Más de 200 personas permanecen bajo vigilancia epidemiológica en Mérida después de que las autoridades confirmaran la presencia de Naegleria fowleri en un lago artificial de Plaza La Isla, donde un trabajador desarrolló una infección cerebral y murió.

La noticia ha provocado preocupación en Mérida, pero también exige precisión. No se trata de una enfermedad que esté propagándose entre la población ni de un microorganismo que pueda transmitirse de una persona a otra. El caso confirmado está relacionado con un cuerpo de agua específico ubicado al norte de la ciudad, mientras las autoridades mantienen bajo seguimiento a quienes estuvieron expuestos a ese sitio.

Los Servicios de Salud de Yucatán confirmaron el 14 de septiembre la presencia de Naegleria fowleri en muestras tomadas del lago artificial de Plaza La Isla. El Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos, InDRE, confirmó además que la muerte de un hombre de 34 años fue causada por meningoencefalitis amebiana primaria, una infección extremadamente rara provocada por esta ameba. La detección del mismo microorganismo en el agua estableció el cuerpo de agua como la vía probable de exposición.

El trabajador había ingresado a un hospital de Mérida el 2 de septiembre y falleció el día 8 después de presentar un deterioro neurológico grave. De acuerdo con los reportes publicados por El Financiero y La Jornada, durante su hospitalización requirió cuidados intensivos, ventilación mecánica y tratamiento con distintos medicamentos. Hasta ahora, las autoridades han señalado este como el primer caso registrado oficialmente en Yucatán.

La vigilancia epidemiológica se concentró en las personas que realizaron actividades acuáticas en el lago. Según información difundida por Quadratín Yucatán y posteriormente reportada por N+, inicialmente fueron identificadas más de 300 personas expuestas; una parte ya cumplió el periodo de observación y **242 permanecen bajo seguimiento**. La Secretaría de Salud estatal indicó que la vigilancia se prolongará durante aproximadamente un mes.

¿Por qué tanta atención si la infección es tan poco frecuente? Porque Naegleria fowleri puede causar una enfermedad muy grave. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, CDC, explican que la ameba vive naturalmente en tierra y agua dulce templada y que, en circunstancias excepcionales, puede entrar al organismo cuando agua contaminada penetra por la nariz. Desde allí puede llegar al cerebro y provocar meningoencefalitis amebiana primaria.

El mecanismo de infección es particularmente importante para entender el riesgo. Naegleria fowleri no se adquiere simplemente por beber agua contaminada y no se transmite entre personas. El problema aparece cuando el agua entra por la nariz, especialmente durante actividades como nadar, bucear o sumergir la cabeza. Los CDC consideran la infección muy rara, aunque casi siempre mortal cuando se desarrolla.

Por eso la vigilancia no significa que las 242 personas estén enfermas. Significa que tuvieron una exposición que justifica seguimiento médico. Los primeros síntomas pueden incluir dolor de cabeza, fiebre, náuseas y vómitos, y suelen aparecer alrededor de cinco días después de la exposición, aunque el intervalo puede variar entre uno y 12 días. Posteriormente pueden presentarse rigidez de cuello, confusión, pérdida del equilibrio, convulsiones y alucinaciones.

Mientras continúa el seguimiento, el lago permanece cerrado. Las autoridades sanitarias también investigan las condiciones de mantenimiento y calidad del agua y señalaron que el sitio no está conectado con otros espacios recreativos ni con la red de agua potable. Para una persona que no estuvo en contacto con ese cuerpo de agua, estos datos son relevantes: la confirmación del microorganismo allí no equivale a una contaminación general del suministro de Mérida.

La situación deja, además, una pregunta sanitaria que va más allá de este caso. Los cuerpos de agua destinados a actividades recreativas requieren mantenimiento, desinfección y vigilancia constantes. Los CDC señalan que, aunque la infección es excepcional, también se han producido casos asociados con instalaciones recreativas deficientemente mantenidas.

La verdad es que el nombre popular de «ameba comecerebros» puede generar más miedo que información. Lo importante ahora es distinguir el riesgo real de la alarma generalizada: existe una infección confirmada y grave asociada con un sitio concreto, hay cientos de personas bajo seguimiento y el lago permanece suspendido. La respuesta sanitaria debe centrarse en identificar oportunamente cualquier caso, investigar las condiciones que permitieron la presencia del microorganismo y garantizar que los espacios acuáticos cumplan las condiciones necesarias antes de volver a operar.