El cineasta surcoreano regresa ocho años después de Burning con una película que enfrenta a dos parejas de mundos opuestos y convierte el deseo, la desigualdad y el trauma laboral en una reflexión sobre la dignidad humana.

Lee Chang-dong volvió al Festival de Venecia con una película que, más que contar una historia de amor, se atreve a preguntar qué ocurre cuando el deseo se cruza con las diferencias de clase. Possible Love, su primer largometraje desde Burning en 2018, recibió una respuesta ampliamente favorable de la crítica y se colocó entre las producciones que aspiran al León de Oro de la edición 83 de la Mostra.

La película sigue a dos parejas muy distintas. Por un lado están Mi-ok y Ho-seok, trabajadores afectados por despidos y por las consecuencias de una reestructuración empresarial. Él arrastra un profundo deterioro emocional después de perder su empleo. Frente a ellos aparecen Ye-ji, una documentalista interesada en retratar la vida de trabajadores despedidos, y su esposo Sang-woo, un hombre perteneciente a un mundo económico privilegiado.

El encuentro entre ambos matrimonios comienza alrededor de una cámara. Lo que aparentemente nace como una relación de amistad y solidaridad pronto revela algo más incómodo: los ricos observan a los trabajadores desde una posición de privilegio, mientras que estos últimos empiezan a mirar con fascinación una vida que hasta entonces les parecía distante.

Ahí se encuentra una de las principales virtudes de Possible Love. Lee Chang-dong no presenta la desigualdad como una simple división entre buenos y malos. La convierte en un territorio mucho más incómodo, donde la admiración, la curiosidad, la vergüenza, la atracción y el resentimiento pueden convivir en una misma relación.

La película toma como telón de fondo el trauma de los despidos masivos y las protestas laborales que marcaron a Corea del Sur. Reuters recordó que el proyecto está relacionado con la experiencia de la huelga de trabajadores de SsangYong de 2009, un conflicto laboral que terminó con una violenta intervención policial y dejó una profunda huella social.

El propio Lee explicó en Venecia que durante los años posteriores a Burning percibió cambios profundos en la manera en que las personas se relacionan. La pandemia, dijo, también lo llevó a preguntarse si el cine todavía podía conservar su capacidad de conectar a los seres humanos.

La pregunta no es menor. En Possible Love, el director observa precisamente esa dificultad para comprender al otro. La documentalista cree acercarse a los trabajadores porque quiere contar sus historias, pero la película pone en duda constantemente si observar el sufrimiento equivale realmente a comprenderlo.

Según una reseña publicada por The Guardian, uno de los elementos más interesantes de la cinta está precisamente en esa relación ambigua entre amistad y explotación. La película evita ofrecer respuestas sencillas y deja que el espectador determine hasta dónde llega la empatía de los personajes y en qué momento comienza a convertirse en apropiación de una experiencia ajena.

La cuestión de la identidad también atraviesa el relato. Ho-seok no solamente ha perdido un empleo; su despido ha golpeado la imagen que tiene de sí mismo. El trabajo, en ese sentido, deja de ser una fuente de ingresos para convertirse en una parte de la identidad personal. Cuando desaparece, también se tambalea la idea de quién es una persona y cuál es su lugar en la sociedad.

Ese planteamiento conecta con una preocupación recurrente en el cine de Lee Chang-dong: personajes aparentemente comunes que terminan enfrentándose a conflictos morales y emocionales mucho mayores de lo que dejan ver sus circunstancias cotidianas.

También existe una dimensión relacionada con el deseo. El título de la película adquiere otra lectura cuando las dos parejas comienzan a descubrir aquello que les falta. Los personajes no solamente desean personas; también desean otras vidas, otras posibilidades y, en ocasiones, la sensación de libertad que creen encontrar al otro lado de la frontera económica.

Por eso la referencia a Krzysztof Kieślowski resulta especialmente significativa. La película incorpora una alusión al décimo mandamiento, “No codiciarás”, relacionado con el célebre Decálogo del director polaco. La idea funciona como una especie de brújula moral para un relato en el que cada personaje mira hacia aquello que pertenece a otra persona.

Variety destacó que Lee vuelve a reunir en Possible Love a Jeon Do-yeon y Sul Kyung-gu, acompañados por Cho Yeo-jeong y Zo In-sung. El reparto permite que el conflicto social no quede reducido a un discurso político, sino que se exprese a través de matrimonios deteriorados, silencios, miradas y decisiones íntimas.

La crítica también ha reparado en la duración de la película, cercana a las tres horas. Para algunos espectadores podría parecer un riesgo, pero otras reseñas han considerado que el ritmo pausado permite profundizar en las contradicciones de los personajes y en las capas sociales que Lee va incorporando lentamente.

El South China Morning Post calificó la película con 4,5 estrellas y destacó su exploración de la desigualdad económica, el deseo y las relaciones entre las dos parejas. The Hollywood Reporter, por su parte, describió la cinta como una reflexión intensa sobre la incertidumbre económica y emocional.

La buena recepción llega, además, en un momento importante para la carrera del director. Lee Chang-dong ganó el León de Plata en Venecia en 2002 por Oasis y desde entonces se consolidó como una de las figuras más respetadas del cine surcoreano. Su regreso al festival, por tanto, tiene un peso especial.

Possible Love también representa una nueva etapa en la relación del cineasta con los conflictos sociales. Reuters señaló que el proyecto fue retomado después de varios años de desarrollo y que Corea del Sur la seleccionó como su representante para la próxima carrera por el Óscar a mejor película internacional.

La producción de Netflix llegará posteriormente al público fuera del circuito festivalero. Según The Hollywood Reporter, tendrá un estreno limitado en cines en octubre antes de incorporarse al catálogo de la plataforma en noviembre.

Por ahora, el dato más importante está en Venecia. La película ha entrado en la conversación por el máximo premio del festival y ha confirmado que el regreso de Lee Chang-dong no es simplemente una noticia para los cinéfilos que esperaban ocho años por una nueva obra.

Es también el regreso de un cineasta que sigue interesado en mirar allí donde las relaciones humanas se vuelven incómodas: en el lugar donde el amor se mezcla con la desigualdad, donde la empatía puede convertirse en voyeurismo y donde perder un trabajo significa, para algunas personas, perder también una parte de sí mismas.