El argentino Mariano Navone protagonizó una de las mayores sorpresas del US Open al derrotar en cinco sets a Novak Djokovic, quien sufrió su primera eliminación en una ronda inicial de Grand Slam desde 2006 después de combatir durante más de cuatro horas contra su rival y contra serios problemas físicos.
El Abierto de Estados Unidos apenas comenzaba y ya produjo uno de esos resultados capaces de cambiar el ánimo de todo un torneo. Mariano Navone, ubicado entre los primeros 50 jugadores del mundo, eliminó a Novak Djokovic en la primera ronda tras imponerse por 7-6, 5-7, 4-6, 6-2 y 6-1 en un partido que se prolongó durante cuatro horas y 36 minutos en la pista Arthur Ashe.
La victoria tiene una dimensión especial porque Djokovic jamás había perdido en su debut en el US Open. Además, el serbio no sufría una derrota en la primera ronda de un torneo de Grand Slam desde el Abierto de Australia de 2006, cuando apenas tenía 18 años. El sitio oficial del US Open confirmó que el triunfo de Navone puso fin a esa extraordinaria racha que había acompañado al campeón durante dos décadas.
Para Djokovic, de 39 años y ganador de 24 títulos de Grand Slam, el golpe llega precisamente cuando buscaba en Nueva York un nuevo intento por alcanzar el histórico número 25. Su eliminación también significa que tendrá que esperar, al menos hasta el próximo grande, para intentar convertirse en el primer tenista de la historia en conquistar esa cifra en individuales.
El encuentro, sin embargo, estuvo marcado desde muy temprano por las dificultades físicas del serbio. Djokovic comenzó a mostrar problemas con el calor y la humedad, necesitó atención médica y llegó a vomitar en varias ocasiones. Conforme avanzó el partido aparecieron además los calambres y molestias en la espalda y el hombro, una combinación que terminó reduciendo de manera evidente su movilidad y capacidad para sostener los intercambios.
La situación no parece ser completamente nueva. Según informó Reuters, Djokovic ya había afrontado dificultades físicas similares durante su reciente participación en Cincinnati, donde también perdió ante el argentino Thiago Tirante. Después de aquel encuentro, el serbio había reconocido que las condiciones de calor y humedad habían representado un problema.
En Nueva York, el propio Djokovic fue todavía más explícito. De acuerdo con declaraciones recogidas por el US Open, explicó que llevaba lidiando con vómitos y un deterioro físico durante buena parte de la temporada y admitió que estaba intentando comprender qué estaba ocurriendo y hasta dónde podía continuar en esas condiciones.
La frase resulta especialmente significativa porque no procede de un jugador que acostumbre a abandonar la pelea ante la adversidad. Durante buena parte de su carrera, Djokovic ha construido precisamente su reputación sobre la capacidad de resistir cuando parece físicamente derrotado. Esta vez, esa reserva pareció agotarse.
Y, sin embargo, estuvo cerca de conseguirlo otra vez.
Después de perder el primer set en el desempate, Djokovic reaccionó con la autoridad de un campeón. Ganó el segundo parcial, tomó el control del tercero y llegó a ponerse en ventaja en el cuarto. Durante algunos minutos parecía que Navone tendría que contemplar cómo se le escapaba una oportunidad que difícilmente volverá a presentarse de la misma manera.
Pero el argentino no se descompuso. Mantuvo la presión, prolongó los intercambios y siguió obligando a Djokovic a recorrer la pista. Cuando llegaron los problemas físicos del serbio, Navone tuvo la serenidad necesaria para aprovecharlos sin perder concentración.
El cuarto set fue el punto de quiebre. Djokovic consiguió colocarse 2-1 por delante después de romper el servicio, pero a partir de ahí comenzó a perder capacidad de respuesta. Navone ganó ocho juegos consecutivos entre el cierre de ese parcial y el comienzo del quinto, una secuencia que convirtió una batalla equilibrada en una victoria contundente.
Reuters destacó que el argentino no se limitó a esperar el desplome de su rival. Navone jugó con agresividad, buscó profundidad y mantuvo un nivel de intensidad que obligó al serbio a competir constantemente desde posiciones incómodas. La diferencia física terminó siendo decisiva, pero el triunfo también tuvo mucho del mérito del vencedor.
Para Navone, de 25 años, se trata de la mayor victoria de su carrera. El argentino nunca había derrotado a Djokovic y tampoco había ganado anteriormente un partido a cinco sets, por lo que el escenario no podía ser más exigente. Frente a miles de espectadores en la Arthur Ashe, consiguió sostener la tensión durante casi cinco horas y terminó celebrando el resultado más importante de su trayectoria.
La historia tiene incluso un componente personal. El propio Navone ha reconocido desde hace años su admiración por Djokovic. Por eso, vencer al jugador que había sido una referencia para él convirtió la noche en algo mucho mayor que una simple victoria en primera ronda.
“Es un sueño hecho realidad”, expresó Navone después del encuentro, según informó el US Open. El argentino destacó la magnitud del escenario y la posibilidad de haber disputado cinco sets contra uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.
La eliminación también modifica de inmediato el panorama del torneo. Djokovic era el cuarto cabeza de serie y uno de los principales nombres en la parte alta del cuadro. Su salida abre una oportunidad considerable para los jugadores que permanecen en esa sección y, sobre todo, elimina de golpe a uno de los candidatos que podía cambiar el rumbo del campeonato con una sola semana extraordinaria.
El contexto tampoco es menor. Jannik Sinner, número uno del mundo, no participa en esta edición por lesión, mientras Carlos Alcaraz regresa a la competición después de varios meses alejado de las pistas. Con Djokovic fuera desde el primer día, el US Open pierde a otra de sus figuras centrales antes incluso de que el torneo haya entrado en su segunda ronda.
Por eso, la derrota del serbio trasciende el resultado de un partido. No sería prudente convertirla automáticamente en una señal de retiro, pero sí resulta inevitable preguntarse cuánto puede exigir todavía su cuerpo a los 39 años. El propio Djokovic dejó abierta esa reflexión al reconocer que todavía intenta determinar qué está sucediendo con su estado físico.
El serbio se marchó de Nueva York con lágrimas después de una noche particularmente dura. Navone, en cambio, salió de la Arthur Ashe con la victoria que probablemente marcará un antes y un después en su carrera.
La verdad es que pocas veces una primera ronda deja una imagen tan poderosa. Un campeón de 24 Grand Slam, acostumbrado a sobrevivir a escenarios imposibles, terminó sin respuestas físicas. Frente a él, un argentino que llegó como un jugador peligroso pero poco conocido para el gran público aprovechó la oportunidad y escribió el capítulo más importante de su carrera.
Ahora Navone deberá demostrar que aquella noche no fue solamente un golpe de inspiración. El desafío comienza de inmediato: trasladar la confianza obtenida contra Djokovic a las siguientes rondas y confirmar que su irrupción en Nueva York puede tener continuidad.


