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Por televisión, hay un retroceso educativo

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La educación es un esfuerzo comunitario que involucra a todos los sectores de la sociedad, no solamente es competencia de las autoridades escolares, personal docente, familia y alumnos. También importa para todos, inclusive los sectores productivos y económicos, sociales y culturales. Ya que la educación implica avanzar en los procesos de adquisición de conocimientos, habilidades y actitudes que conforman las competencias necesarias para el desenvolvimiento, integración y mejoramiento social.

El reto de la educación para este milenio implica hacer el vuelco de la instrucción dogmática y magistral donde el maestro, poseedor de las verdades absolutas, vertía su conocimiento ante la pasividad del estudiante. El rol del maestro, por lo tanto, es de facilitador, de guía, promotor que asume una estrategia para hacer más autónomo y activo al estudiante de su propio proceso de aprendizaje.

Es también muy cierto que la pandemia del Covid-19 nos vino a cambiar profundamente la realidad social e interacción por el riesgo de los contagios, que ya estamos asumiendo que no podremos regresar a la anterior normalidad.

La educación, como base fundamental de nuestro sistema social, experimentó de la noche a la mañana siguiente una necesaria transformación para entrar de lleno a la digitalización. Una integración que simplemente se adelantó en el tiempo por la emergencia sanitaria por lo menos 10 años. Esas herramientas de teleeducación ya existían y su aplicación ya habían sido abordadas como alternativas que por la presencia del Covid-19 se convirtieron en la opción.

Ahora el Estado mexicano, para subsanar la ausencia de clases presenciales ante el riesgo del contagio, emprende una estrategia de convertir la televisión en el medio instruccional con la finalidad de garantizar la mayor cobertura. Por otro lado, la SEP, como autoridad educativa, recomienda que no se deben marcar tareas. Por lo cual, podemos entender e interpretar que en los próximos meses tendremos a nuestros estudiantes pegados a una televisión que de manera unilateral estará transmitiendo conocimientos, una repetición de los modelos educativos del pasado centrados tan solo en el traspaso de información sin que los alumnos tengan una participación activa en su proceso de adquisición de todos los elementos de la competencia educativa.

¿Qué paso entonces con la capacitación que tanto reconoce Moctezuma Barragán de casi un millón de maestros en las herramientas para la educación en línea?

En la formulación de la propuesta que se centra en el acuerdo con las televisoras privadas para imponer un modelo educativo dogmático y unilateral con el riesgo de ser adoctrinante; por encima del modelo actual, que debe ser mucho más flexible, abierto, plural y centrado en la actividad activa del estudiante en su proceso de aprendizaje.

La educación en televisión, que tampoco es nueva y que tiene en la estrategia de Plaza Sésamo un paradigma ejemplar, tiene una misión más de reforzamiento que ser sustituta de la labor del maestro, la interacción entre alumnos como miembros pares del proceso educativo y la vinculación con el contexto social que fundamenta el pluralismo cultural que así está reconocido constitucionalmente y que desde hace más de dos décadas se ha venido a fortalecer en los planes de estudio. Aceptemos que los maestros que participarán en la producción de programas por lógica obvia de la facilidad que implica serán profesores de la Ciudad de México. Nos se les cuestiona su capacidad profesional y magisterial, pero por sentido común, inferimos que los contenidos regionales no estarán en los contenidos.

Luego entonces, regresamos a un modelo educativo centralista, unidireccional, dogmático, unilateral y con lo que el gobierno quiere decir. En contrasentido de las nuevas tendencias educativas que promueven totalmente una educación muy diferenciada del pasado que buscaba fortalecer las sociedades de conocimiento, la socioformación y las comunidades de aprendizaje entre profesionales.