Durante la Audiencia General del 4 de noviembre, el papa León XIV advirtió que los desequilibrios de un modelo económico inequitativo representan una amenaza para la paz mundial. Al reflexionar sobre la constitución pastoral Gaudium et spes, defendió el trabajo digno, rechazó la explotación laboral y pidió eliminar la discriminación contra los sectores vulnerables y las personas migrantes.
El papa León XIV advirtió que las desigualdades económicas y un modelo de desarrollo que no respeta la dignidad humana ni el medioambiente constituyen factores de riesgo para la paz mundial. Durante la Audiencia General celebrada este miércoles en la plaza de San Pedro, el Pontífice sostuvo que el progreso técnico, por sí solo, no puede resolver los problemas estructurales de la sociedad.
La reflexión formó parte de su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, específicamente sobre la constitución pastoral Gaudium et spes, promulgada por san Pablo VI el 7 de diciembre de 1965. En esta ocasión, abordó los capítulos dedicados a la vida económico-social y a la comunidad política, con especial atención a la relación entre justicia, desarrollo y construcción de la paz.
El Papa recordó que los padres conciliares ya habían advertido sobre los peligros que representan los desequilibrios derivados de un desarrollo económico que no es equitativo y que tampoco respeta la creación. A su juicio, aquella advertencia conserva plena vigencia, pues las desigualdades continúan afectando la convivencia entre las sociedades.
En ese sentido, señaló que las soluciones técnicas deben acompañarse de reformas en las estructuras económicas y sociales, así como de una transformación en la mentalidad y los hábitos de las personas. También destacó la necesidad de eliminar las prácticas discriminatorias que perjudican a los grupos sociales más vulnerables y a los migrantes.
El Pontífice subrayó que la dimensión social no es un aspecto secundario de la vida cristiana, sino que forma parte de la propia fe en Jesucristo. Por ello, consideró que la defensa de la dignidad humana y la búsqueda de condiciones de vida más justas constituyen responsabilidades que deben orientar la actuación de las comunidades cristianas.
El trabajo debe estar en el centro de la economía
Uno de los puntos centrales de la catequesis fue la dignidad del trabajo. León XIV afirmó que «el corazón de la economía es el trabajo», porque mediante la actividad laboral las personas desarrollan sus capacidades, atienden las necesidades de sus familias, participan en la vida social y contribuyen al bienestar colectivo.
Desde esta perspectiva, sostuvo que el trabajo nunca debe organizarse en perjuicio de las personas, del bien común o de la creación. Asimismo, calificó como inaceptables el desempleo, la explotación y las condiciones laborales que ponen en riesgo la salud e incluso la vida de los trabajadores.
El Papa también defendió el derecho y el deber de los trabajadores de participar en las decisiones relacionadas con sus actividades, incluso mediante organizaciones sindicales. Añadió que los conflictos laborales deben afrontarse a través del diálogo y de acciones no violentas, en lugar de recurrir a mecanismos que profundicen las confrontaciones.
Con estas consideraciones, el Pontífice retomó uno de los planteamientos fundamentales de la doctrina social de la Iglesia: la economía debe estar al servicio del ser humano y permanecer bajo su control, en lugar de convertir a las personas en instrumentos de los intereses financieros o productivos.
Los bienes y las inversiones deben contribuir al bienestar colectivo
En otro momento de su intervención, León XIV recordó el principio del destino universal de los bienes de la tierra, según el cual los recursos disponibles deben contribuir a que todas las personas puedan satisfacer sus necesidades fundamentales y vivir con dignidad.
El Pontífice explicó que este principio también debe aplicarse al ámbito financiero. Por ello, quienes toman decisiones sobre inversiones y organización económica, ya sean particulares, grupos empresariales o autoridades públicas, tienen la responsabilidad de garantizar las condiciones necesarias para una vida digna.
Además, destacó la importancia de mantener un equilibrio entre las necesidades de consumo de las generaciones actuales y las inversiones necesarias para quienes vivirán en el futuro. Esta perspectiva, vinculada con el concepto de desarrollo integral, fue desarrollada posteriormente por san Pablo VI en la encíclica Populorum progressio, publicada en 1967.
La política debe orientarse al bien común
Al abordar la dimensión política, León XIV recordó que la comunidad política existe para promover el bien común, entendido como el conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas, las familias y las asociaciones alcanzar su desarrollo.
En consecuencia, señaló que el ejercicio de la autoridad debe considerar las circunstancias históricas y locales, sin perder de vista el bienestar de toda la familia humana. También retomó la enseñanza de Gaudium et spes sobre la relación entre la Iglesia y las instituciones políticas, que deben conservar su autonomía e independencia, aunque pueden colaborar en favor de las personas y de la sociedad.
El Papa insistió en que la participación en la vida económica y política, cuando se orienta por estos principios, constituye una forma de construir la paz. Para reforzar esta idea, recordó una expresión de su predecesor, el papa Francisco, quien afirmó que «la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal».
Frente a esa realidad, León XIV defendió una política capaz de atender las heridas de los pueblos y de quienes sufren injusticias, pues consideró que ese compromiso puede ofrecer motivos de esperanza para el futuro de la humanidad.
Finalmente, animó a los jóvenes a seguir el ejemplo de hombres y mujeres que han dado testimonio de compromiso en los ámbitos económico y político. Asimismo, renovó su exhortación a las comunidades cristianas para fortalecer la formación en la doctrina social de la Iglesia, con el propósito de promover una participación responsable en la construcción de sociedades más justas.


