El papa León XIV inició su visita apostólica a Francia con un encuentro con Emmanuel Macron en el que abordó los riesgos de la inteligencia artificial, la paz, la laicidad y cuestiones relacionadas con la protección de la vida.
PARÍS.— El papa León XIV inició este viernes su visita apostólica a Francia con una reunión con el presidente Emmanuel Macron en el Palacio del Elíseo, en un encuentro marcado por asuntos en los que existen coincidencias entre ambas partes, pero también diferencias relacionadas con la concepción de la laicidad y determinadas cuestiones bioéticas.
La visita, que se desarrolla del 25 al 28 de septiembre, constituye el primer viaje apostólico de León XIV a Francia. Su agenda incluye actividades en París, Saint-Denis, Lourdes y Metz, además de una visita a la sede de la UNESCO.
Tras su llegada al aeropuerto de Orly, el pontífice fue recibido por Macron y posteriormente se trasladó al Elíseo. El Gobierno francés informó que las conversaciones estuvieron relacionadas con las relaciones entre Francia y la Santa Sede y con diversos desafíos internacionales, entre ellos el cambio climático, la inteligencia artificial, la guerra en Ucrania, la situación de Oriente Medio y la construcción de condiciones para la paz.
La inteligencia artificial ocupó un lugar destacado en los discursos. Macron planteó la necesidad de que el desarrollo tecnológico mantenga al ser humano como referencia y reclamó mecanismos internacionales de supervisión ante la posibilidad de que las tecnologías más avanzadas queden concentradas en manos de un número reducido de actores.
León XIV abordó el tema desde una perspectiva vinculada con la dignidad humana. En su intervención ante las autoridades, recordó que decidió dedicar su primera encíclica al fenómeno de la inteligencia artificial y advirtió sobre el riesgo de que las personas pierdan capacidad de discernimiento frente a sistemas tecnológicos que pueden condicionar cada vez más la vida cotidiana.
El pontífice utilizó la expresión “paraíso de máquinas” para plantear el riesgo de una sociedad en la que el desarrollo tecnológico termine desplazando la responsabilidad humana. Su propuesta se centró en fortalecer la educación ética y el discernimiento para que la tecnología permanezca subordinada a la dignidad y la libertad de las personas.
El encuentro también estuvo marcado por el debate sobre la paz. León XIV pidió a Francia mantener un papel activo en favor del diálogo y el multilateralismo, especialmente en Europa, y llamó a no considerar la guerra como un fenómeno inevitable.
El Papa cuestionó asimismo la idea de que las armas nucleares puedan constituir por sí mismas una garantía de seguridad. En su discurso defendió una concepción de la paz vinculada con el diálogo, la diplomacia y la protección de los derechos de las personas y los pueblos.
Macron, por su parte, presentó a Francia como un país comprometido con el multilateralismo y con la defensa del derecho internacional. La situación de Ucrania y las tensiones en Oriente Medio formaron parte del contexto internacional abordado durante el encuentro.
Uno de los puntos de mayor interés fue la concepción de la laicidad. Macron defendió el principio republicano francés como una garantía de la libertad de conciencia, mientras que León XIV planteó que una sociedad laica no necesariamente debe excluir las convicciones religiosas del espacio público.
El pontífice sostuvo que las personas creyentes pueden participar en la vida pública de acuerdo con sus convicciones sin que ello implique una amenaza para la unidad nacional. Su planteamiento se inscribe en la concepción de la libertad religiosa y de conciencia que la Iglesia católica ha defendido en sus relaciones con los Estados contemporáneos.
Las diferencias fueron más evidentes en materia bioética. León XIV defendió la protección de la vida humana y expresó su preocupación por determinadas aplicaciones de la ciencia y la tecnología que, desde su perspectiva, pueden convertir la investigación científica en una actividad orientada principalmente por intereses económicos.
En ese contexto, mencionó expresamente la manipulación genética, la gestación subrogada, la compraventa de órganos y la posibilidad de programar la muerte. Estas posiciones coinciden con la doctrina de la Iglesia católica sobre la dignidad y protección de la vida, pero se encuentran en tensión con algunas decisiones legislativas recientes de Francia.
La cuestión de la ayuda para morir constituye uno de los puntos de mayor diferencia. El Parlamento francés aprobó en 2026 una legislación que establece un derecho a la llamada ayuda a morir, mientras que la Iglesia católica mantiene su oposición a este tipo de prácticas. León XIV reiteró en París su posición en favor de la protección de la vida.
El pontífice también vinculó estos debates con la necesidad de preservar la libertad de conciencia. Su discurso planteó que el desarrollo científico y tecnológico debe estar acompañado por una reflexión ética capaz de determinar no solamente qué puede hacerse, sino también qué debería hacerse.
Después del encuentro en el Elíseo, León XIV se trasladó a la sede de la UNESCO, donde abordó la relación entre educación, ciencia, cultura y construcción de la paz. La agenda oficial contempla además las vísperas en la catedral de Notre Dame y una vigilia de oración con jóvenes en el Estadio de Francia.
Durante los días siguientes, el Papa viajará a Lourdes y Metz. En Lourdes está prevista una celebración eucarística y diversos encuentros, mientras que en Metz participará en actividades relacionadas con el diálogo interreligioso y las raíces europeas, así como con la paz y la unidad del continente.
La visita coloca a Francia como uno de los primeros escenarios internacionales en los que León XIV expone de manera amplia algunas de las prioridades que ha planteado para su pontificado: la dignidad humana frente a los cambios tecnológicos, la defensa de la paz y el multilateralismo, y el diálogo entre las convicciones religiosas y las sociedades democráticas.
El encuentro con Macron muestra, al mismo tiempo, los puntos de convergencia y las diferencias que pueden coexistir entre la Santa Sede y una República que fundamenta su organización política en la laicidad. Inteligencia artificial, paz, libertad de conciencia y bioética forman parte ahora de una agenda bilateral que seguirá desarrollándose durante la visita papal.

