El presidente Donald Trump consiguió un respiro político con las victorias de sus candidatos en Carolina del Sur y Oklahoma, mientras los demócratas aprovecharon una elección especial en Georgia para reducir todavía más la estrecha mayoría republicana en la Cámara de Representantes.

Donald Trump necesitaba una victoria y la consiguió. La noche electoral del martes dejó al presidente estadounidense con dos triunfos importantes en las primarias republicanas de Carolina del Sur y Oklahoma, después de una cadena de derrotas que había comenzado a poner en duda el alcance de su influencia sobre el electorado conservador.

El resultado más simbólico llegó en Carolina del Sur, donde Darline Graham, hermana del fallecido senador Lindsey Graham, ganó la segunda vuelta republicana para disputar en noviembre un mandato completo de seis años en el Senado. Graham obtuvo alrededor del 52,4 por ciento de los votos frente al 47,6 por ciento del representante Ralph Norman, de acuerdo con los resultados reportados por Reuters y otros medios estadounidenses.

La diferencia fue estrecha, pero el significado político es mucho mayor. Trump no se limitó a respaldar a Graham: intervino personalmente en la campaña, viajó a Carolina del Sur para pedir el voto por ella y utilizó a su maquinaria política para movilizar a los republicanos.

El resultado, además, llegó después de varias derrotas de candidatos respaldados por el presidente en distintas primarias republicanas. The Washington Post había descrito la contienda de Carolina del Sur como una de las pruebas más importantes del momento para medir la capacidad de Trump de imponer candidatos dentro de su propio partido.

La victoria también tiene un componente personal. Graham fue designada temporalmente por el gobernador de Carolina del Sur, Henry McMaster, para ocupar el escaño de su hermano después de su muerte en julio. Lo que inicialmente parecía una solución provisional terminó convirtiéndose en una candidatura para permanecer seis años en el Senado.

Trump fue uno de los principales responsables de que Graham diera ese salto. Poco después de su nombramiento, el presidente la animó públicamente a buscar el mandato completo y posteriormente convirtió su campaña en una prueba de fuerza política.

La apuesta no estaba exenta de riesgos. Graham carecía de experiencia previa en cargos electivos y su desempeño durante la campaña había generado cuestionamientos, especialmente después de un debate con Norman en el que reconoció sus limitaciones en asuntos de seguridad nacional.

Norman, por su parte, contaba con una trayectoria política mucho más consolidada y había construido una imagen de conservador combativo. También había respaldado a Nikki Haley en las primarias presidenciales republicanas de 2024, un antecedente que lo colocaba en una posición incómoda frente al movimiento MAGA.

Trump terminó inclinando la balanza. Para el presidente, el resultado demuestra que todavía conserva una capacidad considerable para movilizar al electorado republicano cuando decide involucrarse directamente en una contienda.

Pero también conviene mirar el margen. Graham no arrasó. Ganó por menos de cinco puntos porcentuales en un estado profundamente republicano. La victoria, por tanto, refuerza la influencia de Trump, aunque no permite concluir que su respaldo sea suficiente para convertir cualquier candidatura en una victoria automática.

En noviembre, Graham se enfrentará a la demócrata Annie Andrews, pediatra de profesión. Carolina del Sur sigue siendo un territorio favorable a los republicanos, por lo que Graham parte con ventaja, aunque la campaña general permitirá medir hasta qué punto la candidatura puede desprenderse de la sombra política de Trump y del legado de su hermano.

La segunda victoria importante para Trump llegó en Oklahoma. Mike Mazzei, exsenador estatal y antiguo funcionario presupuestario, ganó la nominación republicana para gobernador al imponerse a Gentner Drummond, fiscal general del estado.

La contienda fue especialmente significativa porque Drummond había quedado por delante de Mazzei en la primera vuelta de las primarias. Según The Washington Post, obtuvo el 26,25 por ciento de los votos frente al 25,97 por ciento de Mazzei en junio. La segunda vuelta se convirtió así en otra prueba directa del peso del respaldo presidencial.

