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La secuenciación genética permite identificar linajes virales y apoyar la salud pública
Mérida, Yucatán, a 22 de agosto de 2026.- Una muestra de sangre llega al laboratorio. A simple vista es solo eso: un pequeño tubo con líquido. Sin embargo, después de horas de preparación, separación, extracción, secuenciación y análisis, esa misma muestra puede revelar la identidad de un virus, su información genética e incluso ayudar a determinar a qué linaje pertenece.
Este es parte del trabajo que se realiza en el Laboratorio de Virología del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), en colaboración con los Servicios de Salud de Yucatán (SSY), donde la ciencia convierte materiales biológicos diminutos en información que puede ser de gran utilidad para la salud de la población.
En estas labores participan el Dr. Henry Nelson Puerta-Guardo, el biólogo Daniel Canul Canul, la Mtra. Jacqueline Ciau Carrillo y el estudiante de licenciatura César Augusto Cañas Alamilla, quienes forman parte del trabajo científico y de formación que se desarrolla en el laboratorio.
El proceso comienza mucho antes de encender el secuenciador. Dependiendo del virus que se busca estudiar, la muestra puede provenir de sangre o de un hisopado, entre otras fuentes. En el caso de una muestra sanguínea, primero es necesario separar sus componentes mediante centrifugación hasta obtener el suero.
Después comienza una especie de trabajo de depuración: mediante kits especializados, el personal del laboratorio elimina aquello que no necesita hasta quedarse con el material genético que interesa estudiar.
Es entonces cuando entra en escena una de las herramientas más llamativas del proceso: la tecnología de secuenciación por nanoporos de Oxford Nanopore.
El principio puede parecer complejo, pero puede entenderse como un lector microscópico. El material genético atraviesa poros extremadamente pequeños y el equipo registra las señales producidas durante su paso, permitiendo identificar las bases que forman su código genético.
Con esas “letras”, las y los especialistas reconstruyen algo parecido a un enorme libro de instrucciones del microorganismo.
Y ahí comienza otra parte fundamental: interpretar lo que ese libro dice.
Cada muestra recibe una identificación para conservar su trazabilidad y posteriormente se analiza mediante herramientas bioinformáticas. Los especialistas revisan la calidad y profundidad de las lecturas y reconstruyen el genoma para después realizar análisis filogenéticos que permiten establecer a qué grupo, genotipo o linaje pertenece el virus.
Así, pequeñas diferencias en la secuencia genética pueden revelar que, aunque se trate del mismo tipo de virus, existe un linaje distinto al identificado anteriormente.
La tecnología utilizada tiene además una característica sorprendente: el secuenciador puede ser más pequeño que un teléfono celular. A diferencia de los grandes equipos que tradicionalmente se utilizaban para estos procedimientos, su tamaño permite transportarlo y realizar análisis especializados con una infraestructura mucho más accesible.
Sin embargo, que el aparato sea pequeño no significa que haga todo por sí mismo. Detrás de cada resultado existen horas de preparación, controles de calidad, conocimientos de biología molecular y análisis de datos que permiten comprobar que la información obtenida sea confiable.
Los controles son indispensables. En una corrida de varias muestras se incorpora, por ejemplo, un control negativo que permite verificar que los resultados obtenidos correspondan realmente al material analizado y no sean producto de contaminación o de algún error durante el procedimiento.
Todo este trabajo tiene un propósito que va mucho más allá de identificar un microorganismo.
Conocer su genoma permite observar cómo los virus cambian con el tiempo, identificar la introducción o reintroducción de determinados linajes y generar información que puede compartirse con las autoridades de salud para fortalecer la vigilancia epidemiológica.
En casos prioritarios, las primeras lecturas pueden obtenerse aproximadamente en 48 horas, reduciendo considerablemente los tiempos frente a tecnologías y procedimientos utilizados anteriormente.
De esta manera, detrás de palabras como “genoma”, “secuenciación” o “linaje” existe una cadena de procedimientos científicos que comienza con una pequeña muestra y termina convirtiéndose en conocimiento útil para la sociedad.
Porque esa es una de las aplicaciones más importantes de la ciencia que se realiza en la UADY: leer lo que nuestros ojos no pueden ver para obtener información que permita comprender mejor los riesgos y estar mejor preparados para proteger la salud de la población.
Boletín de prensa
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