El Papa León XIV exhortó este sábado 29 de agosto a los cristianos a no permitir que las heridas u ofensas sufridas hagan que el mal “desfigure nuestra humanidad y corrompa nuestros corazones”.
El Santo Padre hizo este llamado durante la Misa celebrada con motivo de la fiesta de la Virgen del Lago, en la iglesia de María Santísima del Lago, en Castel Gandolfo, donde más tarde, sobre una embarcación, participó en la tradicional procesión mariana sobre las aguas del Lago Albano.
“Queridos hermanos y hermanas, tenemos tanta necesidad de vida, de esperanza, de serenidad, de paz, en nosotros mismos, en nuestras ciudades, entre los pueblos y las naciones”, afirmó durante su homilía.
A continuación, el Pontífice lanzó una exhortación dirigida a quienes han experimentado heridas o agravios.
“Por eso, cualquiera que sea la herida, cualquiera que sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad y nos corrompa el corazón! No nos conformemos con la mentalidad del mundo”, señaló.
El Papa pidió, por el contrario, que “sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos ‘como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios’, para preservar y hacer crecer, en nosotros y en los demás, la dignidad infinita de la imagen divina que llevamos en el alma”.
“Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor y, con su ayuda, todo es posible”, agregó.
“Solo el amor salva”
En otro momento, León XIV reflexionó sobre el significado de la entrega de Cristo y recordó que el Señor manifestó su gloria “sacrificando libremente su vida y ofreciéndose a sí mismo en la cruz como pan partido”.
El Santo Padre recordó también las palabras de Jesús: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”.
“Jesús revela, así, que solo el amor salva. El amor que Dios nos mostró haciéndose hombre, muriendo y resucitando por nosotros y, como respuesta, aquel con el que también nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a los hermanos: en la fidelidad constante de la caridad de cada día, así como en los gestos más extraordinarios, hasta el martirio, a veces, como lamentablemente sucede también hoy a muchos cristianos en diversas partes de la tierra”, explicó.
El Papa evocó además una enseñanza de San Agustín para invitar a los fieles a sembrar el amor de Dios “sin cansarnos, sin medida”.
Perdonar no es señal de debilidad
El Papa León XIV reconoció que la lógica del Evangelio puede resultar incomprensible para una mentalidad que mide la fortaleza en términos de imposición, respuesta o venganza.
“Lamentablemente, no todos comprenden la belleza, la bondad y la concreción de este sueño del Creador; es más, muchos piensan que es una utopía”, señaló.
“Poner la otra mejilla —dicen— es de perdedores, dar frente al rechazo es de ingenuos, perdonar sin límites es de débiles”.
Sin embargo, recordó que incluso el apóstol Pedro tuvo dificultades para comprender esta nueva manera de pensar. “Pero Jesús permanece categórico: solo el camino del amor es el camino de la vida”, agregó León XIV.
“El odio y la violencia” solo llevan a la destrucción
El Santo Padre advirtió de manera directa contra la tentación de responder al mal con más violencia.
“No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas”, afirmó.
También señaló que esta realidad puede verse “todos los días, desde lo pequeño de nuestra vida doméstica hasta el gran escenario del mundo”. “Todo confirma lo que Jesús nos enseñó: ‘quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por causa mía, la encontrará’”.
La procesión por el lago y las tempestades de la vida
Al final de su homilía, León XIV se refirió a la procesión de la Virgen del Lago, en la que la imagen mariana es llevada en una embarcación por las aguas del Lago Albano, y la relacionó con un episodio del Evangelio.
“El rito de la procesión sobre el lago, que realizaremos dentro de poco, nos recuerda también otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los hechos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el Lago de Tiberíades, alcanzó a los discípulos asustados caminando sobre las aguas y los condujo hasta la orilla calmando la tempestad”, explicó.
“Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de los vientos contrarios, los exhortó a tener fe y a orar, para recuperar la paz y, junto con Él, continuar navegando hacia la meta deseada”, añadió.
El Pontífice señaló que la celebración de la Eucaristía expresa también esta confianza en Dios.
“Con esta fe, esta noche participamos en la Eucaristía. Sobre el altar nos ofrecemos a nosotros mismos, junto con el pan y el vino. Y el Señor une nuestras ofrendas a la suya, las consagra y nos las devuelve, transformadas en su Cuerpo y en su Sangre, para que las compartamos como alimento para el camino”.
“Luego, como los discípulos, dejaremos juntos la orilla, llevando con nosotros la imagen de María, nuestro modelo y guía, para llevar a lo largo de las orillas del lago la bendición que hemos recibido”, continuó.
María, modelo y guía
El Papa León XIV recordó que la pequeña iglesia de María Santísima del Lago fue consagrada por San Pablo VI y forma parte de la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva.
“Estoy feliz de celebrar con ustedes la Fiesta de la Virgen del Lago, como ya lo hicieron en el pasado algunos de mis predecesores: San Pablo VI, que deseó y apoyó la construcción de esta iglesia dedicada a María y la consagró, y San Juan Pablo II, que aquí quiso recordar su memoria y renovar su mensaje”, señaló.
Finalmente, León XIV invitó a los fieles a permanecer unidos a Cristo y a la Virgen María, especialmente en medio de las dificultades del mundo.
“Acerquémonosesta noche, a Jesús y a María, al Hijo y a la Madre, para ser, unidos, no solo sobre el lago, sino en todas las noches del mundo, un reflejo sereno de la presencia de Dios y un eco irresistible de su amor que invita a amar”.
Al terminar la Misa, inició la tradicional procesión presidida por el Papa León XIV. La Virgen fue llevada en andas desde el templo hasta la orilla del lago, donde fue embarcada para realizar un recorrido de unos 25 minutos por sus aguas. Una decena de barcas, canoas y lanchas acompañaron la jornada de oración, y numerosos fieles. La celebración concluyó con el regreso de la imagen y la bendición final del Pontífice.
ACI PRENSA