Trump había apoyado a Mazzei y volvió a hacerlo durante la campaña para la segunda vuelta. Su candidato terminó imponiéndose en una carrera que también estuvo marcada por una disputa sobre una enorme planta de aluminio proyectada en Oklahoma.

El proyecto, valorado en unos 4.000 millones de dólares, está planteado para instalarse en el puerto de Inola, en Tulsa, y se calcula que podría generar alrededor de 1.000 empleos. Trump lo ha presentado como una inversión de gran importancia para el estado, mientras que Drummond cuestionó sus posibles efectos ambientales y económicos y recurrió a los tribunales para intentar detenerlo.

La disputa permitió que la elección fuera mucho más que una lucha entre dos republicanos. En el fondo se enfrentaron dos visiones sobre la relación entre el Gobierno estatal, la administración Trump y los grandes proyectos industriales promovidos bajo su agenda económica.

Mazzei se enfrentará en noviembre a la demócrata Cyndi Munson. Oklahoma continúa siendo un estado fuertemente republicano, por lo que el candidato del Partido Republicano parte como favorito para suceder al gobernador Kevin Stitt, quien no puede buscar un tercer mandato.

Mientras los republicanos resolvían sus disputas internas, los demócratas obtuvieron una pequeña pero relevante ganancia en Georgia.

Everton Blair ganó la elección especial para completar los últimos meses del mandato del fallecido representante David Scott en el distrito 13 de Georgia. Blair derrotó a Marcye Scott, hija del legislador fallecido, en una segunda vuelta entre dos candidatos demócratas.

La victoria tiene un alcance limitado en términos de permanencia, porque Blair no será el candidato demócrata para el mandato completo que se decidirá en noviembre. La candidatura del Partido Demócrata para ese proceso corresponde a la legisladora estatal Jasmine Clark.

Aun así, Blair ocupará temporalmente el escaño hasta enero de 2027. De acuerdo con CBS News y medios locales de Georgia, su elección reduce todavía más la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, que ya se encuentra en un margen extremadamente estrecho.

Blair también hará historia al convertirse en el primer hombre abiertamente gay elegido para representar a Georgia en el Congreso, según medios locales que cubrieron la elección.

El resultado de Georgia, por pequeño que parezca frente a las victorias republicanas de la noche, adquiere importancia cuando se observa el calendario. Faltan poco más de dos meses para las elecciones de medio mandato y cualquier modificación de unas cuantas bancas puede tener consecuencias relevantes para el control de la Cámara.

En conjunto, la jornada dejó un panorama más equilibrado de lo que podría sugerir una lectura rápida. Trump recuperó impulso en dos estados donde sus candidatos enfrentaban pruebas reales, pero sus victorias fueron estrechas y no borran los tropiezos acumulados durante el verano.

La conclusión más prudente es que el presidente sigue teniendo una enorme capacidad para definir las contiendas republicanas cuando concentra su respaldo, dinero y presencia personal en una candidatura. Sin embargo, las primarias también han demostrado que los votantes conservadores no siempre siguen sus instrucciones al pie de la letra.

Carolina del Sur ofrece el ejemplo más claro. Trump convirtió a Graham en una prioridad personal y consiguió llevarla hasta la nominación, pero necesitó una campaña intensiva para hacerlo. Oklahoma mostró algo parecido: Mazzei ganó después de que el presidente utilizara reiteradamente su respaldo para enfrentarlo a un rival que había quedado ligeramente por delante en la primera vuelta.

La pregunta ahora es si estos resultados anuncian una recuperación más amplia de Trump de cara a las elecciones de noviembre o si representan simplemente dos victorias puntuales en estados donde el Partido Republicano mantiene una posición favorable.

La respuesta comenzará a tomar forma en las próximas semanas. Por ahora, el presidente puede celebrar algo que necesitaba con urgencia: sus candidatos volvieron a ganar y, al menos durante una noche, la conversación sobre el debilitamiento de su influencia dentro del Partido Republicano perdió fuerza.