El presidente iraní rechazó en Nueva York las acusaciones de que su gobierno haya intentado asesinar a Donald Trump, mientras sostuvo que Teherán está dispuesto a negociar, pero no bajo amenazas o condiciones impuestas mediante la fuerza.

El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, aprovechó su presencia en Nueva York con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas para defender la posición de su gobierno frente a Estados Unidos y negar que Teherán haya buscado asesinar a Donald Trump o a integrantes de su familia.

Durante una sesión con periodistas celebrada el jueves en un hotel de Manhattan, Pezeshkian afirmó que el asesinato del presidente estadounidense nunca ha formado parte de la posición oficial de Irán, ni de manera abierta ni encubierta. La declaración se produjo después de que funcionarios estadounidenses hayan acusado anteriormente a Irán de estar relacionado con planes para atentar contra Trump.

La respuesta del mandatario iraní llegó en uno de los momentos más delicados de la relación bilateral. Estados Unidos e Irán mantienen un conflicto militar que comenzó después de los ataques estadounidenses e israelíes contra territorio iraní en febrero y que, siete meses después, continúa acompañado de amenazas cruzadas y esfuerzos diplomáticos intermitentes.

La presencia de Pezeshkian en territorio estadounidense resulta particularmente inusual precisamente por ese contexto. La delegación iraní fue autorizada a permanecer en Estados Unidos exclusivamente para participar en actividades vinculadas con Naciones Unidas y está sujeta a restricciones de desplazamiento establecidas por el Departamento de Estado.

El presidente iraní llegó a Nueva York después de pronunciar un discurso ante la Asamblea General en el que sostuvo que su país no aceptará someterse a la presión estadounidense. Al mismo tiempo, dejó abierta la puerta al diálogo y afirmó que Irán está dispuesto a negociar siempre que las conversaciones no estén condicionadas por amenazas o por el uso de la fuerza.

La posición coincide con señales diplomáticas que se habían producido durante los días previos. Según Reuters, funcionarios iraníes habían comunicado a través de intermediarios que Teherán estaba dispuesto a reabrir el estrecho de Ormuz si Estados Unidos reducía la presión militar y levantaba el bloqueo sobre los puertos iraníes. La delegación iraní en Nueva York recibió autorización para participar en conversaciones diplomáticas.

El estrecho de Ormuz constituye uno de los principales puntos estratégicos del conflicto debido a su importancia para el transporte internacional de petróleo. Las restricciones sobre el tráfico marítimo han contribuido a elevar la incertidumbre en los mercados energéticos y han convertido cualquier amenaza relacionada con esa vía marítima en un asunto de alcance internacional.

Mientras tanto, Washington mantiene una postura de presión. Donald Trump ha amenazado públicamente con intensificar las acciones contra Irán si no se alcanza un acuerdo, aunque también ha expresado disposición a negociar. Durante su discurso ante Naciones Unidas sostuvo que todavía existe la posibilidad de alcanzar un arreglo que permita poner fin al conflicto.

La situación coloca a ambos gobiernos ante una combinación poco habitual de confrontación militar y contactos diplomáticos. No existe un acuerdo de paz ni un nuevo alto el fuego consolidado, pero los canales indirectos de comunicación permanecen abiertos a través de países intermediarios.

En su encuentro con periodistas, Pezeshkian también abordó las acusaciones relacionadas con las amenazas contra Trump. En los últimos años, las autoridades estadounidenses han señalado diferentes investigaciones y acusaciones vinculadas con posibles planes de ciudadanos iraníes para atentar contra el presidente estadounidense. En noviembre de 2024, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos contra tres personas a las que relacionó con un supuesto complot para asesinar a Trump antes de las elecciones presidenciales.

La administración estadounidense también ha denunciado amenazas provenientes de medios y sectores vinculados al aparato político iraní. En agosto, el Servicio Secreto confirmó que estaba al tanto de un video difundido por la televisión estatal iraní que parecía contener una amenaza contra Barron Trump, hijo menor del presidente estadounidense.

Las declaraciones de Pezeshkian no eliminan esas acusaciones ni resuelven las investigaciones estadounidenses. Representan, en cambio, la posición oficial expresada por el presidente iraní, quien sostiene que el Gobierno de Teherán no ha ordenado ni respalda una política de asesinatos contra Trump o su familia.

Otro de los asuntos abordados durante la reunión fue la situación de Mojtaba Khamenei, líder supremo de Irán desde la muerte de su padre, Ali Khamenei. Pezeshkian aseguró haber mantenido una reunión presencial con él aproximadamente un mes antes y afirmó que lo encontró en buenas condiciones físicas.

La afirmación adquiere relevancia porque Mojtaba Khamenei ha tenido una presencia pública limitada durante el conflicto. La falta de apariciones ha alimentado especulaciones sobre su estado y sobre la manera en que se está tomando decisiones estratégicas dentro del gobierno iraní. La inteligencia estadounidense ha sostenido que continúa desempeñando un papel importante en la conducción de la guerra.

Pezeshkian también defendió la capacidad de Irán para continuar resistiendo las presiones internacionales. Señaló que las sanciones estadounidenses y los efectos de la guerra han agravado problemas económicos que ya existían antes del conflicto y describió las sanciones como una forma de presión que afecta directamente a la población.

La economía iraní enfrenta inflación, restricciones comerciales y dificultades para acceder a determinados productos. Estas condiciones se suman a los daños provocados por meses de enfrentamientos militares y a las interrupciones en las rutas de comercio regional.

En materia militar, el presidente iraní sostuvo que las bases estadounidenses en Medio Oriente constituyen objetivos legítimos desde la perspectiva de Teherán porque algunas de ellas han sido utilizadas para realizar ataques contra Irán. También afirmó que numerosas instalaciones estadounidenses en la región han sufrido daños durante el conflicto.

Un informe publicado recientemente por un organismo de supervisión del Pentágono confirmó que ataques iraníes provocaron daños en cientos de edificios y estructuras ubicados en instalaciones militares estadounidenses en Medio Oriente durante los primeros meses de la guerra.

El intercambio de declaraciones deja un escenario todavía abierto. Irán afirma que está dispuesto a negociar, pero rechaza hacerlo bajo amenazas; Estados Unidos mantiene la presión militar y económica mientras su presidente asegura que todavía busca una solución negociada.

La presencia simultánea de ambos discursos en Nueva York refleja precisamente la contradicción que domina el conflicto: mientras las fuerzas de ambos países continúan enfrentándose y los gobiernos intercambian amenazas, los canales diplomáticos permanecen activos. La Asamblea General de Naciones Unidas se ha convertido así en uno de los principales escenarios para medir si esas conversaciones pueden producir algún resultado concreto.