Las importaciones mexicanas de productos chinos sujetos a los nuevos aranceles disminuyeron 28.4 % entre enero y mayo de 2026, mientras el Gobierno de México apuesta por fortalecer la producción nacional y enfrenta el riesgo de una respuesta comercial de Pekín.

La estrategia arancelaria del Gobierno de México comienza a mostrar un efecto visible en el comercio con China. Entre enero y mayo de 2026, las importaciones mexicanas procedentes de ese país correspondientes a las mercancías alcanzadas por los nuevos gravámenes disminuyeron 28.4 % respecto del mismo periodo del año pasado.

El dato fue presentado este domingo por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, durante la reunión plenaria de Morena en la Cámara de Diputados. Según explicó el funcionario, el comportamiento forma parte de los primeros resultados del paquete arancelario que entró en vigor el 1 de enero y que modificó las tarifas para 1,463 fracciones de productos provenientes de naciones con las que México no mantiene tratados comerciales.

El ajuste no se limitó a China. De acuerdo con información publicada por El Economista, las importaciones correspondientes a esas 1,463 fracciones provenientes de países sin tratados de libre comercio disminuyeron 23.2 % durante los primeros cinco meses del año, al pasar de 15,383 millones a 11,808 millones de dólares. En el caso de China, la reducción fue todavía mayor, al pasar de 10,099 millones a 7,228 millones de dólares.

La diferencia resulta relevante porque China representa una parte considerable del comercio afectado. Taiwán registró una disminución de 32.7 %, Brasil de 29.6 %, Corea del Sur de 21.9 %, India de 12.3 % y Tailandia de 6.3 %, según los datos difundidos por la Subsecretaría de Comercio Exterior.

Por sectores, algunas de las caídas son especialmente pronunciadas. Las importaciones de autopartes disminuyeron 46.9 % y las de automóviles ligeros 35.4 %, mientras que el vestido registró una reducción de 28.7 %. El Gobierno también reportó descensos importantes en calzado, textiles y electrodomésticos.

Para Ebrard, estas cifras son una señal de que la política está cumpliendo uno de sus objetivos inmediatos. El secretario sostuvo que la disminución de las importaciones debe abrir espacio para una mayor producción mexicana, particularmente en ramas como el calzado, los textiles, el vestido, los electrodomésticos y los juguetes.

La apuesta, sin embargo, va más allá de reducir mercancías provenientes del exterior. El Gobierno de Claudia Sheinbaum planteó el paquete como una herramienta para elevar el contenido nacional de las cadenas productivas, fortalecer a los fabricantes mexicanos y proteger alrededor de 350,000 empleos.

La Secretaría de Economía había explicado desde finales de 2025 que el propósito central de la medida era proteger sectores considerados vulnerables frente a prácticas comerciales que, desde la perspectiva del Gobierno, generan condiciones de competencia desfavorables para los productores nacionales. El decreto también estableció que las mercancías originarias de países con los que México mantiene tratados comerciales pueden conservar los beneficios arancelarios previstos en esos acuerdos cuando cumplen con las reglas correspondientes.

La industria del calzado es uno de los ejemplos más claros. La Secretaría de Economía ya había anunciado medidas específicas para proteger a los fabricantes nacionales y a unos 130,000 trabajadores del sector. La reducción de las importaciones asiáticas puede representar una oportunidad para los productores mexicanos, aunque el verdadero desafío será comprobar si esa menor competencia extranjera se transforma en más producción, inversión y empleos dentro del país.

Y es que disminuir las importaciones no significa automáticamente aumentar la capacidad industrial. Para que la estrategia tenga efectos duraderos, las empresas mexicanas necesitan condiciones para producir a precios competitivos, acceso a financiamiento, infraestructura, insumos y mercados. De lo contrario, una parte de la demanda simplemente podría trasladarse hacia otros proveedores extranjeros.

En este punto aparece uno de los principales riesgos de la nueva política comercial. China ha cuestionado abiertamente los aranceles mexicanos y ha advertido que podría adoptar medidas de respuesta.

En marzo, el Gobierno chino afirmó que las medidas mexicanas afectan exportaciones de su país por más de 30,000 millones de dólares. Según reportó Reuters, el Ministerio de Comercio de China estimó que las tarifas podrían provocar pérdidas de unos 9,400 millones de dólares para los sectores mecánico y eléctrico chinos, además de señalar que Pekín se reserva el derecho de adoptar contramedidas.

La advertencia coloca a México ante un equilibrio delicado. Por un lado, el Gobierno busca evitar que productos importados a precios que considera artificialmente bajos desplacen a fabricantes nacionales. Por otro, China es un proveedor fundamental para la industria mexicana y cualquier escalada comercial podría encarecer insumos o complicar determinadas cadenas de suministro.

La tensión también ocurre en un momento particularmente sensible para la política comercial mexicana. México mantiene una relación económica profundamente vinculada con Estados Unidos y Canadá mediante el T-MEC, mientras busca fortalecer su producción interna y atraer nuevas inversiones bajo la estrategia de relocalización de cadenas productivas.

En ese escenario, los aranceles pueden convertirse en una herramienta de política industrial, pero también en un instrumento que debe administrarse con cuidado. El objetivo no debería ser simplemente comprar menos productos extranjeros, sino conseguir que una mayor proporción de la producción, el valor agregado y los empleos permanezca en México.

Los primeros datos muestran que el flujo comercial ya respondió a las nuevas condiciones. Falta saber qué ocurrirá en los siguientes meses y, sobre todo, si la caída de las importaciones chinas se reflejará en una recuperación tangible de las fábricas mexicanas.

Por ahora, el Gobierno considera que la señal es positiva. Pero el verdadero examen de la política arancelaria comenzará cuando la reducción de mercancías extranjeras pueda medirse junto con nuevos empleos, mayor producción nacional y más inversión. Ahí estará la diferencia entre una barrera comercial que simplemente encarece o desvía las compras y una política industrial capaz de recuperar capacidad productiva.