El líder socialista francés competirá en la primaria de octubre contra Raphaël Glucksmann y otros aspirantes, en una disputa que busca definir una alternativa socialdemócrata ante una izquierda cada vez más fragmentada.

Olivier Faure decidió dar el paso que durante semanas parecía inevitable. El primer secretario del Partido Socialista francés confirmó que participará en la primaria organizada junto con Place publique para elegir al candidato de la izquierda socialdemócrata a las elecciones presidenciales de 2027.

Faure, de 58 años y al frente del PS desde 2018, comunicó su decisión a los diputados socialistas y tiene previsto formalizarla públicamente este domingo durante el informativo de las 20:00 horas de TF1. La confirmación coloca al dirigente socialista frente a Raphaël Glucksmann, fundador de Place publique y actual favorito para hacerse con la candidatura común.

La decisión no supone una sorpresa. En las últimas semanas, Faure había dejado cada vez menos espacio para la duda y había defendido la necesidad de construir una candidatura capaz de representar a la izquierda reformista sin quedar subordinada a La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon.

La primaria tendrá lugar en dos vueltas, los fines de semana del 9 y 10 y del 16 y 17 de octubre. El acuerdo entre el PS y Place publique fue ratificado esta semana y establece un sistema de votación electrónica para escoger al candidato que encabezará esta alianza socialdemócrata en la carrera hacia el Palacio del Elíseo, de acuerdo con información de TF1 y LCP.

Glucksmann llega a la contienda con una ventaja política evidente. El eurodiputado anunció el pasado 23 de agosto su candidatura presidencial y ha logrado convertirse en una de las figuras con mayor proyección de la izquierda moderada. Reuters destacó que su estrategia busca ocupar un espacio entre la izquierda radical de Mélenchon y la derecha nacionalista encabezada por Marine Le Pen.

El escenario, sin embargo, está lejos de estar decidido. Una investigación publicada por Mediapart señala que, aunque Glucksmann aparece como favorito en las previsiones, todavía enfrenta resistencias dentro de las filas socialistas. La universidad de verano del PS celebrada en Blois mostró precisamente que una parte de los militantes continúa considerando que Faure puede disputar seriamente la candidatura.

El propio funcionamiento de la primaria puede ser determinante. Los militantes socialistas decidieron en julio optar por una consulta cerrada, una fórmula que, según TF1, favorece en principio a Glucksmann, mientras que Faure había defendido inicialmente una participación más amplia de simpatizantes para aumentar el número de votantes.

La disputa no se limita a nombres. Detrás de ella existe una discusión sobre qué tipo de izquierda debe presentarse a las elecciones de 2027 y, sobre todo, qué relación debe mantener con Mélenchon y La Francia Insumisa.

Glucksmann ha reclamado una ruptura clara con LFI y ha advertido que, si gana la primaria, no buscará acuerdos con Mélenchon. Esa posición no ha sido incorporada de manera explícita a la carta de valores de la primaria, una decisión que refleja las diferencias existentes dentro del Partido Socialista y la voluntad de Faure de mantener abiertas determinadas opciones de alianza.

La fractura es especialmente delicada porque la izquierda francesa llega a la carrera presidencial sin un liderazgo común. Un análisis publicado por The Guardian advierte que la división entre socialistas, ecologistas y la izquierda radical puede facilitar el avance de Marine Le Pen, mientras Mélenchon mantiene una base electoral propia que podría impedir la consolidación de una candidatura única.

El panorama se complica todavía más por la presencia de otros aspirantes. A la primaria pretenden concurrir los diputados socialistas Jérôme Guedj y Philippe Brun, mientras Ségolène Royal, candidata presidencial del PS en 2007, también ha expresado su intención de participar. Emmanuel Maurel, del movimiento Gauche républicaine et socialiste, aparece igualmente entre los nombres vinculados al proceso.

La candidatura de Faure supone además un cambio respecto a la elección presidencial anterior. En 2022, el PS presentó a Anne Hidalgo, entonces alcaldesa de París, quien obtuvo apenas el 1,74 % de los votos en la primera vuelta, uno de los peores resultados de la historia del partido en una elección presidencial.

Ahora Faure pretende evitar que el Partido Socialista vuelva a quedar relegado a un papel testimonial. La tarea, no obstante, será complicada. Los sondeos sitúan actualmente a Glucksmann alrededor de una franja que todavía no le permitiría alcanzar la segunda vuelta, mientras Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon aparecen como figuras con una base electoral considerable.

Y hay otra candidatura que se mueve por fuera de esta primaria. François Hollande, presidente de Francia entre 2012 y 2017, ha descartado participar en el proceso interno, pero no ha ocultado su intención de estudiar una nueva candidatura presidencial. El exmandatario sostiene que una primaria puede profundizar las divisiones y ha defendido una fórmula que permita superar las estructuras partidistas.

Según informó Le Nouvel Obs, Hollande prepara además la publicación de un libro que ha alimentado las especulaciones sobre sus planes políticos. El socialista, que tiene 72 años, apuesta por esperar a que el panorama se aclare hacia finales de año antes de decidir su estrategia definitiva.

La carrera hacia 2027 comienza así con una izquierda que busca ordenar sus piezas mientras el resto del tablero político francés también se mueve. Faure quiere demostrar que el PS todavía puede encarnar una candidatura presidencial competitiva; Glucksmann intenta capitalizar el impulso obtenido en las elecciones europeas y presentarse como una alternativa socialdemócrata renovada.

La primaria de octubre será, por ello, mucho más que una selección interna. Será una prueba sobre la capacidad de los socialistas franceses para reconstruir una fuerza electoral relevante y, al mismo tiempo, una señal de hacia dónde puede dirigirse la izquierda antes de una elección presidencial que promete estar marcada por la confrontación entre bloques políticos cada vez más definidos.