El pontífice visitó este sábado San Marino, donde llamó a defender la libertad de conciencia y el bien común, antes de trasladarse a Rímini para participar en uno de los principales encuentros católicos y culturales de Italia.
El papa León XIV convirtió este sábado 22 de agosto en una jornada de fuerte contenido pastoral, político y social al visitar San Marino y trasladarse posteriormente a Rímini, en el norte de Italia, para participar en el Meeting por la Amistad entre los Pueblos, organizado por el movimiento Comunión y Liberación.
La visita a San Marino tuvo además un significado especial por el centenario de las relaciones diplomáticas entre la pequeña república y la Santa Sede. De acuerdo con Vatican News, el pontífice señaló durante su encuentro con las autoridades y representantes de la sociedad civil que la libertad debe estar vinculada con la responsabilidad y con la defensa de la conciencia.
El mensaje adquirió un tono particularmente relevante en un momento internacional marcado por guerras, divisiones políticas y una creciente preocupación por la convivencia social. En San Marino, León XIV pidió evitar la concentración del poder y colocar a la persona y el bien común en el centro de la vida pública.
La jornada comenzó en la capital sanmarinense, donde el Papa fue recibido por las autoridades locales. Posteriormente se trasladó a la basílica, donde se reunió con la comunidad católica. Según informó Vatican News, en ese encuentro insistió en que, frente a un mundo golpeado por los conflictos, la respuesta cristiana debe pasar por la solidaridad, el perdón y la comunión.
Y es que la visita no se limita a un acto protocolario. San Marino mantiene una relación histórica con la Iglesia católica y este viaje representa una nueva oportunidad para que el pontífice exponga su visión sobre la libertad, la responsabilidad ciudadana y la construcción de la paz.
Después de San Marino, León XIV se dirigió a Rímini para participar en la edición número 47 del Meeting por la Amistad entre los Pueblos, una de las principales citas culturales vinculadas con Comunión y Liberación. El encuentro se desarrolla del 21 al 26 de agosto bajo el lema inspirado en el último verso del Paraíso de Dante Alighieri, «El amor que mueve el sol y las demás estrellas».
Aunque el Meeting suele reunir a importantes figuras políticas, su alcance va mucho más allá de la actividad partidista. El Ayuntamiento de Rímini lo describe como un espacio internacional de diálogo que reúne debates, exposiciones, espectáculos, conciertos y actividades deportivas, con participación de representantes de la cultura, la política, la ciencia y la religión.
La presencia de León XIV tiene, sin embargo, una dimensión política evidente por el perfil de algunos de los participantes. En el programa de la jornada aparecen el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, además de dirigentes del Gobierno italiano como el ministro de Exteriores, Antonio Tajani, y el ministro de Transportes, Matteo Salvini.
El encuentro también tiene un antecedente que explica parte de la expectativa generada en Italia. Se trata de la primera visita de un pontífice al Meeting desde la presencia de Juan Pablo II en 1982, hace 44 años. Vatican News y medios italianos han destacado precisamente ese intervalo como uno de los elementos que otorgan un carácter histórico a la llegada de León XIV.
La agenda del Papa en Rímini no terminará con su participación en el Meeting. Según el programa publicado por la diócesis, después del encuentro acudirá a la catedral para reunirse con enfermos, personas con discapacidad y pobres atendidos por Cáritas. Más tarde celebrará una misa en la zona del puerto de la ciudad.
La organización del Meeting espera una importante movilización de participantes. La ciudad de Rímini ha presentado el acontecimiento como uno de los grandes momentos de su calendario de verano y ha previsto una amplia participación de voluntarios y asistentes.
La visita de León XIV, por tanto, reúne en unas cuantas horas varios de los asuntos que han marcado su pontificado: la defensa de la dignidad humana, la preocupación por los conflictos, la necesidad de recuperar la convivencia y el papel de los jóvenes y de las comunidades en la construcción de la paz.
Más que una incursión en la política partidista, su paso por San Marino y Rímini plantea un mensaje sobre la responsabilidad de la vida pública y sobre la necesidad de mantener abiertos los espacios de diálogo. En una Europa atravesada por tensiones y conflictos, el Papa vuelve a colocar la fraternidad y el bien común en el centro de su discurso.

