A pocas semanas de las elecciones intermedias en Estados Unidos, legisladores y estrategas republicanos reconocen que el descontento por el costo de vida y las acusaciones de corrupción está generando dificultades para el partido. Aunque algunos confían en recuperar terreno electoral, crece la preocupación por la posibilidad de perder el control de la Cámara de Representantes.

El costo de vida y la corrupción inquietan a los votantes

Un grupo focal realizado este mes en un estado tradicionalmente republicano del Medio Oeste sorprendió a los estrategas del partido. Cuando se preguntó a los participantes quiénes consideraban responsables del aumento de los precios de la gasolina, varios señalaron a los políticos corruptos y a los multimillonarios.

De acuerdo con una persona familiarizada con las conversaciones, la respuesta llamó la atención porque la corrupción gubernamental rara vez había ocupado un lugar tan destacado entre las preocupaciones de los electores republicanos en las contiendas legislativas.

El resultado refleja un problema más amplio para el partido del presidente Donald Trump. El descontento por los precios de los alimentos, el combustible, la electricidad y la vivienda está ampliando el terreno electoral en disputa hacia estados y distritos que hasta hace poco se consideraban favorables a los republicanos.

El representante republicano Jeff Van Drew, de Nueva Jersey, reconoció la presión económica que enfrentan las familias y sostuvo que sus dificultades cotidianas deberían tener mayor prioridad que las disputas políticas en Washington.

Van Drew, identificado con el sector populista favorable a Trump, también ha cuestionado aspectos de la actuación de su propio partido, particularmente en asuntos relacionados con el encarecimiento de la atención médica.

Temor a perder apoyo entre los trabajadores

Dirigentes y consultores republicanos involucrados en campañas legislativas han expresado en privado su preocupación por el enojo de los votantes de clase trabajadora, especialmente de aquellos que tienen hijos y enfrentan mayores gastos familiares.

Un consultor citado por CNN describió la corrupción como un tema subestimado en el actual ciclo electoral y afirmó que aparece entre las principales preocupaciones incluso en distritos considerados tradicionalmente seguros para los republicanos.

El malestar resulta particularmente delicado para Trump, quien construyó parte de su discurso político con la promesa de combatir los intereses establecidos y acabar con la corrupción en el Gobierno. Ahora, algunos estrategas temen que una parte de sus antiguos simpatizantes considere que esas promesas no se han cumplido.

Las críticas también se relacionan con los proyectos de remodelación y construcción impulsados por el presidente, incluido un salón de baile para la Casa Blanca cuyo costo ha generado cuestionamientos. Para los sectores afectados por el encarecimiento de la vida, estos proyectos pueden alimentar la percepción de que las prioridades de Washington están alejadas de sus necesidades.

La Cámara de Representantes, en el centro de la disputa

Los republicanos se muestran preocupados por sus posibilidades de conservar la mayoría en la Cámara de Representantes, aunque algunos consideran que todavía pueden competir por el control del Senado. El panorama dependerá de los resultados en distintos estados y de la capacidad de cada partido para movilizar a sus simpatizantes.

Dentro del Partido Republicano también hay señales de optimismo moderado. Algunos estrategas aseguran que sus encuestas internas han mejorado en determinadas contiendas y sostienen que ciertos electores podrían regresar a apoyar a los candidatos republicanos, especialmente donde consideran que las campañas cuentan con aspirantes competitivos.

Sin embargo, el mapa electoral continúa planteando dificultades. Grupos republicanos que financian campañas han retirado recursos de algunos escaños que buscaban defender o conquistar, una decisión que refleja la necesidad de concentrar el dinero en las contiendas consideradas prioritarias.

Los demócratas, por su parte, confían en arrebatar varios distritos a sus adversarios. Entre los republicanos que consideran vulnerables figuran Monica De La Cruz, de Texas; Juan Ciscomani, de Arizona; Gabe Evans, de Colorado; y Ryan Mackenzie y Scott Perry, de Pensilvania.

Los demócratas también consideran competitivas algunas contiendas por escaños vacantes, como las de los distritos 11 de Carolina del Norte y 2 de Nebraska. No obstante, los republicanos sostienen que todavía tienen posibilidades de conservar varios de esos lugares y aseguran que sus propios sondeos respaldan esa expectativa.

Los republicanos buscan ampliar su estrategia electoral

Ante el panorama, los republicanos han tenido que revisar la distribución de sus recursos y defender distritos que anteriormente consideraban poco amenazados. Al mismo tiempo, los demócratas buscan ampliar el número de contiendas competitivas e invertir en territorios donde Trump obtuvo ventajas electorales en los comicios anteriores.

El gobernador de Illinois, J. B. Pritzker, quien ha sido mencionado como posible aspirante presidencial para 2028, encabeza una iniciativa de 20 millones de dólares destinada a respaldar candidaturas demócratas en zonas favorables a los republicanos. La estrategia busca obligar al partido rival a destinar recursos a distritos que, de otro modo, podría considerar seguros.

Pritzker explicó que pretende apoyar a candidatos demócratas competitivos en distritos ganados por Trump, con la intención de desviar fondos republicanos de otras contiendas más disputadas.

El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, mantiene una postura más optimista. Durante una gira por distintos estados, afirmó que percibe un aumento del entusiasmo entre los votantes republicanos y consideró que las encuestas podrían no estar reflejando por completo esa tendencia.

Trump también ha expresado confianza en que su partido puede conservar la Cámara. Según Van Drew, el presidente le comentó durante una llamada telefónica que los republicanos todavía tienen posibilidades de lograrlo.

Sin embargo, no todos comparten ese optimismo. Van Drew describió el momento como especialmente difícil para su partido, aunque consideró que aún podría evitar una derrota electoral de gran magnitud.

La corrupción se convierte en un argumento de campaña

La corrupción no solo preocupa a los republicanos. Los estrategas del partido también señalan que los demócratas mantienen una imagen desfavorable entre una parte del electorado y que algunos de sus legisladores enfrentan campañas publicitarias que los acusan de prácticas cuestionables.

Aun así, candidatos demócratas de distintas regiones han incorporado las denuncias sobre corrupción a sus mensajes electorales. En Montana, Sam Forstag, dirigente sindical y aspirante por primera vez a un cargo federal, ha desarrollado una campaña de corte populista que ha obligado a los republicanos a invertir recursos en la defensa de un escaño vacante.

Forstag sostiene que Trump obtuvo apoyo electoral al prometer combatir un sistema político disfuncional, pero considera que su Gobierno no ha cumplido con las soluciones que ofreció. Su argumento busca vincular las preocupaciones económicas de los ciudadanos con la actuación de quienes ejercen el poder.

La disputa electoral se desarrolla, por tanto, en un contexto donde el costo de vida y la confianza en las instituciones ocupan un lugar central. Para los republicanos, el desafío consiste en convencer a los votantes de que pueden responder a sus dificultades económicas y atender sus reclamos sobre el funcionamiento del Gobierno. Para los demócratas, esas mismas preocupaciones representan una oportunidad para disputar distritos que durante años favorecieron a sus adversarios.