El rey Harald V murió este viernes a los 89 años en Oslo, después de más de tres décadas en el trono, dejando a Noruega de luto y dando paso inmediato a su hijo Haakon como nuevo monarca.
Noruega despertó este viernes con una noticia que marca el final de una era. El rey Harald V murió a las 6:35 de la mañana en el Hospital Nacional Rikshospitalet de Oslo, según confirmó el Palacio Real. Tenía 89 años y había permanecido hospitalizado desde mediados de agosto debido a problemas de salud.
La información oficial fue posteriormente confirmada por la Oficina del Primer Ministro noruego. El Gobierno señaló que Harald V nació el 21 de febrero de 1937 y dedicó más de tres décadas al servicio de Noruega. El primer ministro Jonas Gahr Støre expresó su profundo pesar y destacó el papel del monarca como una figura capaz de unir al país en momentos especialmente difíciles.
El fallecimiento pone fin a un reinado iniciado en 1991, cuando Harald sucedió a su padre, Olav V. Durante esos años, el monarca se convirtió en una figura asociada con una imagen cercana y moderna de la institución, en contraste con la rigidez que históricamente había acompañado a algunas casas reales europeas.
De acuerdo con el Gobierno noruego, Harald fue especialmente recordado por su capacidad para acompañar a la sociedad durante las grandes tragedias nacionales. Støre recordó su presencia después de los atentados del 22 de julio de 2011 y su respaldo a los ciudadanos en momentos de dolor. También destacó la calidez, sabiduría y apertura que, a juicio del Gobierno, caracterizaron su relación con el pueblo noruego.
Su figura había adquirido además un significado particular por su manera de entender la diversidad de la sociedad. En un discurso pronunciado durante las celebraciones por sus 25 años en el trono, Harald defendió una Noruega en la que hubiera espacio para personas con diferentes creencias, identidades y formas de vida.
La noticia produjo muestras inmediatas de duelo en Oslo. El Gobierno decretó un periodo de luto nacional desde el día del fallecimiento hasta el funeral y ordenó que las banderas de las instituciones estatales permanecieran a media asta durante ese periodo. La Oficina del Primer Ministro también informó que se celebraría un Consejo de Estado extraordinario con el nuevo rey.
Y es que la sucesión en Noruega no deja un vacío en la jefatura del Estado. Según las normas constitucionales citadas por el Gobierno, cuando muere un monarca, la persona que ocupa el siguiente lugar en la línea sucesoria se convierte automáticamente en rey. Por ello, el príncipe heredero Haakon asumió el trono tras la muerte de su padre.
Haakon, de 53 años, llega a la Corona después de haber ejercido durante los últimos años numerosas funciones como regente debido a los problemas de salud de Harald. Reuters informó que el nuevo monarca asumirá el nombre de Haakon VIII. Su hija, la princesa Ingrid Alexandra, de 22 años, pasa a ser la heredera al trono.
La transición se produce, además, en un momento delicado para la familia real. En los últimos años, la institución ha enfrentado controversias relacionadas con algunos de sus integrantes, entre ellas las vinculadas con Mette-Marit, esposa de Haakon, y su hijo Marius Borg Høiby. Estos episodios han colocado a la monarquía bajo una atención pública particularmente intensa.
Harald, sin embargo, deja una imagen que trasciende esas controversias. Reuters y otros medios internacionales destacaron su popularidad y su papel como un monarca reformista, cercano y dispuesto a adaptar la institución a una sociedad noruega cada vez más diversa.
Su vida también estuvo marcada por circunstancias excepcionales. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando era niño, Harald y su familia tuvieron que abandonar Noruega tras la invasión alemana. Pasó parte de su infancia en Estados Unidos antes de regresar posteriormente a su país.
Décadas después, su matrimonio con Sonja Haraldsen también representó una ruptura con antiguas convenciones. La pareja se casó en 1968 pese a que ella no pertenecía a una familia real o aristocrática. Con el paso del tiempo, aquella decisión terminó convirtiéndose en uno de los rasgos más reconocibles de la evolución de la monarquía noruega.
Harald fue también un apasionado de la navegación y representó a Noruega en varias ediciones de los Juegos Olímpicos. Esa faceta deportiva contribuyó a reforzar una imagen pública poco distante para un jefe de Estado que, pese a ocupar una posición ceremonial, mantuvo durante décadas una relación estrecha con la vida cotidiana del país.
El Palacio Real informó que Harald murió pacíficamente. El Gobierno noruego, por su parte, ha comenzado a coordinar las ceremonias correspondientes al periodo de duelo y al cambio de monarca.
Noruega entra así en una nueva etapa. La bandera a media asta y las muestras de afecto hacia Harald marcan el cierre de un reinado de 35 años, mientras Haakon VIII asume una Corona que hereda no solo las responsabilidades constitucionales, sino también el desafío de preservar la confianza y la cercanía que su padre consiguió construir durante más de tres décadas.


