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Samuel García y la sombra de la censura: más allá de la política

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Ser blanco de críticas y mentadas de madre es, sin duda, una experiencia desagradable para cualquier periodista. Para la clase política, enfrentar una serie de críticas, ya sean fundamentadas o no, es una parte inherente de la dinámica social y política. Sin embargo, esto no implica un cheque en blanco.

Ningún derecho es absoluto; todos generan obligaciones para el ejercicio de esos derechos. En el caso del derecho a la libre expresión, este se limita cuando las opiniones atentan contra la dignidad humana, faltan al respeto o dañan a terceros.

Resulta intrigante, y digno de análisis en este periodo de precampañas, que el precandidato Samuel García haya presumido de su supuesta amistad con Elon Musk, propietario de la plataforma X, para lograr la suspensión de la cuenta de esa red social al expresidente Vicente Fox Quesada.

Es importante destacar que lo expresado por el expresidente contra la esposa de Samuel García es totalmente incorrecto y debe ser condenado y denunciado como violencia de género, siguiendo los procedimientos legales e institucionales correspondientes.

Sin embargo, la respuesta de Samuel García, al literalmente “saltar la tranca”, resulta más preocupante. Su facilidad para comunicarse con Elon Musk y solicitar la cancelación de la cuenta de Fox Quesada evidencia una falta de respeto a la ley y a las instituciones. Este acto de censura extrajudicial muestra cómo el precandidato elude las vías institucionales, prefiriendo recurrir a sus relaciones de amistad para silenciar críticas.

Este no es el primer episodio en el que Samuel García muestra falta de respeto a la ley. Su intento de designar a su sucesor, desafiando la constitución estatal que claramente otorga esa responsabilidad al Congreso de Nuevo León, es un ejemplo claro de su desdén por las normas establecidas. Evidencia que Samuel García se parece a un discípulo y seguidor más de la política del habitante de Palacio Nacional, adoptando la máxima “no me venga a decir que la ley es la ley”. Pero esto plantea preguntas inquietantes sobre su idoneidad para la presidencia.

La censura extrajudicial de Samuel García frente a las críticas, en lugar de recurrir a instancias institucionales, plantea cuestionamientos sobre su compromiso con las vías legales y democráticas.

¿Cómo podemos confiar en que, en caso de ganar la presidencia, respetará las instituciones y la ley cuando ya ha demostrado su falta de respeto incluso por la constitución que él mismo promovió modificar?

Si esta es su forma de “nueva forma de gobernar”, ¿qué nos depara a los mexicanos, a los medios de comunicación y a los críticos de sus acciones políticas?

Ni siquiera el habitante de Palacio Nacional se atrevió a tanto antes de asumir el cargo que ocupa hoy.