El presidente estadounidense aseguró que México tiene poco que ofrecer a Estados Unidos, salvo “tamales picantes y tomates”, mientras ambos países mantienen negociaciones sobre aranceles y la revisión del T-MEC.
Donald Trump volvió a elevar el tono de su discurso comercial hacia México. Este viernes, desde el Despacho Oval, afirmó que Estados Unidos podría prescindir del intercambio comercial con su vecino del sur porque, según dijo, México no produce bienes que su país realmente necesite.
La frase que rápidamente concentró la atención fue una referencia a los “tamales picantes” y los tomates. Trump sostuvo que Estados Unidos podría dejar de comerciar con México sin sufrir pérdidas y afirmó que el déficit comercial estadounidense con el país ronda los 195 mil millones de dólares anuales.
Sin embargo, el propio presidente estadounidense introdujo un matiz importante. A pesar de sus críticas, dijo que no pretende romper la relación comercial con México y destacó la buena relación que mantiene con la presidenta Claudia Sheinbaum.
“Nos llevamos muy bien con la presidenta. Nos cae bien la presidenta, la respetamos mucho”, afirmó Trump, en una declaración que contrasta con la dureza de sus argumentos sobre el intercambio comercial.
El dato del déficit que menciona Trump sí tiene sustento en las estadísticas oficiales estadounidenses, aunque requiere contexto. La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos reportó que en 2025 el déficit de bienes con México fue de aproximadamente 197 mil millones de dólares. Al mismo tiempo, el comercio total de bienes entre ambos países alcanzó cerca de 872 mil millones de dólares. México fue, además, el principal mercado de exportación de bienes para Estados Unidos durante ese año.
Es decir, el déficit comercial no significa que el intercambio bilateral sea irrelevante para Estados Unidos. De hecho, las propias cifras de Washington muestran una relación económica de enorme magnitud, con cadenas productivas que atraviesan ambos países y que abarcan sectores como el automotriz, electrónico, agrícola y manufacturero.
La dimensión de esa relación adquiere especial importancia en momentos en que México y Estados Unidos negocian la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, conocido como T-MEC. La Oficina del Representante Comercial estadounidense ha señalado que Washington busca reducir el déficit con México y fortalecer las cadenas de suministro de América del Norte.
La negociación incluye asuntos especialmente sensibles para la industria mexicana, entre ellos las reglas de origen del sector automotor, el acero, el aluminio, la agricultura y las medidas relacionadas con seguridad económica.
Las declaraciones de Trump llegan, además, en un momento de incertidumbre para las empresas que operan en la región. Reuters reportó esta semana que la incertidumbre sobre el futuro del acuerdo comercial ya está afectando las decisiones de inversión en México. Aunque el país mantiene importantes flujos de capital extranjero, una proporción relativamente pequeña corresponde a nuevas inversiones, mientras algunas compañías evalúan alternativas ante la falta de claridad sobre las condiciones comerciales futuras.
En paralelo, México mantiene conversaciones con funcionarios estadounidenses para intentar reducir el impacto de los aranceles aplicados a sectores estratégicos. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se reunió recientemente con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, para abordar precisamente los gravámenes sobre automóviles, acero y otros asuntos vinculados con la relación económica bilateral.
La postura de Trump también debe leerse dentro de una estrategia comercial más amplia. El mandatario ha cuestionado repetidamente los déficits comerciales de Estados Unidos y ha planteado la posibilidad de utilizar el comercio y los aranceles como instrumentos de presión para conseguir mejores condiciones para la economía estadounidense.
Pero hay una diferencia entre el discurso político y la realidad de las cadenas de suministro. Un automóvil fabricado en México, por ejemplo, puede incorporar componentes producidos en Estados Unidos y Canadá antes de regresar al mercado estadounidense. Cortar de manera abrupta esos vínculos no equivaldría simplemente a sustituir un producto extranjero por uno nacional.
La propia información del Gobierno estadounidense refleja esa interdependencia. En 2025, Estados Unidos importó de México bienes por alrededor de 534 mil millones de dólares, mientras sus exportaciones hacia el mercado mexicano rondaron los 337 mil millones. En servicios, además, Estados Unidos mantuvo un superávit con México.
Desde México, Sheinbaum ha optado hasta ahora por mantener abierta la negociación. La presidenta ha reconocido que existen dificultades en la relación con Washington, pero ha insistido en la búsqueda de acuerdos en materia comercial y de seguridad.
Así, detrás de la provocadora referencia a los tamales y los tomates existe una negociación mucho más compleja. El intercambio entre México y Estados Unidos mueve cientos de miles de millones de dólares cada año y sostiene una parte importante de la actividad productiva de América del Norte.
Trump puede presentar el déficit como una pérdida para Estados Unidos. Las cifras, sin embargo, muestran una relación económica mucho más profunda: México no solo vende productos al mercado estadounidense, también compra cientos de miles de millones de dólares en bienes y servicios y participa junto con Estados Unidos y Canadá en cadenas de producción que difícilmente pueden desmontarse de un día para otro.
Por ahora, el mensaje del presidente estadounidense combina presión comercial y una señal de continuidad política. La relación con México, pese a las amenazas y los desencuentros, permanece abierta. Y en las próximas rondas de negociación del T-MEC se verá hasta dónde llega esa presión y cuánto margen conserva cada país para defender sus intereses.


