Ucrania advierte a la aviación internacional sobre los riesgos de volar sobre Rusia

Ucrania notificó formalmente a la Organización de Aviación Civil Internacional que considera cada vez más peligroso el espacio aéreo ruso, mientras el incremento de los ataques con drones obliga a las aerolíneas a valorar nuevamente las rutas que atraviesan el territorio de Rusia.

Ucrania elevó este miércoles la advertencia sobre los riesgos para la aviación civil en Rusia. El ministro de Relaciones Exteriores, Andrii Sibiga, informó que Kiev notificó formalmente a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) que el espacio aéreo ruso se ha vuelto inseguro debido al aumento de la actividad militar y pidió a los operadores evitarlo.

La advertencia no surgió de un incidente aislado. Llega después de varios días de intensos ataques rusos contra ciudades ucranianas y de una creciente campaña ucraniana con drones de largo alcance contra objetivos situados dentro de Rusia.

Sibiga sostuvo que la escalada de la guerra está haciendo cada vez más peligroso el espacio aéreo ruso y acusó a Moscú de ignorar riesgos que, según Kiev, ya han derivado en incidentes anteriores. La OACI no había emitido de inmediato una reacción pública a la comunicación ucraniana.

El presidente Volodímir Zelenski ya había lanzado el martes una advertencia dirigida a las aerolíneas, aseguradoras y operadores que todavía utilizan rutas sobre Rusia. Su argumento fue directo: Ucrania no pretende atacar aeronaves civiles, pero el aumento de sus operaciones con drones introduce un riesgo que la industria aérea debe considerar.

La diferencia es importante. Kiev no está anunciando el cierre formal del espacio aéreo ruso ni una amenaza específica contra vuelos comerciales. Está advirtiendo que la actividad militar sobre territorio ruso puede afectar la seguridad de las operaciones civiles, particularmente cuando los drones penetran cientos de kilómetros desde la frontera ucraniana.

Y es que Rusia no es un espacio aéreo marginal para la aviación internacional. Aunque numerosas aerolíneas occidentales dejaron de utilizarlo después de la invasión rusa de Ucrania en 2022, compañías de países como China, Turquía y Emiratos Árabes Unidos todavía lo emplean en determinadas rutas.

La Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea mantiene, de hecho, una alerta vigente sobre buena parte del espacio aéreo de la Federación Rusa situado al oeste de los 60 grados de longitud este. La recomendación europea se basa en el riesgo de que aeronaves civiles sean alcanzadas accidentalmente o identificadas de manera errónea durante operaciones de defensa aérea contra misiles y drones.

La propia EASA ha señalado que algunos incidentes se produjeron en zonas que no habían sido cerradas por las autoridades rusas durante ataques con drones o activaciones de sus sistemas de defensa. Esa circunstancia incrementa el riesgo para los vuelos que continúan operando en esas áreas.

Uno de los antecedentes más graves fue el accidente del vuelo 8243 de Azerbaijan Airlines, ocurrido en diciembre de 2024. El avión sufrió daños cuando atravesaba el espacio aéreo ruso durante una situación relacionada con actividad de defensa antiaérea. El aparato terminó estrellándose en Kazajistán y murieron 38 personas.

El episodio dejó una lección especialmente delicada para la aviación comercial: en una guerra moderna, la amenaza para un avión de pasajeros no necesariamente procede de un ataque deliberado contra civiles. Puede surgir también de la confusión, de una identificación errónea o de la utilización de sistemas militares en un entorno donde continúan circulando aeronaves comerciales.

La situación actual agrega un nuevo elemento. Ucrania ha incrementado su capacidad para efectuar ataques de largo alcance dentro del territorio ruso, mientras Moscú continúa lanzando oleadas de drones y misiles contra Ucrania.

Reuters informó que Rusia ha experimentado recientemente interrupciones en sus aeropuertos debido a las incursiones de drones ucranianos. Hubo cancelaciones y retrasos en aeropuertos de Moscú, entre ellos Sheremétievo y Vnúkovo, mientras las autoridades activaban medidas para proteger las operaciones aéreas.

El ministro ruso de Transporte, Andréi Nikitin, aseguró que las autoridades cuentan con medidas para mantener la seguridad de la aviación y que existe coordinación con los organismos de defensa. Moscú, por tanto, rechaza la idea de que la advertencia ucraniana implique por sí misma que todo el espacio aéreo ruso sea inseguro.

El presidente ruso, Vladímir Putin, respondió con dureza a las declaraciones de Zelenski y calificó la advertencia como una forma de “terrorismo de Estado”. La acusación muestra hasta qué punto el asunto de la aviación se ha incorporado a la confrontación política y militar entre ambos gobiernos.

Para las aerolíneas, sin embargo, el problema se analiza desde una perspectiva mucho más práctica. Una ruta aérea debe considerar no sólo la distancia y los costos de combustible, sino también las restricciones de espacio aéreo, los seguros, las alertas de seguridad y la posibilidad de que una operación militar interrumpa el tráfico.

Cuando una zona comienza a registrar ataques con drones de manera recurrente, incluso sin intención de alcanzar aeronaves civiles, aumenta el riesgo operativo. Y ese riesgo puede traducirse en desvíos, mayores tiempos de vuelo, costos adicionales de combustible y primas de seguro más elevadas.

La presión sobre la aviación rusa tampoco puede separarse de la situación del espacio aéreo ucraniano. Ucrania mantiene cerrado su espacio aéreo para la aviación civil desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022. La EASA continúa clasificando las zonas afectadas como un área de conflicto activo y mantiene vigente su recomendación de evitar las operaciones civiles.

En otras palabras, la guerra ya ha redibujado las rutas aéreas de Europa y Eurasia. Lo que ahora está en discusión es hasta dónde puede extenderse ese efecto sobre las rutas que todavía atraviesan Rusia.

La advertencia de Kiev también coincide con una nueva fase de la guerra de drones. Ucrania busca golpear refinerías, instalaciones energéticas, almacenes y objetivos militares dentro de Rusia, mientras Moscú mantiene una intensa campaña aérea sobre territorio ucraniano.

La escalada tiene además un efecto internacional. La seguridad aérea no depende exclusivamente de la voluntad de los países en conflicto; también intervienen organismos reguladores, gobiernos, aerolíneas, aseguradoras y autoridades de navegación aérea. Una advertencia formal ante la OACI coloca el problema en un ámbito que trasciende la disputa bilateral.

Por ahora, no existe una decisión internacional que cierre de manera general el espacio aéreo ruso. La advertencia ucraniana funciona como una señal de riesgo y llega cuando algunas compañías internacionales todavía utilizan corredores sobre Rusia.

El escenario podría cambiar si los ataques de largo alcance continúan aumentando. Cada nuevo incidente obliga a las aerolíneas a evaluar si el ahorro de tiempo que ofrece una ruta sobre Rusia compensa los riesgos adicionales asociados con una zona en la que operan drones, misiles y sistemas de defensa antiaérea.

La guerra, una vez más, demuestra que sus efectos no se quedan en el frente de batalla. También alcanzan aeropuertos, rutas comerciales y decisiones aparentemente cotidianas como elegir por dónde debe pasar un avión de pasajeros.