El turismo se desploma en Cuba y pierde casi dos tercios de sus visitantes

Cuba recibió 419 mil 863 visitantes internacionales entre enero y julio de 2026, una caída de 62.8 por ciento frente al mismo periodo del año anterior, en medio de una crisis energética y nuevas presiones de Estados Unidos que han golpeado a hoteles, aerolíneas y otros servicios turísticos.

El turismo cubano atraviesa uno de sus momentos más difíciles en décadas. Entre enero y julio de 2026 llegaron a la isla 419 mil 863 visitantes internacionales, frente a 1 millón 128 mil 831 registrados durante el mismo periodo de 2025. La diferencia representa una pérdida de 708 mil 968 visitantes y una contracción de 62.8 por ciento.

Los datos fueron publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba y posteriormente confirmados en reportes de la Agencia EFE y Associated Press. La magnitud del retroceso deja al descubierto la fragilidad de una actividad que durante años fue una de las principales fuentes de divisas para la economía cubana.

Hay, además, una precisión importante. La cifra de 419 mil 863 corresponde a visitantes internacionales, mientras que la ONEI contabilizó 794 mil 492 viajeros en total durante los primeros siete meses del año. No son categorías equivalentes: la estadística de viajeros incluye distintos movimientos internacionales, mientras que los visitantes internacionales corresponden a personas que llegan a Cuba desde otro país de residencia habitual con fines como turismo, ocio, negocios u otros motivos personales.

El deterioro se observa también en la procedencia de quienes todavía están llegando a la isla. Canadá, tradicionalmente el principal mercado turístico cubano, aportó 127 mil 645 visitantes hasta julio, una reducción de 350 mil 737 respecto del mismo periodo de 2025. Estados Unidos registró 37 mil 351 visitantes y Rusia 21 mil 374.

México también mostró una caída considerable. Las llegadas desde territorio mexicano pasaron de 33 mil 86 durante los primeros siete meses de 2025 a 19 mil 828 en el mismo periodo de 2026, una reducción de alrededor de 40 por ciento.

La caída alcanza igualmente a los cubanos residentes en el exterior, un segmento fundamental para la actividad turística. Según la ONEI, este grupo pasó de 140 mil 546 visitantes a 88 mil 525, una disminución de 52 mil 21 personas.

El problema no comenzó este año. Cuba ya venía de un 2025 complicado, cuando recibió poco más de 1.8 millones de visitantes internacionales, muy por debajo de los niveles registrados antes de la pandemia. En 2019, el país había recibido alrededor de 4.2 millones de turistas, mientras que en 2018 llegó a superar los 4.6 millones.

La diferencia permite dimensionar el golpe. El sector no sólo está perdiendo visitantes frente a un año anterior que ya había sido débil; también permanece muy lejos del volumen que llegó a convertir al turismo en uno de los principales motores de la economía cubana.

La crisis energética ha agravado el panorama. Reportes de Reuters han documentado que la reducción de los suministros tradicionales de combustible y las restricciones estadounidenses han provocado una severa escasez de gasolina y diésel en la isla, con efectos sobre el transporte, los servicios públicos y las actividades privadas.

El problema alcanza directamente al turismo. Desde febrero, las dificultades para abastecer de combustible a las aeronaves provocaron la suspensión o reducción de operaciones de distintas compañías aéreas. Associated Press reportó que aerolíneas como World2Fly, Air France, Turkish Airlines e Iberia suspendieron vuelos hacia Cuba después de que se informara que los aviones ya no podían repostar en la isla.

Sin vuelos suficientes, el problema deja de ser únicamente energético y se convierte en una barrera de acceso. Un destino puede conservar playas, hoteles y atractivos turísticos, pero si llegar hasta él se vuelve complicado o incierto, los visitantes simplemente buscan otras opciones.

La presión también alcanzó a las empresas hoteleras. El Gobierno cubano reconoció en julio que siete cadenas internacionales habían dejado de operar en la isla, afectando alrededor de 46 por ciento de las habitaciones administradas bajo esa modalidad. Entre las compañías mencionadas figuran Meliá, Iberostar y otras firmas internacionales.

La salida de estos operadores tiene consecuencias que van más allá de las habitaciones disponibles. El turismo genera empleos directos en hoteles, restaurantes, transporte y entretenimiento, pero también sostiene a numerosos pequeños negocios que dependen del flujo de visitantes.

Por eso, el descenso comienza a sentirse en las calles. Associated Press describió hoteles, hostales y alojamientos privados cerrados, mientras playas, comercios y atracciones registran una presencia mucho menor de visitantes internacionales.

