La 27.ª edición de los Latin Grammy reunirá en la categoría de Álbum del Año a figuras consolidadas y nuevas voces de América Latina, con propuestas que recorren desde el pop y el urbano hasta el candombe, el folclore, el bolero y la música alternativa.

La música latinoamericana volverá a encontrarse el próximo 12 de noviembre en Las Vegas, donde se celebrará la 27.ª edición de los Latin Grammy. La Academia Latina de la Grabación anunció este miércoles la lista de nominados y colocó en la principal categoría de álbumes una selección particularmente diversa: diez producciones que muestran hasta qué punto las fronteras entre géneros se han vuelto más permeables.

Entre los nominados aparecen Lux, de Rosalía; Tropicoqueta, de Karol G; FREE SPIRITS, de CA7RIEL & Paco Amoroso; Taracá, de Jorge Drexler; y ¿Dónde Es El After?, de Rawayana. Completan la categoría FEMME FATALE, de Mon Laferte; MUDA, de Carín León; La Vida Era Más Corta, de Milo J; EQUILIBRIVM, de Anitta, y Vendrán Suaves Lluvias, de Silvana Estrada.

La Academia Latina de la Grabación confirmó que Rosalía, Karol G, Drexler y CA7RIEL & Paco Amoroso figuran entre los artistas con mayor número de nominaciones de esta edición. En total, cada uno obtuvo siete menciones, mientras que Édgar Barrera encabeza el recuento general con diez. La ceremonia tendrá lugar en el MGM Grand Garden Arena y será transmitida por Univision.

El regreso de Rosalía destaca por la naturaleza de Lux. Después de la etapa de Motomami, la artista española presenta un trabajo conceptual que explora lo espiritual y lo litúrgico mediante coros, orquesta y elementos operísticos. El álbum incorpora además trece idiomas, una apuesta que amplía el carácter experimental de una producción concebida lejos de las fórmulas habituales del pop comercial.

Karol G, en cambio, se acerca a sus raíces latinoamericanas con Tropicoqueta. La propuesta recupera referencias de distintas tradiciones musicales y una estética inspirada en las vedettes de otras épocas. Su presencia en la categoría muestra también la amplitud que ha adquirido el espacio de la música urbana dentro de los principales reconocimientos de la industria latina.

El contraste resulta especialmente interesante cuando aparecen proyectos como Taracá. Jorge Drexler vuelve la mirada hacia Uruguay y al candombe, mientras vincula el disco con la memoria de su padre fallecido. La música adquiere así una dimensión íntima: no solo recupera una tradición afro-uruguaya, sino que la convierte en materia de recuerdo personal.

Algo distinto ocurre con Silvana Estrada. En Vendrán Suaves Lluvias, la artista mexicana explora el duelo y las despedidas. El tema no se limita a la ruptura amorosa; también alcanza la pérdida de una amistad. Esa amplitud emocional explica el lugar que ocupa su propuesta dentro de una categoría donde la canción personal convive con producciones de enorme despliegue sonoro.

Mon Laferte, por su parte, utiliza FEMME FATALE para reinterpretar un arquetipo histórico desde una perspectiva feminista. Jazz, bolero y swing forman parte de una mezcla que dialoga con distintas épocas de la música popular. Carín León presenta MUDA, un álbum que cruza pop, ska, blues y salsa para abordar las distintas caras del amor, mientras Milo J combina folclore argentino y tango con trap y electrónica en La Vida Era Más Corta.

También hay espacio para propuestas que utilizan el humor como herramienta narrativa. CA7RIEL & Paco Amoroso construyen en FREE SPIRITS una mirada irónica sobre la fama repentina y el agotamiento asociado con el éxito viral. Rawayana, con ¿Dónde Es El After?, lleva la narración hacia la vida nocturna y sus consecuencias al amanecer. Anitta, finalmente, explora espiritualidad y búsqueda de equilibrio en EQUILIBRIVM, donde combina ritmos como samba y axé con referencias a su vínculo con el candomblé.

La diversidad de esta lista no es un detalle menor. La Academia Latina de la Grabación ha modificado en los últimos años sus categorías y criterios para reflejar la transformación de la música latina y portuguesa. Para esta edición también introdujo cambios en algunas categorías y actualizó sus reglas de elegibilidad.

La categoría de Álbum del Año queda así convertida en una fotografía de la música latina contemporánea: grandes estrellas del pop junto a artistas alternativos, tradiciones nacionales junto a sonidos urbanos y experiencias íntimas junto a producciones de alcance masivo. El resultado no anticipa quién recibirá el gramófono, pero sí deja claro que la conversación musical de 2026 difícilmente cabe dentro de un solo género.