Ucrania logró interceptar la mayoría de los misiles de crucero y drones empleados en el último ataque ruso, pero los proyectiles balísticos continúan representando una de las mayores amenazas para sus defensas aéreas, en un momento en que Kiev reclama más interceptores Patriot a sus aliados.

La defensa aérea ucraniana volvió a enfrentar una noche de enorme presión. Rusia lanzó una nueva oleada de misiles y drones contra distintas regiones del país y, aunque las fuerzas de Kiev consiguieron neutralizar buena parte de los objetivos, varios proyectiles alcanzaron zonas habitadas e infraestructura civil.

El presidente Volodímir Zelenski reconoció que el problema más delicado sigue estando en los misiles balísticos. Según explicó, durante el ataque fueron derribados 175 objetivos aéreos, pero no todos pudieron ser interceptados. La diferencia resulta especialmente evidente al comparar los resultados obtenidos frente a los misiles de crucero y los proyectiles balísticos.

De acuerdo con el balance preliminar difundido por la Fuerza Aérea de Ucrania y recogido por Interfax-Ucrania, Rusia empleó 32 misiles de crucero Kh-101, de los cuales 31 fueron derribados o neutralizados. También fueron destruidos o neutralizados 142 drones de diversos tipos. En el caso de los proyectiles balísticos, la defensa ucraniana informó de dos interceptaciones.

La propia Fuerza Aérea ucraniana ha advertido en las últimas semanas de la presión creciente sobre sus reservas de misiles interceptores. La dificultad no es menor: los misiles balísticos siguen trayectorias y alcanzan velocidades que reducen considerablemente el tiempo disponible para detectarlos, seguirlos y destruirlos antes de que lleguen a su objetivo.

La cuestión ha convertido a los sistemas Patriot y, particularmente, a sus interceptores PAC-3, en una pieza central de las peticiones militares de Kiev. Zelenski anunció nuevas conversaciones con países y empresas capaces de suministrar estos proyectiles, además de iniciativas destinadas a aumentar la producción europea de sistemas capaces de enfrentar amenazas balísticas.

El problema tiene también una dimensión industrial. Reuters ha informado que Ucrania busca ampliar su acceso a interceptores Patriot mientras sus reservas disminuyen y sus aliados estudian mecanismos para reforzar la producción y el suministro. El objetivo de Kiev no consiste únicamente en recibir más equipos terminados, sino en construir una capacidad de producción que reduzca su dependencia de entregas externas.

La necesidad se vuelve todavía más urgente ante la combinación de amenazas que Rusia está utilizando. En el ataque de esta madrugada participaron misiles balísticos, misiles de crucero, proyectiles antibuque y una gran cantidad de drones. Según el recuento de la Fuerza Aérea ucraniana, fueron empleados 166 drones de ataque, además de los misiles.

El ataque dejó daños en Kiev y en otras regiones. Reuters informó de víctimas mortales y heridos en la capital, además de afectaciones en edificios residenciales y otras instalaciones civiles. También se registraron impactos en Odesa y en la región de Sumi, mientras que las autoridades ucranianas reportaron daños en zonas de Zaporiyia y Dnipropetrovsk.

El episodio muestra, una vez más, que la eficacia de la defensa aérea no puede medirse únicamente por el número de objetivos derribados. Interceptar 31 de 32 misiles de crucero representa un resultado significativo, pero un solo proyectil que logre atravesar las defensas puede causar daños graves, especialmente cuando alcanza una zona urbana.

Y es que la amenaza balística introduce una presión diferente. Ucrania necesita sistemas capaces de reaccionar en muy poco tiempo y, al mismo tiempo, debe conservar suficientes interceptores para afrontar nuevas oleadas. Cada misil defensivo utilizado puede resultar decisivo unas horas después si se produce otro ataque.

El Reino Unido anunció este mismo martes un nuevo paquete de apoyo para reforzar las defensas aéreas ucranianas de cara al invierno, mientras los aliados europeos buscan aumentar el suministro de misiles Patriot y otros recursos militares. La preocupación no es casual: Kiev teme que los ataques contra su infraestructura energética vuelvan a intensificarse cuando aumente la demanda de calefacción.

En este escenario, la petición de Zelenski adquiere un significado que va más allá del balance de una sola noche. Ucrania puede interceptar una parte considerable de los ataques rusos, pero necesita mantener esa capacidad durante meses y frente a ofensivas cada vez más complejas. El desafío, en otras palabras, no consiste solamente en derribar más misiles, sino en disponer de suficientes interceptores para poder hacerlo una y otra vez.