Durante su primera visita oficial a Francia, León XIV advirtió sobre el deterioro del diálogo internacional y pidió que la tecnología, incluida la inteligencia artificial, permanezca subordinada a la dignidad humana.
El papa León XIV aprovechó su visita a Francia para lanzar un mensaje dirigido al sistema internacional: las instituciones multilaterales atraviesan una etapa de debilitamiento y el diálogo entre los Estados corre el riesgo de perder su sentido si las reglas internacionales son aplicadas de manera selectiva.
El pontífice hizo estas consideraciones el viernes 25 de septiembre durante su visita a la sede de la UNESCO en París, en el marco de su viaje apostólico a Francia. En su intervención cuestionó la pérdida de eficacia de las organizaciones internacionales y advirtió que el diálogo puede terminar convertido en una “farsa” cuando deja de ser un instrumento para buscar acuerdos y construir condiciones de paz.
El discurso tuvo lugar mientras en Nueva York se desarrollaba la Asamblea General de Naciones Unidas, marcada por fuertes diferencias entre gobiernos sobre conflictos internacionales y por una creciente tensión en torno al funcionamiento del sistema multilateral.
León XIV no señaló directamente a ningún jefe de Estado. Sin embargo, planteó una crítica general contra quienes ejercen el poder y recurren al derecho internacional cuando les resulta conveniente, pero lo ignoran cuando limita sus decisiones. En el discurso ante la UNESCO sostuvo que la justicia pierde su sentido cuando es tratada como una mercancía y vinculó la defensa de la ley con una responsabilidad ética de quienes gobiernan.
La intervención del papa se produjo además en un contexto particularmente complejo para las instituciones multilaterales. Las guerras, las dificultades para alcanzar acuerdos entre las principales potencias y las disputas sobre el cumplimiento de las normas internacionales han colocado nuevamente en el centro del debate la capacidad de organismos como la ONU para actuar frente a las crisis.
En la UNESCO, el pontífice amplió su reflexión hacia la relación entre tecnología, educación y dignidad humana. El Vaticano informó que uno de los ejes centrales de su intervención fue precisamente el impacto de las nuevas tecnologías y, de manera particular, de la inteligencia artificial.
León XIV sostuvo que el desarrollo tecnológico debe permanecer al servicio de las personas y no convertirse en un instrumento de dominación. También advirtió sobre un proceso de deshumanización en el que sistemas artificiales reciben el nombre de “inteligencia”, mientras la dignidad de las personas puede terminar subordinada a criterios de productividad y eficiencia.
La preocupación por la inteligencia artificial no es nueva dentro de su pontificado. Días antes, el papa había defendido el desarrollo de sistemas de IA orientados a promover la unidad y la paz. En la UNESCO insistió en que estas tecnologías pueden procesar y relacionar grandes cantidades de información, pero no pueden resolver por sí mismas las preguntas relacionadas con el sentido de la existencia humana.
La educación ocupa un lugar central en esta propuesta. León XIV señaló que una sociedad expuesta a una cantidad creciente de información necesita desarrollar capacidades de discernimiento para distinguir entre conocimiento, información y verdad. El Vaticano destacó en su discurso la importancia de la alfabetización mediática y digital promovida por la UNESCO.
El planteamiento adquiere especial relevancia en un momento en que la inteligencia artificial se incorpora rápidamente a ámbitos como la educación, el trabajo, la comunicación y la producción de contenidos. Para el pontífice, el problema no se limita a determinar qué pueden hacer las máquinas, sino a establecer qué límites éticos deben acompañar su utilización.
La visita a Francia también tiene una dimensión interna para la Iglesia católica. El viaje se desarrolla después de años de cuestionamientos derivados de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero y de instituciones religiosas. Un informe independiente publicado en 2021 estimó que alrededor de 330,000 menores fueron víctimas de abusos relacionados con la Iglesia en Francia durante un periodo de varias décadas.
En este contexto, León XIV tiene previsto reunirse este domingo en Lourdes con siete supervivientes de abusos sexuales cometidos por miembros del clero. El encuentro forma parte de la agenda oficial del viaje y se produce mientras organizaciones de víctimas continúan reclamando mayores medidas de reconocimiento, reparación y prevención.
La visita también llega en un momento de transición en el sistema francés de reparación. Según información de Associated Press, alrededor de 2,000 personas habían solicitado reparaciones a través del organismo independiente creado para atender a las víctimas, mientras que más de un millar de decisiones habían sido concluidas. El proceso institucional francés enfrenta ahora el desafío de mantener mecanismos de atención más allá de la estructura temporal inicialmente establecida.
Para León XIV, Francia representa además un escenario particularmente significativo por su tradición de secularismo y por el papel histórico que ha desempeñado en la construcción política y cultural de Europa. Su agenda incluye encuentros con autoridades, representantes de la sociedad civil y jóvenes, además de celebraciones religiosas y actividades relacionadas con la búsqueda de la paz.
El viaje concluirá el lunes después de una visita de cuatro días que incluye París, Lourdes y Metz. En esta última ciudad, el pontífice tiene previsto pronunciar un discurso centrado en las raíces de Europa y su relación con la paz y la unidad.
La visita francesa está mostrando así varias de las preocupaciones que han definido los primeros meses del pontificado de León XIV: la defensa de la dignidad humana, la crisis de las instituciones internacionales, los límites éticos de la inteligencia artificial y la respuesta de la Iglesia ante los abusos cometidos en su interior.
Su mensaje en París no constituye una propuesta de reforma específica para Naciones Unidas, pero sí una advertencia política y ética sobre las consecuencias de debilitar los espacios de diálogo. En un escenario internacional caracterizado por conflictos y profundas divisiones, el papa plantea que la cooperación multilateral solo puede conservar su utilidad si las reglas, la justicia y la dignidad humana dejan de ser principios aplicados de manera selectiva.

