El tercer partido de Rafa Márquez al frente del Tricolor será ante Estados Unidos, una rivalidad que México domina en el balance histórico y que llega con una oportunidad para extender su racha reciente de resultados favorables.

Rafa Márquez tendrá este sábado una prueba distinta al frente de la Selección Mexicana. Después de dos empates ante Colombia y Perú, ambos por 1-1, el nuevo entrenador del Tricolor dirigirá su tercer encuentro ante Estados Unidos, en un partido amistoso que, pese a no entregar un título en juego, difícilmente puede considerarse uno más en el calendario.

La razón está en la historia. Hasta septiembre de 2026, México y Estados Unidos se habían enfrentado en 79 ocasiones, con 38 victorias mexicanas, 17 empates y 24 triunfos estadounidenses. El registro es confirmado tanto por Concacaf como por la Federación de Futbol de Estados Unidos.

La ventaja mexicana, sin embargo, convive con una realidad más reciente mucho menos amplia. Estados Unidos llegó a dominar la rivalidad durante buena parte de la década, pero México rompió esa tendencia en octubre de 2024, cuando se impuso 2-0 en Guadalajara. Posteriormente, el Tricolor volvió a derrotar a su vecino en la final de la Copa Oro 2025, por 2-1.

De acuerdo con la propia Concacaf, México ha ganado cinco de las ocho finales de Copa Oro disputadas contra Estados Unidos, mientras que el conjunto estadounidense se impuso en dos. El antecedente más reciente en una final fue precisamente el triunfo mexicano de 2025.

Es por ello que el encuentro de este fin de semana tiene un componente adicional para Márquez: una victoria permitiría al Tricolor encadenar tres triunfos frente a Estados Unidos y extender una secuencia que México no había conseguido con frecuencia en los años recientes.

Pero el técnico mexicano llega al clásico con una prioridad que va más allá del resultado inmediato. Sus primeros dos partidos han servido para observar jugadores y comenzar a construir una nueva generación.

Ante Colombia, Márquez inició su etapa con un empate 1-1. Gil Mora marcó el gol mexicano y, según la Selección Nacional, se convirtió en el jugador más joven en anotar con el representativo mayor. Tres días después, frente a Perú, el entrenador modificó por completo su alineación y utilizó a 11 futbolistas diferentes respecto al partido anterior.

La Selección Nacional explicó que la decisión forma parte de un proceso de observación de nuevos perfiles. El propio Márquez señaló después del encuentro contra Perú que buscaba ver a los jugadores en situaciones de exigencia internacional y conocer mejor sus capacidades.

La renovación también se refleja en la edad. El objetivo no parece ser solamente encontrar un once para el próximo partido, sino comenzar a identificar la base que pueda sostener el siguiente ciclo internacional.

Ahí aparece uno de los principales retos para el entrenador. Experimentar significa aceptar cierta falta de continuidad. México ha mostrado capacidad para competir y reaccionar ante marcadores adversos, pero todavía está lejos de tener una alineación consolidada.

Estados Unidos, además, representa una exigencia particular. La selección estadounidense ha demostrado durante los últimos años que puede convertir los enfrentamientos contra México en partidos cerrados y de alta intensidad. La victoria mexicana en la Copa Oro 2025 modificó el balance inmediato, pero no eliminó la competitividad de una rivalidad que durante décadas ha dejado partidos decisivos.

La propia Federación de Futbol de Estados Unidos recuerda que el próximo encuentro será el número 80 entre ambas selecciones. También señala que, desde 2021, Estados Unidos mantiene una ventaja de cinco victorias, dos derrotas y dos empates en los enfrentamientos disputados desde entonces, un dato que permite dimensionar la distancia entre el dominio histórico mexicano y la competencia de la etapa más reciente.

El escenario será el State Farm Stadium, en Arizona. Para Márquez, el partido representa algo más que la posibilidad de sumar otra victoria en su naciente ciclo. Es la primera ocasión en que su proyecto será medido dentro de una rivalidad que, por tradición, presión y antecedentes, obliga a mirar el marcador, pero también la manera en que se construye el equipo.

El resultado será importante, pero el verdadero interés estará también en los nombres que Márquez decida mantener, los jóvenes que reciban minutos y las señales que entregue sobre la Selección que pretende construir después del Mundial de 2026.

El clásico norteamericano vuelve a escena. Esta vez, México llega con la historia favorable y con dos triunfos consecutivos sobre Estados Unidos. Rafa Márquez, en cambio, apenas comienza a escribir su propio capítulo.