Una inundación devastadora deja muertos y cientos de desaparecidos en Nepal

Una crecida repentina arrasó comunidades e infraestructura en el norte de Nepal y dejó al menos ocho muertos y cientos de personas sin localizar, mientras las autoridades intentan rescatar a sobrevivientes en una zona montañosa donde las aguas dificultan incluso el aterrizaje de los helicópteros.

La emergencia comenzó durante la mañana de este miércoles en el norte de Nepal, cerca de la frontera con China, cuando una enorme crecida del río Bhotekoshi arrasó viviendas, carreteras, puentes y otras instalaciones en varias comunidades de los distritos de Rasuwa, Nuwakot y Dhading.

Las autoridades nepalíes confirmaron inicialmente al menos ocho muertos, aunque el balance permanecía abierto y otras fuentes posteriores, entre ellas Reuters, elevaron provisionalmente la cifra a nueve mientras continuaban las labores de búsqueda. La magnitud de la destrucción hace prever que el número de víctimas pueda aumentar.

El distrito de Rasuwa, especialmente las localidades de Syapru Besi y Timure, se encuentra entre las zonas más afectadas. Allí, el agua arrastró vehículos, viviendas y estructuras situadas junto al cauce del Bhotekoshi. Algunas comunidades quedaron incomunicadas y las autoridades pidieron a los habitantes que se alejaran de las riberas y buscaran terrenos elevados.

La causa exacta del desastre todavía no estaba completamente establecida al cierre de los primeros reportes. Sin embargo, funcionarios nepalíes y especialistas apuntaron a un posible deslizamiento o avalancha de hielo y roca en la zona tibetana como origen de la súbita crecida. Associated Press señaló que expertos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas consideraban probable una avalancha de origen glaciar.

El río Bhotekoshi nace en la región del Himalaya y atraviesa la frontera entre China y Nepal antes de incorporarse al sistema del río Trishuli. Esa característica explica por qué un fenómeno ocurrido en la zona fronteriza puede producir consecuencias a gran distancia y con muy poco tiempo para reaccionar.

Uno de los aspectos más preocupantes es el número de personas que todavía no han podido ser localizadas. La Junta de Turismo de Nepal informó que 384 viajeros fueron reportados como desaparecidos en una evaluación preliminar. De ellos, 291 eran extranjeros y 93 eran ciudadanos nepaleses.

La lista incluía ciudadanos de India, Estados Unidos, Reino Unido, Malasia, Australia, Países Bajos y Sudáfrica, entre otras nacionalidades. La propia Junta de Turismo advirtió que se trata de un registro provisional elaborado a partir de información proporcionada por agencias de viajes y que todavía debía ser contrastado con guías, autoridades locales y organismos de seguridad.

La cifra, por tanto, no significa que las 384 personas hayan muerto o estén necesariamente atrapadas. En una emergencia de estas dimensiones, perder el contacto con grupos de viajeros puede obedecer a cortes de carreteras, interrupciones de las comunicaciones o desplazamientos hacia zonas seguras. Las autoridades continúan intentando confirmar el paradero y las condiciones de cada grupo.

Muchos de los viajeros se encontraban en la región de Rasuwagadhi para continuar hacia el Tíbet, en algunos casos como parte de peregrinaciones hacia el monte Kailash y el lago Mansarovar. La zona también es un punto de paso para quienes realizan actividades turísticas y de montaña en el valle de Langtang.

El rescate se ha complicado precisamente por la geografía. El Ejército de Nepal desplegó helicópteros, pero las aeronaves no podían aterrizar en algunos de los sectores más afectados porque el nivel del agua seguía siendo demasiado alto. El barro, los restos de construcciones y la corriente dificultaban también el acceso terrestre.

Según el diario The Kathmandu Post, el Ejército, la Policía de Nepal y la Fuerza Armada de Policía movilizaron 14 helicópteros para las labores de búsqueda y rescate. Decenas de personas fueron evacuadas, mientras continuaba la búsqueda de quienes permanecían desaparecidos.