El impacto laboral tampoco es menor. Según información publicada por Diario de Cuba a partir de declaraciones del primer ministro Manuel Marrero, alrededor de 25 mil trabajadores cubanos quedaron en situación de disponibilidad después de la salida de varias cadenas hoteleras internacionales.

La situación se complica todavía más por la pérdida de capacidad de consumo de la población local. La escasez de combustible ha encarecido el transporte y ha provocado interrupciones en servicios esenciales, mientras la crisis económica reduce el margen para que los cubanos compensen parcialmente la caída del turismo extranjero mediante el consumo interno.

En paralelo, Washington ha endurecido su presión sobre el Gobierno cubano. Associated Press reportó que la administración de Donald Trump impuso en enero un embargo energético que restringió el acceso de Cuba a suministros de combustible y que posteriormente se anunciaron nuevas medidas contra empresas relacionadas con el sector turístico y financiero de la isla.

Estados Unidos sostiene que estas medidas buscan presionar al Gobierno cubano para modificar su modelo político y económico. La Habana, por su parte, denuncia que las sanciones y el bloqueo energético profundizan una crisis que ya tenía causas internas y externas.

La discusión sobre las responsabilidades es, por ello, inevitablemente política. Pero hay un dato que resulta difícil de ignorar: independientemente de la interpretación sobre las causas, el sector turístico está recibiendo un golpe considerable y las cifras oficiales muestran que la caída alcanza a prácticamente todos los principales mercados emisores.

Canadá es quizá el ejemplo más contundente. De acuerdo con la ONEI, el mercado canadiense perdió más de 350 mil visitantes respecto del año anterior. Para un país cuya industria turística ha dependido durante años de los viajeros canadienses, semejante retroceso representa un problema estructural.

Julio ofreció apenas un pequeño respiro. Cuba recibió 32 mil 272 visitantes internacionales durante ese mes, frente a los 28 mil 100 de junio. Sin embargo, el incremento mensual no modifica la tendencia acumulada. Los niveles continúan siendo demasiado bajos para hablar de una recuperación sostenida.

El desafío resulta todavía más evidente frente a las metas oficiales. Cuba había previsto recibir 2.2 millones de visitantes internacionales durante 2026. Después de los primeros siete meses, sólo había alcanzado 419 mil 863. Para cumplir esa meta necesitaría recibir cerca de 1.78 millones de visitantes entre agosto y diciembre, una cifra que implicaría un salto extraordinario respecto de los registros actuales.

Ante este escenario, el Gobierno cubano ha comenzado a promover cambios en el funcionamiento del sector. Entre las medidas anunciadas se encuentran nuevas modalidades de participación privada, facilidades para determinados proyectos turísticos y una mayor apertura a actividades como agencias de viajes, transporte y servicios vinculados con los visitantes.

La estrategia busca diversificar la actividad y generar nuevas fuentes de ingresos en momentos en que el modelo turístico tradicional enfrenta dificultades. Forbes México había reportado anteriormente que las autoridades cubanas reconocieron la salida de varias cadenas hoteleras internacionales y que el Gobierno pretendía impulsar nuevas modalidades de negocio para intentar reanimar el sector.

La situación llega además después de varios años de deterioro. En 2024 Cuba recibió alrededor de 2.2 millones de visitantes y en 2023 superó los 2.4 millones. Incluso esos resultados ya estaban muy por debajo de los niveles previos a la pandemia.

Ahora el problema es mayor porque varios factores se han acumulado al mismo tiempo: menos vuelos, escasez de combustible, salida de operadores hoteleros, dificultades financieras, sanciones estadounidenses y una crisis interna que afecta la calidad y disponibilidad de numerosos servicios.

El turismo necesita condiciones bastante básicas para funcionar: conectividad aérea, combustible, electricidad, alojamiento, transporte y una oferta de servicios capaz de responder a las expectativas de los visitantes. Cuando varias de esas piezas fallan simultáneamente, la recuperación se vuelve mucho más complicada.

La pérdida de turistas, además, representa menos divisas para una economía que necesita recursos para importar alimentos, combustibles, medicinas y otros bienes esenciales. Es un círculo difícil de romper: menos visitantes significan menos ingresos; menos ingresos dificultan sostener servicios e infraestructura; y el deterioro de esos servicios puede hacer que todavía menos personas quieran visitar la isla.

Por ahora, los números no dejan demasiado espacio para el optimismo. Cuba ha perdido más de 700 mil visitantes internacionales en sólo siete meses respecto del año anterior y se encuentra muy lejos de los niveles turísticos que alcanzó antes de la pandemia.

La temporada alta será una prueba decisiva. Si no mejora la conectividad, el suministro energético y la operación hotelera, el turismo cubano podría cerrar 2026 con una de sus peores cifras de las últimas décadas.