El obispo de Palm Beach, monseñor Manuel de Jesús Rodríguez, presidió una celebración eucarística en honor al Cristo Moreno, con la que concluyeron las actividades religiosas de octubre. La ceremonia reunió a fieles peruanos residentes en Florida y reafirmó el valor de una tradición que mantiene unidos a miles de devotos dentro y fuera de su país de origen.

La devoción al Señor de los Milagros volvió a reunir a la comunidad peruana residente en Estados Unidos. En esta ocasión, la diócesis de Palm Beach, Florida, realizó una celebración especial para cerrar el tradicional Mes Morado, una de las expresiones religiosas más representativas de la identidad cultural y espiritual del Perú.

La misa fue presidida el domingo 1 de noviembre por monseñor Manuel de Jesús Rodríguez, obispo de Palm Beach, en la iglesia católica Santa Juliana, ubicada en West Palm Beach. Durante la celebración, el prelado expresó su cercanía con los fieles peruanos y destacó la importancia de mantener vivas las manifestaciones de fe que acompañan a las comunidades migrantes.

A través de un mensaje publicado en sus redes sociales, el obispo manifestó su alegría por haber presidido la Eucaristía en honor al Señor de los Milagros y acompañado a la comunidad peruana en esta celebración anual. Asimismo, recordó que durante octubre se realizaron distintas actividades religiosas y procesiones en las comunidades que integran la diócesis.

La celebración tuvo lugar durante la Solemnidad de Todos los Santos, por lo que el mensaje religioso estuvo relacionado con el Evangelio de las Bienaventuranzas, correspondiente a Mateo 5, 1-12. Monseñor Rodríguez recordó que la santidad representa una vocación para todos los creyentes y que la verdadera felicidad se encuentra en valores como la humildad, la misericordia y la búsqueda de la paz.

En ese sentido, invitó a los asistentes a convertir su devoción en un compromiso cotidiano con las enseñanzas de Jesús, de manera que las expresiones religiosas no se limiten a las celebraciones, sino que también se reflejen en la vida familiar y comunitaria.

El prelado también agradeció la participación del sacerdote Ducasse François, párroco de Santa Juliana y vicario episcopal para el clero, así como de las personas que colaboraron en la organización de la ceremonia.

Al finalizar la celebración, monseñor Rodríguez pronunció una expresión que sintetizó el sentimiento de los asistentes y el significado de la jornada: «¡Viva el Señor de los Milagros! ¡Viva el Perú!». Con estas palabras concluyó una celebración que permitió a los devotos mantener el vínculo con una de las tradiciones religiosas más importantes de su tierra natal.

Una devoción que trasciende las fronteras peruanas

El Señor de los Milagros, también conocido como Cristo de Pachacamilla, Cristo Moreno o Cristo Morado, es una imagen de Jesucristo crucificado pintada sobre una pared de adobe que se conserva en el Santuario de Las Nazarenas, en Lima, Perú.

Su origen se remonta al siglo XVII y, de acuerdo con la tradición histórica, la pintura fue realizada por un hombre esclavizado de origen angoleño en el barrio de Pachacamilla. La veneración de la imagen adquirió especial relevancia después del terremoto de 1655, cuando el muro donde se encontraba la representación de Cristo permaneció en pie pese a los daños ocasionados en las construcciones cercanas.

La Biblioteca Nacional del Perú documenta que la imagen ya tenía presencia histórica en 1651 y que su permanencia después de los terremotos de Lima y Callao contribuyó a fortalecer la devoción popular. Con el paso del tiempo, las procesiones y las celebraciones de octubre se convirtieron en una manifestación religiosa de gran relevancia para la sociedad peruana.

Actualmente, esta tradición no se limita al territorio sudamericano. Las comunidades peruanas que residen en distintos países organizan misas, procesiones y encuentros religiosos para conservar una práctica que también representa un vínculo con sus raíces culturales y familiares.

Un ejemplo de esta expansión se encuentra en Roma, donde la Hermandad del Señor de los Milagros participa cada año en actividades religiosas. El pasado 11 de octubre de 2026, sus integrantes llevaron la venerada imagen hasta la Plaza de San Pedro, donde recibieron el saludo del papa León XIV.

Durante ese encuentro, el pontífice agradeció las oraciones de los miembros de la hermandad y recordó la próxima visita pastoral que realizará al Perú, una nación con la que mantiene una relación especial por su anterior servicio como obispo de Chiclayo y administrador apostólico del Callao.

La visita del papa León XIV refuerza la expectativa de los fieles peruanos

La clausura del Mes Morado también estuvo acompañada por la expectativa ante el próximo viaje apostólico de León XIV a Uruguay, Argentina y Perú, programado del 6 al 17 de noviembre de 2026, de acuerdo con el calendario oficial publicado por la Santa Sede.

En el caso peruano, la agenda contempla actividades en Lima, Chiclayo, Pimentel, Santa Cruz de Succhabamba, Zaña, Cusco y Pucallpa. El recorrido concluirá el 16 de noviembre con una celebración eucarística en la Base Aérea Las Palmas, en Lima, donde estará presente la imagen del Señor de los Milagros.

La presencia de esta representación religiosa en una celebración presidida por el pontífice permitirá destacar nuevamente el significado que tiene el Cristo Moreno para millones de creyentes. Además, constituye un momento de especial relevancia para los peruanos que encuentran en esta devoción una expresión de pertenencia, memoria e identidad nacional.

De esta manera, la celebración realizada en Palm Beach demuestra cómo las tradiciones religiosas pueden conservar su fuerza más allá de las fronteras geográficas. Para los peruanos que viven en el extranjero, el Mes Morado representa una oportunidad para reencontrarse con sus raíces, compartir su cultura con nuevas generaciones y mantener viva una devoción que ha acompañado a su pueblo durante varios siglos.