redes interconectadas, sistemas de almacenamiento, herramientas digitales y mecanismos que permitan equilibrar la oferta y la demanda en tiempo real. La inteligencia artificial y otras tecnologías digitales pueden contribuir a anticipar cambios en el consumo, mejorar la operación de las redes y aprovechar mejor la energía disponible.

La infraestructura física también resulta indispensable. Las líneas de transmisión, las conexiones entre regiones, las redes de distribución y las instalaciones portuarias necesarias para transportar componentes y combustibles energéticos deben desarrollarse al ritmo de la transición.

En este contexto, La Camera ha insistido en que la prioridad inmediata es construir y modernizar redes. La falta de capacidad de transmisión puede impedir que la electricidad renovable llegue a los consumidores, incluso cuando existen centrales capaces de producirla.

Regulación, financiamiento y capacitación laboral

El director general de IRENA identifica tres áreas fundamentales para acelerar el cambio energético: infraestructura, marcos regulatorios y formación de trabajadores.

En el ámbito normativo, algunas políticas y subvenciones todavía favorecen el uso de combustibles fósiles. La revisión de estos mecanismos y la creación de reglas claras pueden contribuir a orientar la inversión hacia tecnologías limpias, siempre que los cambios se diseñen considerando sus efectos económicos y sociales.

El financiamiento constituye otro obstáculo, especialmente para los países en desarrollo. Los costos elevados del capital, la falta de infraestructura y las limitaciones de las redes eléctricas pueden dificultar la construcción de proyectos renovables y reducir su viabilidad financiera.

Por esa razón, La Camera considera que los bancos multilaterales de desarrollo deben dar prioridad a la modernización de las redes y a la construcción de infraestructura compatible con los nuevos sistemas energéticos. La participación de estas instituciones puede ayudar a movilizar recursos y reducir algunas barreras que enfrentan los proyectos en mercados con mayores riesgos financieros.

La transformación también modificará las necesidades laborales. La expansión de las energías renovables, el almacenamiento y las redes inteligentes requiere personal especializado en instalación, operación, mantenimiento e ingeniería. La capacitación y la actualización de las competencias profesionales serán necesarias para que los trabajadores puedan incorporarse a las nuevas actividades productivas.

La transición debe avanzar sin ampliar las desigualdades

Aunque la reducción de los costos tecnológicos ha facilitado el crecimiento de las renovables, los beneficios no se distribuyen de manera uniforme. Algunos países disponen de mejores condiciones de financiamiento, redes más desarrolladas y mayor capacidad industrial, mientras que otros enfrentan dificultades para atraer inversiones y garantizar el acceso universal a la electricidad.

La cooperación internacional será importante para reducir estas diferencias, facilitar la transferencia de conocimientos y respaldar proyectos de infraestructura en las economías con mayores limitaciones. También será necesario asegurar que las nuevas inversiones generen beneficios para las comunidades y no dejen atrás a los sectores con menor acceso a los servicios energéticos.

La transición energética no depende exclusivamente de sustituir una fuente de generación por otra. Requiere transformar las redes, los sistemas de transporte, los procesos industriales, los marcos regulatorios y las capacidades de los trabajadores.

El reto es acelerar la transición y garantizar un suministro confiable

El crecimiento de las energías renovables está modificando la relación entre energía y seguridad nacional. La posibilidad de producir electricidad a partir de recursos distribuidos puede reducir la exposición a las interrupciones de los mercados internacionales de combustibles, pero esa ventaja requiere sistemas eléctricos capaces de integrar la generación y garantizar el suministro.

Para IRENA, la prioridad es acelerar simultáneamente la expansión renovable, la electrificación y el desarrollo de redes. El objetivo de alcanzar una participación eléctrica del 35% en el consumo final para 2035 forma parte de una estrategia que busca reducir las emisiones, mejorar la competitividad y fortalecer la seguridad energética.

El avance dependerá de las decisiones de los gobiernos, la inversión pública y privada, la disponibilidad de financiamiento y la capacidad de ejecutar proyectos de infraestructura. En palabras de La Camera, el esfuerzo más urgente debe concentrarse en ampliar las redes, mejorar la interconexión y proporcionar flexibilidad para equilibrar el sistema eléctrico.