El auge de la inteligencia artificial beneficia de forma desigual a América Latina
Notipress.- La expansión de las inversiones en inteligencia artificial (IA) en Estados Unidos está generando beneficios comerciales desiguales en América Latina. México, Chile y Perú destacan por su participación en las cadenas de suministro vinculadas con infraestructura tecnológica, mientras Brasil y Colombia reciben una promoción más limitada, de acuerdo con un análisis de Deutsche Bank Research Institute.
Esta diferencia responde principalmente a dos canales comerciales: la demanda de cobre para infraestructura eléctrica y centros de datos, y el crecimiento de las importaciones estadounidenses de computadoras y productos electrónicos. Los beneficios se concentran en países con capacidad exportadora en esos sectores, sin extenderse de manera uniforme a otras materias primas.
Desde 2023, la inversión fija total de Estados Unidos aumentó cerca de 12%, sostenida especialmente por actividades relacionadas con IA. La inversión en equipos de procesamiento de información creció aproximadamente 57%, mientras el gasto en software avanzó 35% y el destinado a investigación y desarrollo aumentó alrededor de 15%.
Contrasta este comportamiento con el estancamiento de la inversión europea y el retroceso registrado en China. La expansión estadounidense incrementó la demanda de componentes, minerales y equipos necesarios para desarrollar infraestructura tecnológica.
Chile y Perú aprovechan la demanda de cobre
El cobre constituye el vínculo más significativo entre la expansión de infraestructura de IA y las exportaciones latinoamericanas de materias primas. Se utiliza en cables eléctricos, transformadores, subestaciones, placas de servidores y sistemas de refrigeración.
Por su parte, el incremento de la demanda estadounidense favoreció las importaciones procedentes de Chile y Perú, especialmente del primero. La evolución de los precios y los volúmenes exportados también contribuyó a mejorar sus balances externos.
Chile registró un superávit de cuenta corriente equivalente a 0.2% del Producto Interno Bruto (PIB) al segundo trimestre de 2026, medido sobre cuatro trimestres móviles, el primero en aproximadamente quince años. Perú alcanzó un superávit de 4.5% del PIB bajo la misma medición, su mayor nivel en alrededor de 45 años.
Sin embargo, el comportamiento de otros minerales muestra que el impulso no alcanza por igual a toda la actividad minera regional. Las importaciones estadounidenses de níquel se recuperaron hacia niveles anteriores a la pandemia, sin presentar una expansión sostenida comparable con la del cobre.
En el caso del zinc, las mayores compras estadounidenses a México y Perú reflejan parcialmente una sustitución de proveedores brasileños, más que un aumento decisivo de la demanda total.
México y electrónicos
A diferencia de Chile y Perú, México obtiene sus principales beneficios mediante las exportaciones manufactureras de computadoras y productos electrónicos.
Coincidió el crecimiento de las importaciones estadounidenses de estos bienes con una reducción de la participación de China como proveedor. México y varias economías asiáticas aprovecharon simultáneamente el aumento de la demanda y la reorganización de los suministros.
Así, la dinámica permitió que las exportaciones manufactureras mexicanas no automotrices, particularmente las electrónicas, superaran el desempeño de los envíos automotrices hacia Estados Unidos.
Un superávit comercial no petrolero contribuyó a compensar las presiones provenientes del balance petrolero. Como resultado, México registró una cuenta corriente equilibrada, equivalente a 0% del PIB al segundo trimestre de 2026, considerando cuatro trimestres móviles.
Aunque estos resultados representan una mejora comercial relevante, los economistas consideran que no necesariamente constituyen evidencia concluyente de una relocalización productiva o nearshoring. Parte del beneficio responde al aumento de las compras estadounidenses y al desplazamiento de proveedores chinos.
Brasil y Colombia con impulso limitado
Las diferencias sectoriales ayudan a explicar por qué Brasil y Colombia no registran beneficios comparables con los de México, Chile y Perú.
Pese a ello, el crecimiento de la inversión estadounidense en IA no se traduce automáticamente en una mayor demanda de todas las exportaciones latinoamericanas. Los vínculos más claros se encuentran en el cobre y los productos electrónicos, mientras otros minerales muestran recuperaciones menos persistentes o cambios en la distribución de proveedores.
Incluso entre los países beneficiados, las mejoras se observan principalmente en el comercio exterior y las cuentas corrientes, más que en un incremento claramente identificable de la inversión interna.
De acuerdo al análisis, la continuidad de estas ventajas dependerá también de la evolución del gasto estadounidense en infraestructura tecnológica. La escasez de procesadores, las limitaciones de suministro eléctrico y la competencia tecnológica podrían prolongar el ciclo de inversión.
No obstante, los mayores costos de financiamiento y la posibilidad de que los ingresos generados por la IA resulten insuficientes para justificar las inversiones representan riesgos para su continuidad.
En ese escenario, las exportaciones de cobre de Chile y Perú, junto con los envíos electrónicos de México, seguirían siendo los indicadores regionales más visibles de la demanda estadounidense asociada con inteligencia artificial.


