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Pablo Gamboa perdió la gubernatura en el 2024.

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Pablo Gamboa perdió la gubernatura en el 2024.

Pablo Gamboa, candidato del PRI a diputado por el distrito 3 federal con sede en Mérida, sabe que la derrota sufrida el pasado 6 de junio mató toda posibilidad de triunfo en el 2024, si es que pretendía ser el candidato a gobernador de los tricolores. La victoria era el boleto para la gran rifa, pero se quedó fuera de la jugada al perder la elección.

Lo habíamos vaticinado con precisión, su derrota era “bola cantada”. Y no porque fuera un mal candidato, sino porque había que cuidar las formas para que su candidatura no se tomara como una imposición. Por el contrario, su candidatura debería ser el resultado de un ejercicio democrático. Sin embargo optó por el camino fácil, el del acuerdo cupular y de esa forma se agenció además de la candidatura por mayoría, una plurinominal segura. Él intentó vender la idea de que Alito Moreno “premiaba” con una pluri a los que se la “rifaran” en el territorio y la historia terminó torcida, pues solo le tocó a él. Una vez más el privilegio de ser hijo de quien es, le permitió la posición.

Ya de frente y como si las circunstancias no le fueran adversas, Pablo tomó muy malas decisiones. La principal fue considerar que debía atar su destino al de “el gordito Marin”.

¿Quién le dijo a Pablo que su compadre podía ganar?. Como si fuera Rommel se subió a la plataforma de tres pisos y se lanzó el clavado, solo que la piscina para su desfortuna, estaba vacía. ¿Será que se creyó ese cuento de que Jorge Carlos era el Delfín de Vila y que todo estaba “planchado”?. Tal vez creyó ese cuento.

Pablo nunca ganaría jugando con las condiciones actuales, por muchas razones, pero una en especial, porque aún es considerado un “hijo de Papá”. Pablo muestra rasgos de acentuada inmadurez, soberbia y arrogancia que lo alejan de las grandes y sólidas alianzas que se necesitan para lograr los objetivos en esta competida arena política.

No comprendió que no bastaba con el apellido, ni con los padrinazgos, ni con los compadrazgos, al menos no en estos tiempos. Pareciera que vivió todo el proceso en una burbuja donde todos le rendían pleitesía, donde los cortesanos vivían por y para él pregonando que “él sería el próximo Gobernador de Yucatán”; algo irreal definitivamente.

En el mundo real, donde ya le hicieron ver su verdadera situación, no hay cabida para los “privilegiados”, es decir, nada para los “Juniors”. El pueblo es sabio y justiciero, ya es más estricto al juzgar a un político en campaña. Ya no le tolera nada, le toma todo pero no le compra nada.

¿Por qué Pablo perdió ante Rommel y Oscar Brito?, ¿por qué quedó en tercer lugar?. Queda claro que la imagen fresca de ciudadano es poderosa, y ellos la proyectaron. Pablo en cambio mostró una imagen anquilosada, anclada a la de un PRI inerte y quebrado. Su mensaje nunca avivó los corazones de las mayorías y su petulancia lo hizo cometer errores que lo exhibieron muy feo, como cuando afirmó que la elección estaba entre dos, él y Rommel. Al final vimos que ciertamente fue entre dos, pero entre Rommel y Brito, de hecho, muy cerrado el conteo.

Dentro del PRI son más los que se alegran de su derrota que los que lo alientan. Eso se explica por la guerra intestina que se vive en el seno tricolor. Pablo no es símbolo de unidad, ni de solidaridad, menos de empatía, ahí queda el pasaje de su desencuentro con Diego Lugo. “Un huiro no puede dirigir al PRI”, un pasaje que nadie olvida y que divide a los unos de los otros.

Un gravísimo error que ha cometido Pablo, ha sido brindarle respaldo incondicional y desmedido a Francisco “pumba” Torres como presidente estatal del PRI y que lo ha conducido al sumidero de la historia. Nefasto por cualquier ángulo que se le quiera ver. Pablo Gamboa le dio la espalda a todos aquellos priistas que fueron pisados por el derrotado dirigente. Ni una sola crítica a su cochina gestión, evidenciando su falta de responsabilidad, compromiso y lealtad con la militancia que ha sufrido y padecido la falta de liderazgo y sus abusos de poder. Tampoco ha condenado la bruma de alcoholismo que reina en el tricolor.

La salida de Alejandrina Leon, Regidora del Ayuntamiento de Mérida y Secretaria General del CDM del PRI en la Ciudad, fue un suceso que Pablo bien pudo evitar y que le hubiera redituado al PRI una alternativa viable para ganar el distrito 7. Pero Alejandrina no recibió apoyo de Pablo cuando peleó su derecho a ser la candidata a diputada por el distrito 3 estatal. Al contrario, fustigación, amedrantamiento y condena fue lo que se ganó del flamante compadre de el “gordito Marín”. Finalmente, ella se fue a Morena y compitió por el distrito 7.

La estructura territorial de Pablo Gamboa también sufrió el desgaste abusivo de su campaña. Testimonios de varios operadores afirmaban que fueron contratado para hacer trabajo del candidato, pero terminaron haciendo trabajos de otros candidatos, lo que causó grandes molestias e inconformidades. Todo empezó con el reparto de volantes y luego la carga de trabajo se fue dobleteando, aseguran.

Nada pudo parar la debacle. Ya no se trataba de dinero, ni de apoyos, sino de capacidades. Pablo perdió toda posibilidad de triunfo en el momento en el que el PRI dejó de ser confiable para la sociedad y la gente dejó de verlo como algo valioso. Solo veían al candidato como sinónimo de despensa, dinero para pagar su luz, su renta, etcétera. No había candidato sino tablita de salvación.

Perder la elección no fue una casualidad, ni un error de cálculo. Es el resultado de tomar malas decisiones. Hubiera sido mejor que ni jugara una de mayoría. Ligarse a la derrota de Ramírez Marín no tiene méritos, ni da puntos, ni da prestigio. Pablo Gamboa Miner pasó a engrosar la lista de los grandes perdedores de la historia reciente de la vida política yucateca, a lado de: Víctor Caballero, Mauricio Sahui, Rolando Zapata, Felipe Cervera, Jorge Carlos Ramírez Marín.

Y con ello, dijo adiós a toda posibilidad de ser gobernador en el 2024.

La neta del Planeta.- Llegará a la Cámara de Diputados a pesar de haber sido derrotado, tratará de librarse de ese grillete, pero, la derrota lo perseguirá siempre como su misma sombra. Porque no entendió que no se trata de llegar, sino de saber llegar. Los tiempos han cambiado, aquello que no se logra con humildad, justicia y esmero no rinde frutos.