Se estancan las negociaciones arancelarias entre México y Estados Unidos por diferencias sobre autos, acero y aluminio

Las negociaciones entre México y Estados Unidos para reducir los aranceles aplicados a los automóviles, el acero y el aluminio mexicanos perdieron impulso debido a la oposición del secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, a disminuir significativamente esos gravámenes, informó The Wall Street Journal (WSJ). Aunque ambos países se encontraban cerca de un posible acuerdo, las diferencias amenazan con retrasar los avances comerciales previos a las elecciones intermedias estadounidenses de noviembre. Sin embargo, funcionarios de ambas naciones han rechazado que exista un estancamiento definitivo y aseguran que las conversaciones continúan.

Lutnick cuestiona la reducción de los aranceles

De acuerdo con fuentes familiarizadas con las conversaciones citadas por el WSJ, Lutnick se ha opuesto a reducir de manera significativa el arancel del 25 % aplicado a los automóviles mexicanos y los gravámenes del 50 % sobre determinados productos de acero y aluminio, incluidas algunas manufacturas derivadas.

Las negociaciones buscaban reducir estas barreras comerciales a cambio de concesiones de México. El entendimiento habría permitido aliviar parte de la presión sobre las exportaciones mexicanas y facilitar una nueva etapa de conversaciones para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

La oposición del secretario de Comercio representa un obstáculo para los avances que se habían registrado durante meses de negociaciones encabezadas por Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos.

México busca condiciones arancelarias más favorables

Entre los objetivos de México está conseguir que los aranceles aplicados a sus automóviles se reduzcan al 15 % o menos, un nivel comparable con el que, según el planteamiento mexicano reportado por el WSJ, enfrentan vehículos procedentes de Japón y Corea del Sur.

El Gobierno mexicano también busca establecer un mecanismo de reembolsos que reconozca el contenido de los tres países integrantes del T-MEC en la fabricación de vehículos. La intención es evitar que los componentes producidos en México, Estados Unidos y Canadá reciban un tratamiento desfavorable al calcular los gravámenes sobre los automóviles que cruzan la frontera.

Estas diferencias son relevantes para una industria automotriz integrada regionalmente, en la que las piezas y los vehículos terminados pueden cruzar las fronteras varias veces durante el proceso de producción.

Las conversaciones comerciales siguen abiertas

A pesar de las dificultades reportadas, funcionarios de ambos países negaron que las negociaciones hayan llegado a un punto muerto. Luis Rosendo Gutiérrez, subsecretario de Comercio Exterior de México, señaló al WSJ que se habían registrado avances en las conversaciones.

Por su parte, un portavoz del Departamento de Comercio estadounidense aseguró que Washington mantiene un diálogo constante con México sobre asuntos comerciales. Estas declaraciones indican que, aunque existen desacuerdos importantes sobre los aranceles, las conversaciones no se han cancelado.

La información publicada por el WSJ se basa en fuentes conocedoras de las negociaciones. Hasta el momento del reporte, no se había anunciado públicamente un acuerdo definitivo para reducir los gravámenes.

El conflicto arancelario se relaciona con la revisión del T-MEC

Las negociaciones bilaterales forman parte de los trabajos preparatorios para la revisión conjunta del T-MEC. Durante las rondas celebradas en 2026, los equipos de ambos países han abordado las reglas de origen, el comercio de automóviles, el acero y el aluminio, así como asuntos de seguridad económica, agricultura y condiciones laborales.

Estados Unidos ha defendido que las reglas comerciales deben beneficiar principalmente a las economías integrantes del tratado y reducir las ventajas que, a su juicio, obtienen países ajenos al acuerdo. México, por su parte, busca preservar la integración productiva regional y reducir los costos adicionales que afectan a sus exportaciones.

La posibilidad de alcanzar un acuerdo arancelario antes de las elecciones intermedias estadounidenses de noviembre añade presión política a las conversaciones. Sin embargo, no existe una fecha confirmada para cerrar un pacto ni garantías de que las diferencias puedan resolverse en ese plazo.

Las tarifas siguen representando un riesgo para la industria mexicana

Mientras no se anuncien modificaciones oficiales, las empresas exportadoras deberán considerar los aranceles vigentes y las condiciones específicas aplicables a cada producto. El impacto depende de la clasificación de la mercancía, su contenido y las disposiciones comerciales que correspondan.

Un acuerdo que reduzca los gravámenes podría aliviar los costos de exportación y ofrecer mayor certidumbre a fabricantes y proveedores. Por el contrario, la prolongación de las diferencias mantendría la incertidumbre para las compañías que dependen de las cadenas de suministro entre México y Estados Unidos.

Por ahora, el escenario combina negociaciones activas con desacuerdos sobre puntos centrales. El resultado dependerá de las concesiones que cada gobierno esté dispuesto a aceptar y de la posibilidad de alcanzar un mecanismo que responda a las preocupaciones comerciales y de seguridad económica de ambos países.