El primer encuentro presencial entre Donald Trump y Delcy Rodríguez desde el cambio de poder en Venezuela abre una nueva etapa de contactos entre Washington y Caracas, aunque los detalles de la conversación permanecen bajo reserva y todavía no existe un acuerdo público que permita medir su alcance.

La fotografía de Donald Trump y Delcy Rodríguez sonriendo en Nueva York resume, al menos visualmente, un cambio significativo en la relación entre Estados Unidos y Venezuela. Ambos se reunieron el martes 22 de septiembre, al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas, durante una recepción ofrecida por el presidente estadounidense a dirigentes extranjeros en el hotel Lotte New York Palace.

Rodríguez calificó el encuentro de “histórico” y afirmó que ambas partes conversaron sobre el fortalecimiento de la relación bilateral y una agenda de cooperación. De acuerdo con información difundida por EFE, la dirigente venezolana señaló además que la conversación incluyó asuntos estratégicos como energía, minería y seguridad.

La reunión tuvo un carácter particularmente reservado. No hubo acceso de la prensa y, a diferencia de otros encuentros mantenidos por Trump durante la semana de alto nivel de la ONU, no se ofreció una conferencia conjunta para explicar los resultados. Junto a Trump participaron el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; la jefa de gabinete, Susie Wiles, y el subjefe de gabinete, Stephen Miller.

Reuters confirmó que se trató del primer encuentro entre Trump y Rodríguez desde que Nicolás Maduro fue capturado durante una operación militar estadounidense en enero y Rodríguez asumió la presidencia interina de Venezuela. También señaló que la delegación venezolana mantiene conversaciones relacionadas con energía, minería y deuda, asuntos que pueden tener importantes consecuencias económicas para ambos países.

La presencia de Rodríguez en Nueva York también tiene una dimensión diplomática. La dirigente venezolana participa en la Asamblea General de la ONU, después de que ningún presidente venezolano asistiera personalmente a este foro desde 2018. Según explicó ella misma, agradeció a Trump el respaldo estadounidense al proceso de reinserción de Venezuela en los espacios multilaterales.

Ese acercamiento ocurre mientras Washington y Caracas avanzan en una relación que incluye intereses económicos de gran magnitud. La industria petrolera venezolana ocupa un lugar central en las conversaciones. Associated Press había informado antes de la reunión que ambos gobiernos trabajaban sobre un acuerdo que otorgaría a Estados Unidos participación en proyectos vinculados con las reservas de petróleo venezolanas, presentado por funcionarios estadounidenses como parte de un proceso de modernización de la industria y recuperación económica.

La cuestión energética, por tanto, puede convertirse en uno de los ejes de esta nueva relación. Venezuela posee enormes reservas de hidrocarburos, mientras que empresas y funcionarios estadounidenses han mostrado interés en ampliar las oportunidades de inversión. Sin embargo, transformar ese acercamiento político en proyectos concretos requerirá resolver asuntos financieros, legales y regulatorios que no se solucionan con una sola reunión.

También existe una dimensión política que permanece abierta. La llegada de Rodríguez al poder se produjo después de una intervención estadounidense que modificó radicalmente el escenario venezolano. En este contexto, el reconocimiento internacional y la relación con gobiernos extranjeros forman parte de una agenda especialmente sensible para Caracas.

La reunión de Nueva York no permite afirmar por sí sola que Washington y Caracas hayan alcanzado un acuerdo integral. Tampoco se han divulgado públicamente compromisos específicos sobre elecciones, instituciones políticas o futuras reformas. Lo confirmado es el contacto directo entre los dos gobiernos y la voluntad expresada por Rodríguez de encauzar la relación mediante el diálogo.

Y es que el lenguaje utilizado por ambas partes importa. Para Rodríguez, se trata de una “nueva etapa” que debe construirse mediante cooperación. Para Washington, el contacto se produce dentro de una política más amplia hacia Venezuela que combina intereses económicos, seguridad y reorganización de las relaciones regionales.

La verdad es que todavía queda por comprobar cuánto de esa nueva relación podrá traducirse en decisiones concretas. El encuentro fue breve, privado y políticamente significativo, pero sus consecuencias dependerán de las negociaciones que continúen después de la Asamblea General. Por ahora, la fotografía confirma un acercamiento; los acuerdos futuros determinarán hasta dónde llegará.