Los colegios electorales de Islandia cerraron tras una jornada de participación marcada por la incertidumbre, mientras el país espera un resultado que determinará si retoma las negociaciones para ingresar a la Unión Europea después de más de una década de pausa.

Islandia cerró este sábado una jornada electoral que puede marcar un nuevo capítulo en su relación con la Unión Europea. A las 22:00 GMT terminaron las votaciones del referendo en el que los ciudadanos debían decidir si autorizan la reanudación de las negociaciones de adhesión con Bruselas.

Cerca de 273.000 personas estaban convocadas a responder una pregunta concreta: si Islandia debe reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea. La consulta, sin embargo, no decide la entrada del país al bloque. Un eventual triunfo del «sí» solamente abriría nuevamente el proceso negociador y, si finalmente se alcanza un acuerdo, los islandeses tendrían que pronunciarse otra vez sobre las condiciones de una eventual adhesión.

La jornada transcurrió con normalidad, aunque la participación mostró un comportamiento desigual. Según información de la televisión pública islandesa RÚV, durante las primeras horas la afluencia a las urnas superó la registrada en las elecciones legislativas de 2024. Sin embargo, poco antes del cierre, la participación en las dos circunscripciones de Reikiavik había quedado varios puntos por debajo de la registrada en aquella elección.

El resultado se mantiene especialmente difícil de anticipar. Las encuestas publicadas durante la última semana mostraron una sociedad prácticamente dividida en dos, con diferencias que en algunos casos quedaron dentro del margen de error.

La encuesta de Gallup difundida el viernes otorgaba una ligera ventaja al «no», mientras que un sondeo de Maskína daba una pequeña ventaja al «sí». La diferencia entre ambos estudios refleja la volatilidad de una consulta en la que los argumentos económicos, políticos y estratégicos se mezclaron durante la campaña.

Además, la compleja geografía del país hará que el recuento tome tiempo. Islandia tiene una población inferior a 400.000 habitantes distribuida sobre un territorio extenso y las papeletas deben trasladarse desde distintas zonas hasta los centros de escrutinio. La Comisión Electoral Nacional advirtió que algunos votos deben recorrer cientos de kilómetros, por lo que no se esperaba un resultado definitivo durante las primeras horas de la noche.

El debate tiene raíces que se remontan a la crisis financiera de 2008. Islandia presentó su solicitud de adhesión a la UE en 2009 y comenzó las negociaciones al año siguiente. El proceso avanzó durante varios años, pero quedó suspendido en 2013 después de un cambio de Gobierno y en medio de una fuerte oposición política al ingreso.

El Gobierno islandés señala que la candidatura nunca fue retirada formalmente. De acuerdo con información del Ministerio de Exteriores de Islandia, las negociaciones fueron puestas en pausa en 2013, pero la solicitud presentada en 2009 mantiene su validez jurídica.

La actual coalición de Gobierno, encabezada por la primera ministra socialdemócrata Kristrún Frostadóttir, incluyó en su acuerdo político la celebración de esta consulta. El argumento central fue que los ciudadanos nunca habían tenido la oportunidad de decidir directamente si querían reactivar las negociaciones.

Uno de los asuntos más sensibles es la pesca. Para Islandia, el control de sus aguas y de sus recursos marinos tiene un peso económico y también una dimensión de soberanía nacional. Los sectores contrarios a la adhesión temen que formar parte de la política pesquera común europea limite la capacidad de Reikiavik para gestionar un recurso considerado estratégico.

Los defensores de reanudar las conversaciones plantean otra preocupación: el costo de vida y las condiciones financieras. Islandia ya participa en el mercado único europeo a través del Espacio Económico Europeo, pero no forma parte de la Unión Europea ni tiene representación en las instituciones donde se toman muchas de las decisiones que afectan a ese mercado.

Según análisis publicados por Reuters antes de la votación, los partidarios del «sí» también consideran que una eventual adhesión podría contribuir a reducir los costos financieros y proporcionar mayor estabilidad económica. Los críticos, en cambio, sostienen que Islandia ya obtiene importantes beneficios de su relación con Europa sin tener que renunciar al control sobre áreas consideradas fundamentales.

La economía no es, sin embargo, la única razón por la que el referendo ha despertado interés internacional. La situación geopolítica del Atlántico Norte ha adquirido un peso mucho mayor desde que Islandia suspendió sus negociaciones.

La guerra en Ucrania, el creciente interés estratégico por el Ártico y las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre Groenlandia han obligado a los islandeses a revisar algunas de sus certezas sobre seguridad y alianzas internacionales.

Islandia es miembro fundador de la OTAN, pero no cuenta con un ejército permanente y depende de la cooperación con sus aliados para su defensa. En este escenario, algunos sectores consideran que una relación más estrecha con la Unión Europea podría convertirse en una pieza adicional de seguridad y estabilidad.

Otros islandeses no comparten esa visión. Para ellos, precisamente en un momento de creciente competencia geopolítica, conservar la soberanía y mantener el control directo sobre los recursos naturales resulta más importante que profundizar la integración europea.

Ese choque de posiciones explica la intensidad del debate. No se trata únicamente de decidir si Islandia quiere acercarse a Bruselas, sino de definir cuánto poder está dispuesta a compartir y qué beneficios espera obtener a cambio.

Si el «sí» se impone, el siguiente paso será reabrir formalmente las negociaciones y volver a discutir capítulos que ya habían sido abordados durante el proceso iniciado en 2009. Si gana el «no», el proceso quedará nuevamente frenado y el país mantendrá su actual relación con la UE a través del Espacio Económico Europeo.

La consulta, además, tiene un carácter formalmente consultivo. El Gobierno de Islandia ha establecido el referendo como el mecanismo para conocer la voluntad popular sobre la reapertura de las negociaciones, pero una eventual adhesión requeriría una nueva decisión de los ciudadanos.

Bruselas observa el resultado con atención. Para la Unión Europea, la posible reincorporación de Islandia a la agenda de ampliación tendría una importancia que va más allá de los poco más de 400.000 habitantes del país. Su posición estratégica en el Atlántico Norte, sus recursos pesqueros y su pertenencia a estructuras europeas y atlánticas hacen de la decisión un asunto con implicaciones regionales.

Por ahora, Islandia entra en una noche de espera. Las urnas ya están cerradas, pero la decisión que podría redefinir su relación con Europa todavía depende del conteo de los votos.