Las denuncias de residentes, el retiro de una placa dedicada a las víctimas de la dictadura argentina y la celebración de reuniones vinculadas con sectores de la extrema derecha han convertido a la Casa Argentina de París en un foco de tensión que ya reclama atención diplomática.

Una residencia universitaria creada para acercar a Argentina y Francia terminó convertida en escenario de una disputa que rebasa sus paredes. La Casa Argentina de la Cité Internationale Universitaire de París, inaugurada en 1928 y vinculada históricamente con el intercambio académico y cultural, enfrenta una creciente controversia por la gestión de su director, Santiago Muzio.

La institución tiene una misión que, al menos sobre el papel, parece difícil de separar de la idea de apertura. La Embajada argentina en Francia describe la Casa como un espacio de intercambios académicos y artísticos entre ambos países y como residencia para estudiantes, investigadores, profesionales y artistas argentinos que realizan estudios en Francia. La propia Cité Internationale Universitaire mantiene a Muzio como director de la residencia.

El problema comenzó a adquirir mayor dimensión desde su nombramiento en 2024. La Agencia France-Presse recogió testimonios de residentes que describen un ambiente de temor, restricciones en espacios comunes y pérdida de libertad para expresar opiniones. Son acusaciones graves, aunque conviene distinguir entre los testimonios de los afectados y aquellas situaciones que han podido ser comprobadas formalmente por las autoridades.

Uno de los episodios que más sensibilidad provocó fue el retiro de una placa dedicada a los desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado en Argentina. Según documentó La Nación, la placa había sido instalada en 2022 y su retiro durante 2026 generó reclamos de residentes, escritores, académicos y organizaciones vinculadas con la memoria histórica.

La reacción fue significativa. La Cité Internationale Universitaire terminó instalando en el campus una nueva placa dedicada a las víctimas de la dictadura, después de que residentes organizaran un homenaje en otra de las casas. El gesto mostró que la discusión ya no estaba limitada a una decisión interna de la residencia argentina.

También surgieron cuestionamientos sobre la relación de la Casa con la Carta de Valores de la Cité. Según Le Monde, Muzio se negó a firmar ese documento, que establece principios relacionados con los derechos humanos, la no discriminación y la convivencia dentro del campus. La decisión generó preocupación entre otros directores de residencias, particularmente por el carácter internacional de la institución.

La controversia alcanzó además las actividades políticas desarrolladas en el inmueble. Le Monde informó sobre reuniones relacionadas con sectores de la derecha radical europea, mientras que la Agencia France-Presse recogió la preocupación de responsables de otras residencias por el posible uso de la Casa para actividades ajenas a su función universitaria.

Muzio, por su parte, defiende otra interpretación. De acuerdo con la información publicada por AFP, considera que esas reuniones son privadas y sostiene que el uso de determinados espacios forma parte de una estrategia para generar recursos para la residencia. La defensa resulta relevante porque introduce una cuestión de fondo: hasta dónde puede llegar la libertad de expresión y reunión dentro de una institución universitaria que forma parte de una comunidad internacional con reglas comunes.

La situación también ha generado cuestionamientos sobre la permanencia de algunos residentes. AFP informó que trece personas que participaron en el homenaje a las víctimas de la dictadura o criticaron el retiro de la placa no pudieron permanecer en la Casa durante las vacaciones, mientras que una decena encontró alojamiento temporal en otras residencias de la Cité. Uno de los afectados, Salvador Calanni, calificó lo ocurrido como una persecución política.

Más de mil escritores, investigadores, académicos y artistas habían expresado previamente su preocupación por la situación institucional, administrativa y comunitaria de la Casa. La Nación informó en junio que una carta dirigida a autoridades argentinas reclamaba, entre otras medidas, la renuncia del director y una auditoría sobre su gestión.

El asunto finalmente llegó al Ayuntamiento de París. En agosto, autoridades municipales solicitaron al Gobierno francés una investigación sobre el funcionamiento de la Casa Argentina. El canciller Jean-Noël Barrot confirmó posteriormente que Francia mantenía conversaciones con las autoridades argentinas, según reportó La Nación.

Hay un elemento que vuelve particularmente delicada la intervención francesa. La Casa Argentina posee una situación administrativa singular dentro de la Cité Internationale Universitaire. Depende de autoridades argentinas, mientras que forma parte de un campus francés concebido como espacio de convivencia entre estudiantes e investigadores de diferentes países. Esa doble pertenencia hace que cualquier conflicto interno pueda convertirse rápidamente en un problema bilateral.

Y es que la historia de la Cité fue construida precisamente alrededor de la idea contraria al aislamiento. El campus nació después de la Primera Guerra Mundial con una vocación de intercambio entre culturas y actualmente reúne a estudiantes, investigadores y artistas de numerosos países. La Casa Argentina fue concebida dentro de ese mismo espíritu.

La próxima visita de Javier Milei a Francia añade una capa política al conflicto. En un momento de creciente tensión alrededor de las derechas radicales europeas y latinoamericanas, cualquier controversia relacionada con una institución argentina en París puede adquirir una lectura mucho más amplia de la que tendría una disputa administrativa ordinaria.

La salida, sin embargo, difícilmente estará en convertir la residencia en un nuevo campo de batalla ideológico. Si existen denuncias de discriminación, expulsiones arbitrarias o utilización política de las instalaciones, corresponde investigarlas con pruebas y garantías. Si, por el contrario, algunas acusaciones no pueden acreditarse, también debe quedar establecido con claridad.

La Casa Argentina nació como un puente entre dos países. Casi un siglo después, ese puente enfrenta una prueba inesperada. Su futuro dependerá menos de las consignas políticas que de la capacidad de Argentina y Francia para garantizar que un espacio destinado al conocimiento, la cultura y la convivencia conserve precisamente aquello que le dio sentido desde su origen: la apertura.