Al menos 81 combatientes murieron desde el jueves en una nueva escalada de enfrentamientos entre los hutíes y las fuerzas progubernamentales de Yemen, en combates que reavivan la preocupación por la seguridad de una de las rutas marítimas más importantes del planeta.

Yemen vuelve a caminar sobre terreno peligroso. Los combates registrados desde el jueves en distintos puntos del país dejaron al menos 81 combatientes muertos, según un balance elaborado por la Agencia France-Presse a partir de fuentes militares y médicas de ambos bandos. La cifra todavía no ha sido confirmada oficialmente ni por el Gobierno yemení ni por los hutíes.

La ofensiva comenzó con ataques terrestres acompañados por cohetes y drones en zonas próximas a la costa del mar Rojo y en la región de Taiz. Fuentes militares progubernamentales informaron de 39 bajas entre sus filas, mientras fuentes médicas de territorios controlados por los hutíes reportaron al menos 42 combatientes muertos de ese grupo.

La violencia se concentra en un territorio que tiene mucho más valor que el estrictamente militar. Según los reportes recopilados por France-Presse y reproducidos por diversos medios internacionales, las fuerzas hutíes estarían intentando avanzar hacia zonas próximas al estrecho de Bab el Mandeb, aunque actualmente no controlan directamente sus costas.

El estrecho es uno de los puntos más sensibles del comercio mundial. Conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y forma parte de la ruta marítima que comunica Europa y Asia a través del canal de Suez. Cualquier deterioro significativo de la seguridad en ese corredor puede traducirse en mayores costos de transporte, desvíos de barcos y nuevas presiones sobre los mercados energéticos.

La posición geográfica explica buena parte de la importancia de los combates. Los hutíes controlan Hodeida, uno de los principales puertos del país, pero no poseen actualmente el dominio directo de Bab el Mandeb. Las fuerzas progubernamentales, respaldadas por Arabia Saudita, consideran que un avance hacia esa zona modificaría de manera importante el equilibrio militar y estratégico de la región.

El puerto de Al Mokha también aparece en el centro de la disputa. Fuentes militares citadas por France-Presse sostienen que la ofensiva hutí busca aislar esa ciudad portuaria de otras áreas bajo control gubernamental. La batalla, por tanto, no se limita a conquistar terreno: también pretende controlar corredores de comunicación y posiciones desde las que se puede ejercer presión sobre el litoral.

La nueva escalada representa además un golpe para los esfuerzos diplomáticos que durante los últimos años habían conseguido reducir considerablemente la intensidad de la guerra. La ONU recuerda que en abril de 2022 las partes aceptaron una tregua negociada por Naciones Unidas que produjo una reducción significativa de la violencia. Aunque aquella tregua expiró formalmente en octubre del mismo año, el nivel general de enfrentamientos se mantuvo durante un periodo relativamente estable.

Esa calma, sin embargo, nunca significó que el conflicto estuviera resuelto. Yemen continuó dividido entre autoridades rivales y estructuras militares enfrentadas, mientras millones de personas permanecieron expuestas a las consecuencias económicas y humanitarias de más de una década de guerra.

Ahora el escenario regional vuelve a complicarse. Los hutíes, movimiento respaldado por Irán, han utilizado durante los últimos años misiles y drones para atacar objetivos militares y comerciales, especialmente en el contexto de las tensiones regionales. Arabia Saudita, por su parte, mantiene una influencia decisiva sobre las fuerzas que respaldan al Gobierno reconocido internacionalmente.

La dimensión marítima añade una preocupación adicional. El conflicto yemení ya demostró que una guerra localizada puede tener repercusiones muy lejos de sus fronteras. Cuando los ataques amenazan las rutas comerciales del mar Rojo, la consecuencia no se queda en los puertos de Yemen: afecta a navieras, aseguradoras, empresas importadoras y consumidores que pueden terminar pagando el costo de una ruta más larga o más peligrosa.

Y es que Bab el Mandeb es, en términos geopolíticos, algo parecido a una puerta estrecha por la que debe pasar una enorme cantidad de comercio. Quien tenga capacidad para amenazar esa puerta no necesita controlar todo el territorio circundante para ejercer influencia.

Por ahora, el número de víctimas es el dato más inmediato, pero el verdadero riesgo está en lo que pueda venir después. Si los enfrentamientos se extienden hacia nuevas posiciones costeras o comprometen nuevamente la navegación internacional, Yemen podría convertirse otra vez en uno de los principales focos de una crisis regional mucho más amplia.

La experiencia de los últimos años deja una lección difícil de ignorar: en Yemen, una tregua puede reducir los disparos sin resolver las causas profundas del conflicto. El país continúa fragmentado, sus actores armados conservan capacidad ofensiva y las potencias regionales mantienen intereses estratégicos sobre su territorio y sus aguas.

Por eso las 81 muertes reportadas no deben verse solamente como una nueva cifra dentro de una guerra interminable. Son también una señal de advertencia. Allí donde se cruzan un conflicto interno, rivalidades regionales y una de las principales rutas comerciales del planeta, una nueva chispa puede tener consecuencias mucho mayores que las que se observan en el campo de batalla.