Una exposición en el Palazzo Reale reúne más de 200 obras, prendas, fotografías y documentos para mostrar cómo Salvador Dalí convirtió la moda en una extensión de su universo surrealista y en una herramienta para construir su propia identidad.

Salvador Dalí vuelve a ocupar las vitrinas de Milán, pero esta vez no solo como uno de los grandes nombres del surrealismo. El Palazzo Reale abrió este jueves “Dalí y la Moda”, una exposición que revisa la estrecha relación del artista español con la indumentaria, la alta costura, la fotografía y la construcción de la imagen pública.

La muestra permanecerá abierta del 24 de septiembre de 2026 al 31 de enero de 2027 y reúne más de 200 piezas y materiales procedentes de colecciones internacionales. Hay pinturas, dibujos, fotografías, vestidos, joyas, objetos, películas y documentos que permiten seguir una faceta menos conocida de la trayectoria de Dalí.

El propio Palazzo Reale define la exposición como un recorrido por el surrealismo, la identidad y el imaginario contemporáneo. La propuesta no presenta la moda como un elemento decorativo dentro de la obra del artista, sino como un territorio creativo en el que Dalí experimentó con el cuerpo, los símbolos y la manera en que una persona puede transformar su apariencia en una declaración artística.

De acuerdo con la información oficial de la exposición, zapatos, vestidos, chaquetas, guantes y joyas aparecen de forma recurrente en el lenguaje visual de Dalí. Esos objetos, aparentemente cotidianos, adquirieron en sus manos una dimensión distinta y terminaron formando parte de una iconografía en la que lo real y lo absurdo convivían con naturalidad.

La relación con la moda tampoco se limitó a inspirar sus pinturas. Dalí colaboró directamente con algunos de los nombres más influyentes de la alta costura del siglo XX. Entre ellos estuvieron Elsa Schiaparelli, Coco Chanel, Christian Dior y Paco Rabanne, con quienes exploró una frontera que en aquella época todavía resultaba poco habitual: la que separaba el arte de la industria de la moda.

La colaboración con Schiaparelli es especialmente conocida. De esa relación surgieron piezas que se convirtieron en referencias del surrealismo aplicado a la indumentaria, entre ellas el famoso vestido Langosta y el sombrero Zapato. La exposición de Milán recupera esa conexión y la coloca dentro de una historia más amplia sobre la influencia de Dalí en la imaginación de la moda.

El vínculo con la fotografía y las revistas también ocupa un espacio importante. Dalí comprendió pronto que una obra podía multiplicar su impacto cuando entraba en contacto con los medios de comunicación y la cultura popular. La muestra incluye materiales relacionados con publicaciones como Vogue y Harper’s Bazaar, además de trabajos vinculados con escaparates y campañas publicitarias.

Ese aspecto resulta particularmente interesante porque anticipa una realidad que hoy parece cotidiana: la imagen de un artista puede ser tan poderosa como su obra. Dalí convirtió su bigote, su vestimenta, sus gestos y sus apariciones públicas en parte de una identidad cuidadosamente reconocible. En cierto sentido, también hizo de sí mismo una obra.

La exposición dedica asimismo atención a Gala, musa, esposa y figura central en la construcción del imaginario daliniano. Varias prendas asociadas con ella forman parte del recorrido, mientras que algunas pinturas muestran hasta qué punto el vestido y la apariencia podían convertirse en recursos expresivos dentro de la obra del artista.

Montse Aguer, directora científica de la exposición y directora artística de la Fundació Gala-Salvador Dalí, ha subrayado que el artista fue capaz de moverse entre disciplinas con una amplitud comparable a la de los grandes creadores del Renacimiento. La muestra, según sus organizadores, busca precisamente explicar esa capacidad para convertir la moda en una herramienta de creación y comunicación.

La Fundació Gala-Salvador Dalí confirmó que, para preparar la exposición, trabajó con archivos y casas de moda vinculadas con el artista. Su memoria anual de 2025 señala que esos contactos permitieron ampliar la investigación sobre las colaboraciones de Dalí con firmas como Schiaparelli, Chanel, Rabanne y Dior.

La exposición también mira hacia el presente. Sus organizadores encuentran rastros de la herencia daliniana en la moda contemporánea, particularmente en las propuestas de Daniel Roseberry para Schiaparelli. La referencia no pretende decir que el diseñador reproduzca literalmente a Dalí, sino señalar cómo determinados códigos surrealistas continúan formando parte del lenguaje visual de la casa.

Y es que Dalí entendió algo que la moda contemporánea convirtió en una de sus reglas más visibles: una prenda no solo cubre el cuerpo, también puede transformarlo. Puede convertir una silueta en un símbolo, provocar sorpresa o incluso incomodar. En sus manos, esa capacidad se volvió materia prima para el surrealismo.

La elección de Milán para presentar la exposición tampoco es casual. La apertura coincide con la Semana de la Moda de Milán, uno de los grandes encuentros internacionales de la industria, y coloca el diálogo entre arte y vestimenta en una ciudad donde las dos disciplinas forman parte de la identidad cultural.

“Dalí y la Moda” propone así mirar al artista desde un ángulo diferente. No se trata únicamente de recordar al pintor de los relojes derretidos, sino de descubrir a un creador que entendió el poder de la imagen, colaboró con diseñadores, utilizó los medios de comunicación y convirtió su propia apariencia en una pieza más de su universo artístico.

La exposición permanecerá en el Palazzo Reale hasta enero de 2027. Durante esos meses, Milán ofrecerá una oportunidad para observar cómo un artista surrealista consiguió que la pintura, la ropa, la fotografía y la cultura popular hablaran, en muchas ocasiones, el mismo idioma.