En el Día de los Fieles Difuntos, el sacerdote español Jesús Higueras invitó a los católicos a rezar por quienes han fallecido, al recordar que la oración constituye una expresión de amor y una forma de encomendar las almas a la misericordia de Dios.
Con motivo de la conmemoración del 2 de noviembre, el sacerdote Jesús Higueras, párroco de la iglesia de Santa María de Caná, en Pozuelo de Alarcón, España, compartió una reflexión sobre el sentido de la oración por los difuntos y la esperanza cristiana en la vida eterna.
A través de sus meditaciones diarias sobre el Evangelio, el presbítero recordó que la Iglesia dedica esta jornada a orar por quienes, de acuerdo con la doctrina católica, necesitan un proceso de purificación después de la muerte. En ese sentido, explicó que los fieles pueden ofrecer sus oraciones y actos de amor para pedir a Dios que los libere de sus faltas y los conduzca a la plenitud de su presencia.
La purificación como expresión de la misericordia divina
Higueras señaló que todas las personas mueren con imperfecciones y aspectos de su vida que requieren transformación. Por ello, explicó que la tradición católica contempla la purificación como un proceso necesario para alcanzar la plenitud de la vida eterna.
Al referirse al purgatorio, el sacerdote lo describió como una realidad vinculada tanto al amor como al sufrimiento, pues representa el encuentro con la misericordia de Dios y la transformación de aquello que en la vida humana estuvo marcado por el egoísmo, el daño a los demás o la omisión del bien.
Para profundizar en esta idea, retomó la encíclica Spe Salvi, publicada por el papa Benedicto XVI en 2007. En ese documento, el pontífice presenta la purificación después de la muerte a partir del encuentro con Cristo, cuya mirada permite reconocer la verdad de la propia existencia y transforma aquello que necesita ser sanado.
Desde esta perspectiva, Higueras destacó que la esperanza cristiana no se fundamenta en la perfección humana, sino en la confianza en una misericordia capaz de comprender, purificar y conducir al arrepentimiento sincero.
El sacerdote consideró que esta convicción representa un motivo de esperanza para los creyentes, pues incluso después de la muerte permanece la confianza en el amor de Dios y en su capacidad para transformar las imperfecciones humanas.
La oración como una forma de amar
Durante su reflexión, Higueras animó a los fieles a ofrecer sufragios, responsos y oraciones por las personas fallecidas, especialmente por aquellas que, conforme a la enseñanza católica, necesitan ser purificadas mediante la misericordia de Cristo.
Asimismo, explicó que rezar por alguien significa dedicarle tiempo y presentar su vida ante Dios, solicitando su ayuda, consuelo y descanso eterno. Desde esa perspectiva, sostuvo que la oración es una de las expresiones más profundas del amor hacia quienes ya no están físicamente presentes.
En el contexto del Día de los Fieles Difuntos, su mensaje invita a comprender esta conmemoración no solamente como un recuerdo de quienes han fallecido, sino también como una jornada de oración, solidaridad espiritual y esperanza en la promesa cristiana de la vida eterna.


