La Semana Internacional de las Personas Sordas, que se celebra del 21 al 27 de septiembre de 2026, coloca en el centro una realidad que todavía necesita mayor reconocimiento: las lenguas de señas son idiomas naturales, completos y estructurados, mientras que la accesibilidad exige mucho más que disponer de tecnología para escuchar.

Hablar de sordera suele llevar la conversación hacia los auxiliares auditivos o los implantes cocleares. Son herramientas importantes, pero reducir la inclusión a la capacidad de oír deja fuera una parte esencial del problema: el derecho a comunicarse mediante una lengua accesible. Por eso, durante esta semana internacional, la discusión también gira alrededor de las lenguas de señas, la identidad y las barreras que persisten en escuelas, hospitales, tribunales y oficinas públicas.

La Federación Mundial de Sordos señala que las lenguas de señas son lenguas naturales plenamente desarrolladas y estructuralmente independientes de las lenguas habladas. Poseen vocabulario y sistemas gramaticales propios, con niveles de organización que incluyen morfología, sintaxis, discurso y pragmática. No son, por tanto, una representación gestual palabra por palabra del idioma oral.

Además, no existe una única lengua de señas universal. Las comunidades desarrollan lenguas diferentes, con variaciones regionales y sociales, de la misma manera que ocurre con las lenguas habladas. En México, por ejemplo, la Lengua de Señas Mexicana tiene reconocimiento oficial como lengua nacional y forma parte del patrimonio lingüístico del país.

La dimensión jurídica es igualmente importante. La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece que los Estados deben facilitar el uso de las lenguas de señas en las interacciones oficiales y promover su reconocimiento. Su artículo 9 también contempla medidas de accesibilidad que incluyen servicios de interpretación profesional para facilitar el acceso a edificios y servicios abiertos al público.

En México, la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad establece el derecho a la accesibilidad universal y dispone que las instalaciones públicas deben ajustarse a las normas correspondientes. La legislación contempla expresamente la Lengua de Señas Mexicana, las tecnologías y otras ayudas como elementos de accesibilidad. Esto significa que la inclusión no debería depender únicamente de que una persona encuentre, por casualidad, a alguien que pueda comunicarse con ella.

La tecnología, entretanto, avanza por varios caminos. La Organización Mundial de la Salud reconoce entre las herramientas de rehabilitación los auxiliares auditivos, implantes cocleares, implantes de conducción ósea y dispositivos de oído medio. También incluye sistemas de asistencia auditiva, dispositivos de alerta, telecomunicaciones, subtitulado e interpretación en lengua de señas.

Pero una herramienta tecnológica no sustituye automáticamente a una lengua. Un implante coclear puede ser beneficioso para determinadas personas, pero sus resultados dependen de circunstancias individuales y requiere seguimiento y rehabilitación. La propia OMS plantea la atención auditiva desde una perspectiva centrada en la persona, que puede incluir tecnología, rehabilitación, lectura labial, subtitulado o lengua de señas según las necesidades y preferencias de cada individuo.

La brecha de acceso continúa siendo considerable. La OMS estima que más de 430 millones de personas necesitan rehabilitación por pérdida auditiva discapacitante y calcula que esa cifra podría superar los 700 millones en 2050. Además, un informe de la organización publicado en 2024 estimó que más de 400 millones de personas podrían beneficiarse de auxiliares auditivos, pero solo alrededor del 17 % los utilizaba.

La verdad es que la accesibilidad comienza mucho antes de colocar un dispositivo. Empieza cuando una persona puede recibir información sanitaria en su lengua, comprender un trámite administrativo, comunicarse con un médico o participar en una audiencia judicial sin que su condición auditiva se convierta en una barrera.

La Semana Internacional de las Personas Sordas 2026 tiene precisamente ese enfoque. La Federación Mundial de Sordos ha establecido como lema “Declarar los derechos humanos de las personas sordas” y dedica uno de sus días al derecho a una educación multilingüe e inclusiva y otro a la accesibilidad mediante las lenguas de señas nacionales.

Es un recordatorio oportuno. Una sociedad verdaderamente accesible no es aquella que ofrece una única solución tecnológica, sino aquella que permite elegir y garantiza que la comunicación, la educación, la salud y los servicios públicos puedan estar al alcance de todos. Para millones de personas sordas, esa accesibilidad comienza con algo tan elemental como poder comunicarse en su propia lengua.