Los avances con cerdos genéticamente modificados han llevado los xenotrasplantes desde los laboratorios hasta los primeros pacientes humanos, pero el rechazo inmunológico y la posibilidad de transmitir infecciones de origen animal mantienen abierta una pregunta decisiva sobre el futuro de esta medicina.
Durante décadas, la medicina de trasplantes ha vivido con una paradoja cruel: existen pacientes que podrían salvarse con un órgano nuevo, pero no siempre existe un donante a tiempo. Los cerdos han aparecido como una posible respuesta porque algunos de sus órganos tienen dimensiones y características fisiológicas comparables a las humanas. El desafío consistía en conseguir que el cuerpo humano los aceptara.
La edición genética cambió radicalmente ese panorama. Los investigadores pueden modificar el genoma del animal para eliminar moléculas que provocan una respuesta inmunitaria inmediata, introducir genes humanos capaces de regular determinadas funciones y, en algunos casos, inactivar retrovirus presentes en el propio ADN del cerdo.
El avance dejó de ser puramente experimental en marzo de 2024, cuando cirujanos del Massachusetts General Hospital realizaron el primer trasplante de un riñón procedente de un cerdo genéticamente modificado a una persona viva. El animal había recibido 69 modificaciones genéticas. Según Nature Biotechnology, algunas eliminaron genes relacionados con moléculas que desencadenan el rechazo, otras incorporaron genes humanos relacionados con inmunidad y coagulación y un grupo adicional inactivó retrovirus endógenos porcinos.
El resultado fue histórico, pero no definitivo. El receptor murió casi dos meses después de la intervención, una evolución que recordó a los investigadores que superar el rechazo inicial no equivale a resolver todos los problemas del xenotrasplante. Un segundo paciente recibió otro riñón modificado en enero de 2025 y, posteriormente, un receptor llegó a vivir ocho meses con un riñón porcino, el periodo más prolongado registrado hasta entonces para un trasplante de este tipo, según Nature Biotechnology.
La investigación tampoco se limita a los riñones. En 2025, un estudio publicado en Nature describió un trasplante de hígado porcino genéticamente modificado en una persona. Los investigadores informaron que no detectaron en el receptor el retrovirus endógeno porcino conocido como PERV ni el citomegalovirus porcino durante el seguimiento descrito. Estos resultados son alentadores, aunque corresponden a experiencias muy tempranas y no permiten afirmar todavía que la técnica sea segura para un uso generalizado.
Y aquí aparece el dilema que hace especialmente delicados a los xenotrasplantes. Un órgano animal no trae únicamente células y vasos sanguíneos. Puede llevar microorganismos capaces de adaptarse a un nuevo huésped. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos advierte que la preocupación incluye agentes infecciosos conocidos y desconocidos, así como virus que podrían permanecer latentes y manifestarse años después. El riesgo no termina necesariamente en el paciente: una infección que lograra transmitirse podría afectar también a sus contactos.
Los PERV ocupan un lugar especial en esa preocupación. Son retrovirus integrados en el genoma de los cerdos, por lo que no basta con intentar eliminarlos mediante los procedimientos convencionales utilizados para otros microorganismos. La posibilidad teórica de que algunos puedan infectar células humanas llevó a los investigadores a desarrollar cerdos en los que esos elementos virales han sido inactivados mediante edición genética.
Hasta ahora, la evidencia disponible ofrece una noticia tranquilizadora, aunque no absoluta. Las revisiones científicas señalan que no se ha demostrado transmisión de PERV a seres humanos como consecuencia de los xenotrasplantes estudiados. Pero ausencia de evidencia no significa riesgo cero, especialmente cuando el número de pacientes tratados es todavía reducido y el seguimiento a largo plazo continúa siendo indispensable.
Además de los retrovirus, existen otros microorganismos porcinos que deben vigilarse. Un episodio ocurrido después del primer trasplante de corazón de cerdo en un paciente vivo mostró por qué la vigilancia resulta crucial: tras la muerte del receptor se detectó material correspondiente a citomegalovirus porcino en el órgano trasplantado. El caso impulsó una revisión de los protocolos de detección y control de patógenos.
La estrategia actual es, por ello, mucho más amplia que modificar algunos genes. Los animales destinados a estos procedimientos deben proceder de instalaciones con controles sanitarios estrictos, someterse a pruebas para detectar agentes infecciosos y mantenerse bajo vigilancia. La FDA conserva guías específicas sobre los aspectos preclínicos, clínicos y de bioseguridad de los xenotrasplantes.
La carrera científica continúa porque la necesidad es enorme. Nature Medicine señaló en 2025 que los trasplantes de riñones porcinos ya estaban entrando en ensayos clínicos, aunque persistían interrogantes fundamentales antes de que pudieran convertirse en una práctica cotidiana. El objetivo no es simplemente conseguir que un órgano funcione durante unas semanas, sino demostrar que puede hacerlo durante periodos prolongados sin provocar un rechazo devastador ni introducir una amenaza infecciosa.
La verdad es que los xenotrasplantes plantean una de esas decisiones médicas en las que el éxito tiene dos caras. Para una persona sin otra alternativa, recibir un órgano de cerdo podría significar una oportunidad extraordinaria. Para la sociedad, sin embargo, cada procedimiento exige pensar más allá del paciente y considerar un riesgo biológico que puede ser difícil de prever.
Por ahora, los cerdos modificados genéticamente no han resuelto la escasez mundial de órganos. Pero han conseguido algo que hace pocos años parecía todavía lejano: demostrar que un órgano animal puede funcionar en un cuerpo humano durante meses. El siguiente paso será mucho más exigente. La medicina tendrá que demostrar que esa segunda oportunidad puede llegar sin convertir una solución para un paciente en un problema para muchos.


