La Fiscalía federal de Estados Unidos pidió al Tribunal del Distrito Sur de Nueva York que rechace la libertad bajo fianza de Cilia Flores, al argumentar que existe un riesgo extremo de fuga y que ninguna condición garantizaría su comparecencia durante el proceso.

La batalla judicial de Cilia Flores en Estados Unidos sumó este jueves un nuevo capítulo. Los fiscales federales se opusieron formalmente a la solicitud de libertad bajo fianza presentada por la defensa de la esposa del expresidente venezolano Nicolás Maduro y pidieron que permanezca detenida mientras avanza el proceso penal en Nueva York.

En un memorando presentado ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, la Fiscalía argumentó que Flores representa un riesgo de fuga especialmente elevado debido a sus recursos económicos, conexiones internacionales y a la gravedad de los cargos que enfrenta. Según los fiscales, ninguna combinación de fianza y restricciones sería suficiente para garantizar su presencia ante el tribunal.

La Fiscalía también sostuvo que el entorno de Flores conservaría capacidad para ejercer presión o intimidación sobre posibles testigos tanto dentro como fuera de Venezuela. Esa afirmación forma parte de los argumentos del Gobierno estadounidense para solicitar que la acusada continúe bajo custodia y no constituye, por sí misma, una determinación judicial.

La defensa había planteado a comienzos de septiembre una alternativa a la prisión preventiva. Su propuesta contempla que Flores, de 69 años, sea trasladada a una residencia privada en Nueva York y permanezca bajo arresto domiciliario, con vigilancia permanente, dispositivo electrónico de localización, visitas restringidas y comunicaciones supervisadas.

El argumento central de la defensa también tiene un componente médico. Flores sostiene que necesita tratamiento especializado por una afección cardíaca y que las condiciones de la prisión federal en la que se encuentra detenida no son adecuadas para su recuperación.

El caso tiene su origen en la captura de Flores y Maduro el 3 de enero de 2026 durante una operación de fuerzas estadounidenses en Venezuela. Ambos fueron trasladados posteriormente a Nueva York y comparecieron ante un tribunal federal, donde se declararon no culpables de los cargos formulados en su contra.

La acusación federal incluye conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos y conspiración para poseer ese tipo de armas. Maduro enfrenta además un cargo de conspiración para el narcoterrorismo. La acusación sostiene que los implicados participaron durante años en una estructura vinculada con el tráfico de cocaína y la corrupción estatal, acusaciones que deberán ser probadas durante el proceso.

Los documentos judiciales del caso muestran que Flores figura como acusada en tres de los cuatro cargos de la acusación sustitutiva presentada en enero. El expediente identifica específicamente los cargos relacionados con la conspiración para importar cocaína y con la posesión y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos.

El proceso no ha llegado todavía a la etapa de juicio. La fecha prevista para el comienzo del juicio conjunto de Flores y Maduro es el 1 de junio de 2027, por lo que la disputa actual sobre la libertad provisional puede tener consecuencias importantes para los meses que restan antes de esa fecha.

La solicitud de la Fiscalía también coloca al juez ante una cuestión habitual, pero especialmente sensible en este caso: determinar si las condiciones propuestas por la defensa pueden reducir suficientemente los riesgos de fuga y de interferencia con el proceso.

En el sistema federal estadounidense, la libertad previa al juicio no depende únicamente de la posibilidad de pagar una cantidad de dinero. El tribunal debe valorar, entre otros factores, si la persona representa un riesgo de fuga o un peligro para otras personas o para la comunidad. Cuando las condiciones de libertad no permiten garantizar razonablemente la comparecencia, el acusado puede permanecer detenido.

El expediente de Flores tiene además una dimensión internacional que complica cualquier medida de supervisión. La defensa propone vigilancia permanente dentro de Estados Unidos, mientras la Fiscalía sostiene que los recursos y vínculos internacionales de la acusada dificultarían garantizar su regreso al tribunal en caso de que decidiera escapar.

La disputa ocurre en un proceso con enormes implicaciones políticas y diplomáticas, pero la cuestión inmediata es estrictamente judicial: el juez deberá decidir si Flores puede esperar el juicio fuera de una prisión federal y bajo qué condiciones, si considera que existe una alternativa viable a la detención.

Hasta ahora, ni los cargos ni las acusaciones formuladas por el Gobierno estadounidense equivalen a una condena. Flores mantiene la presunción de inocencia mientras el proceso continúa y será un tribunal quien determine su responsabilidad penal con base en las pruebas que se presenten.

La decisión sobre la fianza marcará, por tanto, la siguiente etapa del caso. Mientras la defensa insiste en que el arresto domiciliario con estrictas medidas de vigilancia permitiría atender sus necesidades médicas y garantizar su comparecencia, los fiscales sostienen que el riesgo de fuga es demasiado elevado para permitir su salida de prisión.