El primer ministro sueco intenta conservar el Gobierno en las elecciones del domingo mientras ofrece por primera vez puestos ministeriales a los Demócratas de Suecia, una decisión que podría profundizar el giro político del país hacia la derecha.
Ulf Kristersson llega a la recta final de la campaña electoral sueca con una apuesta que hace pocos años habría resultado difícil de imaginar: mantener a la centroderecha en el poder y abrir formalmente las puertas del Gobierno a los Demócratas de Suecia, el partido nacionalista y antiinmigración que durante décadas fue mantenido al margen de los principales acuerdos políticos.
El primer ministro, líder del Partido Moderado, busca un segundo mandato en las elecciones parlamentarias del 13 de septiembre. En una entrevista con la AFP, incluso recurrió a una frase que recuerda el conocido lema político de Donald Trump al asegurar que quiere “hacer a Suecia grande otra vez”.
Pero la contienda está lejos de estar resuelta. Los últimos sondeos colocan al bloque de centroizquierda encabezado por la socialdemócrata Magdalena Andersson ligeramente por delante, aunque la ventaja se ha reducido de manera considerable durante las últimas semanas. Una encuesta citada por Reuters situó al bloque opositor en 50.8 por ciento, frente a 47.6 por ciento para los cuatro partidos de la derecha.
La elección definirá los 349 escaños del Riksdag, el Parlamento sueco, que posteriormente elegirá al primer ministro. Más de ocho millones de personas están habilitadas para votar en un país de unos 10.6 millones de habitantes.
La importancia de los comicios va más allá de decidir entre Kristersson y Andersson. Uno de los principales interrogantes es hasta dónde llegará la transformación de los Demócratas de Suecia, un partido con raíces en la extrema derecha que en 2022 pasó de ser una fuerza aislada a convertirse en el principal respaldo parlamentario del Gobierno.
En aquel momento, Kristersson pactó con el partido de Jimmie Åkesson mediante el denominado Acuerdo de Tidö. Los Demócratas de Suecia obtuvieron influencia sobre las políticas públicas a cambio de apoyar al Gobierno en el Parlamento, pero quedaron fuera del gabinete.
Ahora la situación puede cambiar. Kristersson ha confirmado que, si los partidos de derecha ganan las elecciones, está dispuesto a incorporar a los Demócratas de Suecia al Gobierno. Todavía no ha definido qué carteras podrían recibir, pero sostiene que los cuatro partidos han demostrado durante cuatro años que pueden trabajar juntos.
La propuesta representa un paso político importante. Reuters señala que la cooperación entre ambas fuerzas ya produjo un endurecimiento de las políticas migratorias y de seguridad. Durante la actual legislatura Suecia redujo la llegada de solicitantes de asilo a mínimos históricos, restringió determinadas prestaciones y amplió las facultades policiales para combatir las redes criminales.
La inmigración se ha convertido en uno de los temas centrales de la campaña. Desde enero de 2026, el Gobierno ofrece hasta 350 mil coronas suecas, alrededor de 37 mil dólares, a determinados residentes de países no pertenecientes a la Unión Europea que decidan abandonar voluntariamente Suecia. Sin embargo, el programa ha tenido una respuesta limitada: Reuters reportó que solo 171 personas habían aceptado la oferta durante el año.
El crimen organizado también ocupa un lugar destacado. Kristersson ha presentado la reducción de los tiroteos como uno de los resultados de su política de seguridad. Reuters señala que las muertes por tiroteos disminuyeron 75 por ciento durante su mandato, aunque la violencia de las bandas continúa siendo una preocupación relevante para la sociedad sueca.
El primer ministro intenta ahora cambiar el relato sobre el país. En su conversación con AFP sostuvo que Suecia debe dejar de ser reconocida principalmente por los tiroteos y volver a destacar por sus emprendedores, su industria tecnológica, su sector de defensa y sus mercados de capitales.
La economía también será determinante. Los partidos de derecha han colocado en el centro de su campaña la reducción de impuestos y las medidas para estimular el crecimiento, mientras que la oposición de centroizquierda insiste en reforzar el Estado de bienestar y los servicios públicos.
Magdalena Andersson, líder de los Socialdemócratas y primera mujer que ocupó el cargo de primera ministra en Suecia, busca regresar al Gobierno después de cuatro años en la oposición. Su campaña se ha apoyado en la defensa del bienestar social, una economía más equitativa y una política de seguridad firme, pero rechaza que los Demócratas de Suecia formen parte del Ejecutivo.
El problema para la oposición está en su propia composición. Socialdemócratas, Verdes, Izquierda y Centro coinciden en varias prioridades, pero mantienen diferencias importantes en asuntos como impuestos, energía y política económica. El Partido del Centro, además, se ha mostrado contrario a formar un Gobierno junto con el Partido de la Izquierda.
La derecha tampoco está exenta de tensiones. Los Demócratas de Suecia, que en algunos sondeos aparecen incluso por delante de los Moderados, aspiran a una participación relevante en un eventual Gobierno. Jimmie Åkesson llegó a plantear la posibilidad de entre 12 y 14 ministros de su partido si la coalición obtiene la victoria, aunque Kristersson ha descartado anticipar una distribución de cargos de ese tamaño.
En política exterior existe mayor coincidencia. Suecia ingresó en la OTAN en 2024 y mantiene un firme respaldo a Ucrania frente a la invasión rusa. Kristersson asegura que la incorporación de los Demócratas de Suecia al gabinete no modificaría esa línea.
“En temas importantes” como Rusia, el apoyo a Ucrania y la pertenencia a la OTAN, el primer ministro considera que las posiciones de los partidos de derecha son suficientemente cercanas. Esa continuidad tiene especial relevancia para Suecia, que abandonó décadas de no alineamiento militar para incorporarse a la Alianza Atlántica después de la invasión rusa de Ucrania.
La elección, por tanto, puede marcar algo más profundo que un cambio de primer ministro. Si Kristersson gana y cumple su promesa, los Demócratas de Suecia pasarán de ser socios externos del poder a participar directamente en el Gobierno. Para sus críticos, ese paso normalizaría aún más a la extrema derecha dentro de las instituciones; para sus aliados, reflejaría una realidad política que ya existe desde 2022.
La oposición intenta frenar ese proceso, pero tampoco tiene garantizado un camino sencillo hacia el poder. Incluso con una victoria electoral, Andersson tendría que negociar con partidos que mantienen diferencias importantes sobre cómo gobernar.
Por eso, la elección sueca se ha convertido en una disputa entre dos posibilidades igualmente complejas: profundizar el giro hacia la derecha y formalizar la participación de los Demócratas de Suecia, o devolver a los socialdemócratas al poder en medio de un bloque opositor que todavía necesita encontrar una fórmula estable para gobernar.
El domingo los votantes decidirán cuál de esos caminos tiene mayor respaldo. El resultado no solo determinará quién ocupa el despacho del primer ministro, sino también hasta dónde está dispuesto Suecia a llevar la transformación de su paisaje político.