La destrucción no se limitó a viviendas. También resultaron dañadas carreteras, puentes, puestos de seguridad y proyectos hidroeléctricos. Reuters estimó que alrededor de 430 megavatios de capacidad hidroeléctrica quedaron afectados, una cantidad equivalente a más del 12 por ciento de la capacidad hidroeléctrica instalada de Nepal.

El impacto alcanzó además al otro lado de la frontera. En el condado chino de Gyirong, en la región autónoma del Tíbet, un deslizamiento de tierra golpeó la zona próxima al puerto fronterizo que conecta China y Nepal. Según la agencia oficial Xinhua, las carreteras de acceso, las comunicaciones y el suministro eléctrico resultaron afectados.

La respuesta china fue inmediata. El presidente Xi Jinping ordenó intensificar las labores de búsqueda y rescate, trasladar a las personas afectadas y reforzar la vigilancia ante posibles desastres secundarios. El primer ministro Li Qiang también impartió instrucciones y el viceprimer ministro Zhang Guoqing fue enviado al Tíbet para coordinar la respuesta.

China movilizó además suministros de emergencia, entre ellos tiendas de campaña, camas plegables, ropa, mantas y otros artículos destinados a las zonas afectadas. La preocupación no se limita al daño inicial: cuando una crecida de esta magnitud golpea una región montañosa, nuevos desprendimientos, avalanchas y desbordamientos pueden producirse incluso después de que haya pasado la primera ola.

El desastre también revive recuerdos recientes en la misma región. En 2025, una inundación relacionada con el desbordamiento de un lago glaciar en la zona tibetana provocó nueve muertes y daños importantes en infraestructura cercana a la frontera. El nuevo episodio vuelve a poner bajo atención la vulnerabilidad de las comunidades asentadas junto a los ríos del Himalaya.

Los expertos han advertido durante años que el calentamiento de las regiones de alta montaña puede aumentar determinados riesgos relacionados con el deshielo, los lagos glaciares, los desprendimientos y las inundaciones repentinas. La situación es especialmente delicada en el Himalaya, donde comunidades aisladas pueden disponer de muy poco tiempo para reaccionar ante cambios bruscos en el comportamiento de los ríos.

Eso no significa que el cambio climático pueda establecerse como causa directa de esta inundación concreta. La causa inmediata todavía estaba siendo investigada y las autoridades no habían presentado una conclusión definitiva. Lo que sí está documentado es que el calentamiento de la región del Hindu Kush-Himalaya está acelerando el derretimiento de glaciares y modificando las condiciones que pueden favorecer determinados riesgos naturales.

Mientras tanto, la prioridad sigue siendo localizar a los desaparecidos. Las autoridades han emitido advertencias a las comunidades situadas río abajo, especialmente en las zonas próximas a los ríos Bhotekoshi, Trishuli y Narayani, para que permanezcan alejadas de los cauces y se trasladen a lugares seguros si reciben instrucciones de evacuación.

La tragedia también ha puesto de manifiesto la importancia de contar con sistemas de alerta temprana capaces de comunicar una emergencia con rapidez. En regiones montañosas, donde una crecida puede recorrer grandes distancias en cuestión de minutos, disponer de unos minutos adicionales puede marcar una diferencia enorme.

Por ahora, Nepal enfrenta una carrera contra el tiempo. Los equipos de rescate trabajan entre caminos destruidos, ríos desbordados y comunidades parcialmente aisladas, mientras familiares y gobiernos extranjeros esperan información sobre cientos de personas cuyo paradero todavía no ha podido confirmarse.

La cifra de muertos puede cambiar durante las próximas horas. También puede hacerlo el número de desaparecidos a medida que se restablezcan las comunicaciones y los equipos logren acceder a las localidades más afectadas. Lo que ya está claro es que la inundación ha dejado una profunda huella en una de las regiones más vulnerables del Himalaya.