Moscú anunció que prepara ataques masivos contra instalaciones energéticas ucranianas en represalia por los golpes de Kiev contra refinerías y centros energéticos rusos, mientras aumenta el saldo de víctimas tras los últimos bombardeos.

Rusia anunció este domingo que prepara una nueva campaña de ataques masivos contra la infraestructura energética de Ucrania, en una advertencia que eleva todavía más la tensión después de varios meses de ataques cruzados contra instalaciones petroleras, logísticas y energéticas de ambos países.

El Ministerio de Defensa ruso aseguró que sus Fuerzas Armadas comenzaron los preparativos para lanzar ataques de gran escala contra instalaciones energéticas ucranianas. Moscú presentó la decisión como una represalia por los ataques ucranianos contra infraestructura civil y contra el sector ruso de combustibles y energía.

La advertencia llega después de una nueva oleada de ataques rusos sobre Kiev y su región. De acuerdo con Reuters, el anuncio ruso coincide con una intensificación de las operaciones de largo alcance de ambos bandos, en las que refinerías, depósitos, puertos, almacenes y otras instalaciones estratégicas se han convertido en objetivos recurrentes.

El riesgo ahora es que la infraestructura energética vuelva a quedar en el centro de la ofensiva. Durante los últimos inviernos, los ataques rusos contra centrales eléctricas, redes de distribución y otras instalaciones han provocado cortes de electricidad y calefacción que afectan directamente a la población civil, especialmente durante los meses de temperaturas más bajas.

La nueva amenaza rusa tiene además un contexto inmediato especialmente grave. El sábado, un ataque contra un almacén de municiones en Myla, al oeste de Kiev, provocó una enorme cadena de explosiones y dejó inicialmente 37 muertos. Este domingo, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, elevó el balance a 38 fallecidos y señaló que cuatro personas continuaban desaparecidas.

La magnitud de la tragedia convirtió el episodio en uno de los ataques más mortíferos registrados en Ucrania este año. Associated Press informó que las explosiones dañaron alrededor de 50 edificios y obligaron a evacuar a cientos de residentes. Entre las víctimas se encontraba Taras Didych, responsable de una localidad cercana.

El ataque también abrió otro frente de controversia dentro de Ucrania. Zelenski cuestionó que se almacenaran explosivos cerca de zonas residenciales y calificó de negligencia la situación. Las autoridades ucranianas iniciaron una investigación para determinar si el almacenamiento de municiones cumplía con las normas de seguridad y si existían los permisos correspondientes.

Reuters señaló que se trata del segundo incidente de características similares en la región de Kiev en apenas dos meses. En julio, una explosión posterior a un ataque ruso contra un depósito de municiones en Vyshneve provocó la muerte de varias personas y daños en cientos de viviendas. La repetición de estos episodios ha puesto bajo escrutinio los protocolos ucranianos para almacenar material explosivo durante la guerra.

El nuevo episodio se produjo, además, en el tercer día consecutivo de ataques rusos de gran intensidad contra Kiev y sus alrededores. Según las autoridades ucranianas, Rusia lanzó decenas de drones y misiles durante la última oleada, mientras que Moscú sostuvo que sus operaciones estaban dirigidas contra instalaciones vinculadas con la industria de defensa.

Pero la escalada no es unilateral. Ucrania también ha intensificado sus ataques contra territorio ruso, especialmente contra instalaciones relacionadas con la producción y almacenamiento de combustibles. En las últimas horas, drones ucranianos provocaron un incendio en la refinería de Kirishi, en la región rusa de Leningrado, una de las mayores plantas de procesamiento de petróleo del país.

La instalación tiene capacidad para procesar alrededor de 20 millones de toneladas de crudo al año y produce combustibles como diésel y combustible para aviación. Según Reuters, los ataques ucranianos contra refinerías y depósitos forman parte de una estrategia destinada a reducir los ingresos y la capacidad logística de Rusia.

Ese intercambio de golpes ha creado una peligrosa lógica de represalias. Cada ataque contra el sistema energético de una parte aumenta la posibilidad de una respuesta sobre la infraestructura de la otra. El anuncio de Moscú sugiere precisamente que esa dinámica podría entrar en una fase todavía más intensa.

La preocupación no es solamente militar. La energía es uno de los puntos más vulnerables de la vida cotidiana ucraniana. Una ofensiva prolongada contra centrales y redes de distribución puede afectar hospitales, sistemas de agua, transporte, comunicaciones, escuelas y viviendas. En una guerra que ya supera los cuatro años desde la invasión a gran escala, mantener funcionando esos servicios se ha convertido en una batalla paralela.

La situación energética ucraniana enfrenta además otro problema delicado. La Agencia Internacional de Energía Atómica informó que la central nuclear de Zaporiyia lleva más de una semana sin conexión externa a la red eléctrica y depende de generadores diésel de emergencia. La agencia considera indispensable restablecer una fuente estable de energía exterior para garantizar la seguridad de la instalación.

Todo ocurre mientras la ofensiva aérea rusa mantiene una presión creciente sobre la capital. El Instituto para el Estudio de la Guerra señaló que los ataques recientes contra Kiev y su región forman parte de una serie prolongada de operaciones con drones y misiles, en un momento en que ambos países han aumentado el uso de armamento de largo alcance.

La escalada también está dejando víctimas en territorio ruso. Las autoridades de las regiones fronterizas han informado de muertos y heridos como consecuencia de ataques ucranianos con drones, una muestra de que la guerra está extendiendo cada vez más sus efectos fuera de las zonas directamente vinculadas al frente.

Por ahora, el anuncio del Ministerio de Defensa ruso constituye una advertencia y una preparación declarada, no la confirmación de que una nueva oleada masiva contra la red energética ucraniana ya haya comenzado. Sin embargo, el precedente de los inviernos anteriores hace que la amenaza sea tomada con especial seriedad en Kiev y entre sus aliados occidentales.

La guerra vuelve así a acercarse a uno de sus escenarios más sensibles. Mientras Rusia amenaza con golpear la energía ucraniana y Kiev mantiene sus ataques contra el sector petrolero ruso, la población civil queda atrapada en medio de una estrategia de desgaste que convierte cada central eléctrica, refinería o depósito en una pieza más de una peligrosa cadena de represalias.