El deseo de encajar influye en las decisiones de los adolescentes, incluso contra sus convicciones
Notipress.- La presión de grupo durante la adolescencia puede influir en decisiones cotidianas, desde aceptar actividades que no generan interés hasta modificar opiniones para evitar el rechazo de los compañeros. La necesidad de pertenecer adquiere especial relevancia durante esta etapa y puede llevar a los jóvenes a actuar de manera distinta a sus preferencias o convicciones.
Esta influencia también se manifiesta en los espacios digitales. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 95.1% de los mexicanos de 12 a 17 años utiliza internet, lo que amplía los espacios donde los adolescentes interactúan con sus pares.
El Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2025 del INEGI señala que 63.2% de las víctimas de ciberacoso de 12 a 17 años fueron agredidas por personas de su misma edad. Aunque el ciberacoso no equivale necesariamente a presión de grupo, el dato permite dimensionar la importancia de las relaciones entre pares en los entornos digitales.
La preocupación por la aceptación también aparece en investigaciones internacionales. Un estudio de Pew Research Center entre adolescentes estadounidenses de 13 a 17 años encontró que 41% siente mucha presión por encajar socialmente, proporción que alcanza 45% entre las mujeres. Además, 47% de los participantes manifestó sentir mucha presión por su apariencia física.
Por qué la presencia de amigos puede modificar las decisiones
La influencia de los compañeros no depende únicamente de las normas sociales. Algunas investigaciones sugieren que también intervienen características del desarrollo cerebral durante la adolescencia.
Un estudio de la Universidad de Temple, publicado en Developmental Science, encontró que adolescentes de 14 a 18 años asumieron significativamente más riesgos en un simulador de conducción cuando sabían que sus amigos los observaban. El mismo efecto no se presentó entre los participantes adultos.
Los investigadores identificaron una mayor activación del sistema cerebral de recompensa ante la presencia de compañeros. Este hallazgo sugiere que la observación de los pares puede modificar la valoración de determinadas decisiones, especialmente durante la adolescencia.
La tendencia a coincidir con el grupo también ha sido estudiada mediante experimentos de conformidad. Una investigación de la Universidad Emory con adolescentes de 12 a 17 años examinó cómo cambiaban sus valoraciones musicales después de conocer las preferencias de otros participantes.
Asimismo, casi el doble de los adolescentes modificó sus calificaciones para acercarse a la opinión mayoritaria cuando conoció qué canciones eran más populares. La investigación también relacionó el desacuerdo con respuestas cerebrales asociadas con la ansiedad.
Estos resultados permiten comprender por qué mantener una opinión diferente a la del grupo puede resultar difícil, incluso cuando no existe una exigencia explícita de los compañeros.
Otro antecedente es el experimento de conformidad del psicólogo Solomon Asch, en el que aproximadamente 37% de las respuestas coincidieron con una mayoría que proporcionaba respuestas incorrectas de manera deliberada. Cuando una persona del grupo expresaba la respuesta correcta, la conformidad descendía a cerca de 5%.
Aunque estos experimentos corresponden a contextos y poblaciones diferentes, muestran mecanismos mediante los cuales la opinión colectiva puede influir en las decisiones individuales.
Reconocer la presión social para decidir con autonomía
La relación entre aceptación y conducta fue abordada durante Mind Matters “Just Be You”, una experiencia realizada el 22 de octubre de 2026 por el American Institute of Monterrey (AIM), en su Campus Huasteca, con estudiantes de 12 a 16 años. La actividad buscó que los alumnos identificaran cuándo toman decisiones por convicción y cuándo lo hacen para evitar sentirse excluidos.
Daniela Garza, estudiante de Psicología Clínica de la Universidad de Monterrey y creadora de la comunidad digital @el.mapamental, explicó en información para NotiPress la presión social a partir de la necesidad humana de pertenencia, retomando los planteamientos de los psicólogos Roy Baumeister y Mark Leary.
Durante su intervención también abordó el concepto de ilusiones colectivas, desarrollado por el investigador Todd Rose, que describe situaciones en las cuales las personas aceptan determinadas conductas porque creen que los demás están de acuerdo con ellas, aunque esa percepción no necesariamente sea correcta.
La distinción entre encajar y pertenecer fue otro de los elementos centrales. A partir de los planteamientos de Brené Brown, Garza explicó que encajar supone modificar aspectos de uno mismo para obtener aceptación, mientras que pertenecer implica ser aceptado sin abandonar la propia identidad.
Como herramienta práctica, los estudiantes trabajaron con una pregunta previa a la toma de decisiones: “¿Realmente creo esto o solo quiero encajar?”. También practicaron la estrategia REAL para enfrentar la presión social, orientada a rechazar propuestas, explicar decisiones, alejarse de situaciones incómodas y retirarse cuando persiste la insistencia.
Los ejercicios incluyeron situaciones relacionadas con el consumo de alcohol, el vapeo, los rumores y la exclusión de compañeros. Para Ana Acosta, neuropsicóloga y consejera escolar del AIM Campus Huasteca, aprender a establecer límites requiere oportunidades para practicar esas habilidades antes de enfrentar situaciones difíciles.
“Es importante que los alumnos aprendan que decir ‘no’, pedir ayuda o actuar de acuerdo con sus convicciones son señales de fortaleza”, señaló Acosta, quien también recomendó trabajar técnicas de regulación emocional y espacios de reflexión sobre situaciones reales.
Estas actividades forman parte del programa de aprendizaje socioemocional y bienestar del colegio, que incluye contenidos sobre autoestima, identidad, comunicación asertiva y toma de decisiones responsables. La evidencia presentada apunta a que la presión social adolescente no se limita a la influencia directa de los amigos. También intervienen la búsqueda de aceptación, las percepciones sobre las opiniones mayoritarias y las respuestas asociadas con el desarrollo cerebral.
Reconocer esos mecanismos puede ayudar a los adolescentes a distinguir entre una decisión propia y una conducta adoptada por temor al rechazo, sin considerar que pertenecer a un grupo exige necesariamente renunciar a sus convicciones.


